Candela Caitru, de 26 años y madre de 2 hijas, rindió su examen final en medio de la nieve y sin luz. Junto a 18 compañeros culminó 3 años de carrera en la cordillera. Su objetivo: llevar salud a las zonas rurales y reivindicar sus raíces mapuches de Quillen.
En la cordillera donde la nieve enseña a resistir, nacieron 19 manos nuevas para curar. Manos de madres, de hijas, de nietas mapuches que eligieron quedarse para cuidar a su gente.
Candela Caitru tiene 26 años, nació y se crio en Aluminé. Es mamá de 2 nenas de 9 y 4 años. Hasta 2021 su vida pasaba por la casa y la crianza. Intentó el profesorado en Biología, pero no pudo sostenerlo.
A principios de 2023 vio en redes que llegaba la carrera de Enfermería a su localidad. Fue un proyecto del entonces intendente Gabriel Álamo y del Lonco Daniel Salazar. En marzo se inscribió, rindió el examen de ingreso y 2 semanas después le llegó el mail: había quedado.
"Fue un día hermoso y también angustiante. Angustiante porque yo desde siempre estuve cuidando de mis hijas y el hecho de pensar con quién se iban a quedar mientras yo estudiaba. Hasta que mi mamá me dijo que de alguna forma íbamos a hacer que todo funcione", recordó.
Y así fue. Durante 3 años Candela hizo malabares. Estudiar, atender la casa, llevar a las nenas a la escuela. "Mi pareja es el sostén económico, tiene que trabajar y además ir al campo todos los días a ver los animales. Yo me encargo de casi todo lo demás", añadió.
Su motor fueron sus hijas: "Quería demostrarles a ellas que siempre se puede salir adelante. Quería que en un futuro se sientan orgullosas de su mamá, que dio todo su esfuerzo para terminar una carrera profesional", enfatizó con orgullo y satisfacción.
"Aprendí que enfermería es también escuchar"
El pasado 5 de agosto, en medio de un fuerte temporal, nieve y sin suministro eléctrico, Candela y otros 18 estudiantes rindieron su examen final. Fue de noche, con frío y a pulmón. Pero pudieron.
En las prácticas hospitalarias en el Hospital de Aluminé aprendió de todo. De los procedimientos, de los errores que no se repiten, y de las personas.
Tuvo una guía fundamental: Sofía Atela, su tutora. "Nos enseñó además de lo teórico y práctica de enfermería, a ser buenas personas por, sobre todo. Tener respeto y empatía hacia todas las personas que a veces no solo acuden a la guardia por un dolor corporal, sino que a veces solo van para ser escuchados. Ella nos enseñó a darnos el valor que merecemos", afirmó.
Sin embargo, hubo una experiencia que la marcó a fuego. Estuvo a cargo de un paciente postrado, desorientado en tiempo y espacio. "Lo que más me impactó fue su familia. Viajaban todos los días desde Villa Pehuenia a Aluminé solo para estar con él, bañarlo, afeitarlo, peinarlo. Pude ver una familia cansada, pero cansada de la rutina, de la incertidumbre de saber que su familiar no va a mejorar y solo queda acompañar", rememoró con nostalgia.
Candela los escuchó, les respondió dudas, y cada vez que podía pasaba a charlar un rato. "Aun siendo estudiante ellos me agradecieron haber estado ahí", indicó. Dos semanas después de terminar sus prácticas, el paciente falleció. "Esa experiencia me dejó una impronta para mi trabajo de aquí en más", aseguró.
Orgullo mapuche y el ejemplo de su mamá
Candela quiere ejercer en Aluminé: "Es acá donde estudian mis hijas y tenemos a la mayoría de nuestra familia". Pero no descarta que, en el futuro, si su hija mayor se va a estudiar, ella también pueda migrar.
Su sangre tiene historia. Por parte de su papá es de Quillen, un paraje cordillerano. "Él siempre me inculcó el valor hacia la tierra y el respeto hacia todas las personas", admitió.
Y su principal ejemplo está en su casa. Ramona Erices, su mamá, tiene 45 años y hace 25 que es agente sanitario en Aluminé.
"Fue gracias a ella que también tuve el incentivo de estudiar algo relacionado con la salud. Desde pequeña me gustaba ver como la saludaban, como la conocían y saber que era tan querida. Ella nos crio a mí y a mis hermanos sola, fue el sostén de la familia y siempre hizo lo mejor que pudo para estar presente y guiarnos", recalcó.
Hoy Candela toma esa posta. Quiere recorrer las zonas rurales como hace su mamá. De hecho, en el hospital de Aluminé ya realizan visitas a zonas rurales junto con médicos y odontología. Ella sueña con sumarse.
Un logro colectivo en la cordillera
Los 19 egresados no son todos de Aluminé. Hay 2 de Villa Pehuenia, 1 de Lonco Luan y 1 de Ruca Choroy. Estudiaron juntos, se bancaron juntos.
"Tuvimos buena comunicación con todos y si alguien necesitaba ayuda siempre había un compañero dispuesto a brindártela, ya sea explicando un procedimiento o con material de estudio para un examen", destacó Candela.
El acto de colación será en octubre, cuando rindan los últimos compañeros que adeudan materias.
Para Aluminé es un hito: tener profesionales de salud formados en el pueblo, para el pueblo. Gente que conoce el territorio, la nieve, la distancia y las necesidades de la cordillera.
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