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Francisco Troncoso, el ex piloto de TC 2000 que organizó a sus amigos para repartir viandas en los merenderos

Pasó del éxito deportivo a trabajar en un lavadero de autos. En plena pandemia, armó una cadena solidaria con sus amigos para llevar alimentos a los barrios más necesitados de la Confluencia.

La vida de Francisco Troncoso tiene el ritmo vertiginoso de una carrera de automovilismo. Y también los altos y bajos de una montaña rusa. En ese contraste de velocidad y de altura, entre los aviones privados y el trabajo en un lavadero de autos, entre los flashes de las conferencias de prensa y las madrugadas horneando pan, el joven deportista logró delinear el ADN que lo define hoy: despojado, solidario y empático, pero con la humildad necesaria para no sentirse un héroe.

El éxito deportivo de Francisco empezó muy pronto. A los 12 años empezó a correr en karting y su carrera ascendió a pasos demasiado veloces. "A los 14 ya estaba viviendo en Europa, corriendo en karting", relató en diálogo con LMPlay. A su regreso al país, dio inicio a un proyecto de Renault Nacional que también dio buenos frutos.

"En ese momento Renault Nacional acompaña al TC 2000, salimos campeones de la fórmula y saltamos al TC 2000 cuando era muy difícil acceder porque no se compraba la butaca", expresó. Por su juventud, Francisco no manejaba los aspectos económicos de su vida deportiva, pero sí tenía la sensibilidad para ver el esfuerzo desmedido que hacía su familia para que él llegara a la pista de carreras.

"Empezamos a competir con muy buenos resultados pero con algunos problemas económicos porque había que hacer un aporte al presupuesto que mi familia no estaba en condiciones de hacer", expresó. Aunque él no se ocupaba de la administración, le dolía ver que su hermana tenía que suspender el viaje de egresados para que él pudiera correr en auto, o que hicieran un viaje especial a una competencia cuando todos los Troncoso tenían los celulares cortados por falta de pago.

"Por decisión propia, un día me bajé del auto de carreras; mi papá se enojó mucho porque quedaban los últimos metros finales, pero yo creía que no podíamos seguir con todos esos sacrificios", contó. Así, su vida tuvo un cambio rotundo: de vivir en Buenos Aires y volar en avión privado a las conferencias de prensa, Francisco regresó al seno familiar y consiguió trabajo en un lavadero de autos.

Así, lavando autos, descubrió el valor de los seres humanos, que confundía antes con el glamour de los vuelos chárter y los trofeos en los podios. "Agradezco que me haya pasado porque me ayudó a ser quién soy ahora", dijo y agregó que entendió que a las personas "hay que valorarlas porque son personas, sean quien sean o tengan los que tengan".

Con los años, creció a nivel laboral y formó su propia familia, pero siempre con la empatía al borde de la piel. En 2020, en medio de una pandemia mundial y atravesado por la paralización económica, el encierro y la angustia, convirtió sus ganas de ayudar en una cadena de favores que movilizó a gran parte de la comunidad neuquina, con su grupo de amigos de toda la vida como la primera semilla de esa transformación.

La pandemia encontró a Francisco trabajando en la panadería de su familia, en Plottier. Con las ventas cada vez más bajas, sobraban kilos y kilos de pan, así como docenas y docenas de facturas. Sin pensarlo demasiado, se subía a la camioneta y empezaba a repartir todos los productos que no se vendían a los merenderos de la zona.

Así se le ocurrió la idea de las roscas. A días del inicio de la Semana Santa, dejó un mensaje en su grupo de amigos de WhatsApp y pidió que todos aporten algo de dinero para comprar los ingredientes y cocinar roscas de Pascua en los hornos de la panadería. "Lo hicimos sin saber que íbamos a quedar comprometidos con la causa, cuando vas y las entregás personalmente te enterás de las necesidades que tienen", dijo y agregó: "Al otro fin de semana llevamos alimentos, y después las viandas que los vecinos nos ayudaban a cocinar".

Con este antecedente nació Somos Amigos Ayudando, un grupo de amigos que contagiaba el espíritu solidario y servía de puente con muchas otras personas que tenían ganas de colaborar. Durante la semana, los vecinos cocinaban viandas en sus casas y esperaban a que Francisco las pasara a retirar. Cada fin de semana, un grupo de 25 jóvenes se reunían en la panadería para cocinar pollos en los hornos industriales o servir la comida que hacían los neuquinos y repartirla luego por los merenderos de la región Confluencia.

"Hay mucha gente que tiene ganas de ayudar pero ¿Cómo? ¿Dónde? ¿A quién? No saben si ponerse en una plaza con una heladera y entregar comida al que pasa. Termina siendo difícil pero es muy gratificante, si lo hace se van a sentir bien, va en la personalidad de cada uno, ayudo porque me hace bien, sin ningún objetivo", dijo y agregó: "Era gratificante llevar un plato de comida y que te lo agradezcan como si les estuvieran dando una casa. Con un poquito de esfuerzo están ayudando a gente que come una vez al día, si come".

Todavía se acuerda de un momento bisagra que le dio sentido a todo ese esfuerzo, que conjugaba con su vida familiar y su trabajo diario. Muy temprano, a la madrugada, estaba cargando su camioneta afuera de la panadería cuando se le acercó un hombre de manera agresiva. Asustado, Francisco se sobresaltó. "No te vengo a robar, tengo hambre", dice que le dijo el joven.

Fue entonces cuando lo entendió. "Hay que saber lo que es tener hambre, porque yo tengo hambre y estoy 15 minutos de mal humor, pero después de eso lo resuelvo", explicó y agregó que ese episodio generó un click en su cabeza, y lo ayudó no sólo a renovar esfuerzos sino a contagiar el espíritu solidario. "En la toma 7 de Mayo conocimos a un nene que no iba a la escuela porque no tenía zapatillas, se las conseguimos y después, cada vez que volvíamos nos esperaba con un dibujito", contó.

Con el fin de la pandemia, el grupo no continuó con las entregas semanales de viandas. Sin embargo, muchos de sus integrantes se quedaron con el ímpetu de ayudar metido debajo de la piel. "Hace poco nos juntamos a comer un asado, y unos chicos pasaron a pedir ropa de abrigo; uno de mis amigos se sacó el buzo que tenía puesto y se lo dio", dijo Troncoso y agregó que Somos Amigos logró eso: "que muchos entienden que no te cambia la vida un buzo más o un buzo menos".

Así, el grupo dejó una huella que excede las viandas y que es una forma de vida orientada a dar algo por los demás. "Si todos fuéramos un poquito así, habría un mundo mejor", dijo Francisco, que considera que no ayudar no tan altruista como parece. "Si podemos ayudar, ayudemos porque te termina sanando el alma a vos. No es por ser héroe, te hace bien a vos", dijo y recordó con alegría los momentos compartidos con sus amigos mientras cocinaban las viandas.

"El único mérito que tenemos en esta vida no pasa por ser un buen corredor de autos o ser exitoso en los negocios, el único mérito es la calidad de persona que podemos ser", cerró"

Adelante, historias que inspiran, es un ciclo de entrevistas realizado por LMNeuquén, LMPlay y Tecpetrol para contagiar las ganas de ayudar, superarse y transformar el mundo con acciones cotidianas. Deportistas, empresarios, educadores y activistas comparten cómo fue su camino para convertirse en referentes de sus comunidades.

01 Adelante - Francisco Troncoso final completo.mp4

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