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La Mañana Milei

¿Hasta dónde tirará de la cuerda Milei?

Se vienen aumentos exorbitantes de luz y gas, sumados al impacto que en el bolsillo de la gente ya generaron otras subas en bienes y servicios.

Las medidas implementadas por el gobierno nacional del presidente Javier Milei ponen cada vez más en jaque la economía doméstica de la gente. “No hay bolsillo que aguante”, suele ser la frase más escuchada en la cola de un supermercado o en la charla cotidiana con algún vecino.

A los fuertes aumentos en alimentos, alquileres, medicina prepaga y todo tipo de bienes o servicios, producto de la desregulación casi total del mercado, ahora se sumará otro que podría convertirse en un golpe letal para la ecuación de ingresos versus gastos: el de las tarifas de luz y gas.

Los montos que se prevé que deberán pagar los usuarios en mayo son exorbitantes (en especial para la zona Patagónica) y se vinculan con el aumento de los costos fijos de estos servicios, el precio del gas y la electricidad, y la quita de subsidios.

Cualquier especialista en la materia, sin importar signo ideológico, coincide en que los valores estaban atrasados y que se debía hacer un ajuste.

Pero estos mismos analistas acuerdan también que los porcentajes de aumento concedidos a las empresas resultarán impagables para la gente.

El gobierno nacional argumenta, no sin razón, que se está dando un descenso de la inflación, especula llegar hacia fin de año con un IPC de un dígito y que el ajuste del gasto que hoy se sufre traerá en 2025 el alivio tan esperado.

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Del lado de los economistas opositores, en sus diferentes vertientes, desde las posturas más blandas a las más duras, existe coincidencia de que si se sigue retrayendo la economía (con la consecuente baja de la recaudación) el objetivo del déficit cero será de imposible cumplimiento y que, en el medio, muchos sectores de la población irán quedando fuera del sistema.

Impacto

Ante este panorama, la primera pregunta que surge es hasta dónde Milei tirará de la cuerda con su proyecto libertario, y casi fundamentalista, sin hacer volar todo por el aire.

Según el sondeo o encuesta que se mire, el presidente ha perdido, en diferentes proporciones y de manera lógica, parte del apoyo que había concitado en las urnas y que lo llevó a ganar por más del 55 por ciento de los votos.

Sin embargo, todavía conserva el crédito de una parte importante de ese electorado que compró el discurso de ir por la “casta” y que lo que se vive hoy es consecuencia de una herencia que hay que pagar.

La segunda pregunta que se impone es hasta cuándo se mantendrá este respaldo, sumado a que, por ahora y más allá de manifestaciones sectoriales sindicales, el desperdigado arco opositor no muestra los dientes ni asoma un espacio partidario que pueda aglutinar el descontento.

Se sabe, al menos por los antecedentes que registra la historia política relativamente reciente del país, que el punto de ebullición suele ser el bolsillo de la clase media. Esa que suma o resta apoyos, en gran parte, en base a su propia situación.

La mitad de este año será clave para saber la suerte de un gobierno que está haciendo lo que dijo en campaña que iba a hacer pero que el resultado de esas medidas, quizá, termina siendo su espada de Damocles.

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