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La Mañana Charly García

Historias de alta fidelidad y pasión por los vinilos

Coleccionistas y melómanos, protagonistas del renacimiento en los últimos años de los discos de vinilo, cuentan su fanatismo por esos objetos cuyo sonido jamás fue superado por ninguna nueva tecnología.

Cuando parecía que la historia los había sepultado definitivamente, primero con la aparición de los casetes, más tarde –en los años ’80 y ’90- con la irrupción del disco compacto, y más acá en el tiempo por el MP3, Youtube, Spotify, los vinilos viven su segundo nacimiento en pleno apogeo de la tecnología digital. Aquel material compactado con forma plana y circular que giraba a 33 o 45 revoluciones por minuto y que fue soporte musical durante décadas hasta casi su desaparición se convirtió en una pasión para quienes desean disfrutar de ese sonido analógico incomparable.

“El sonido de los vinilos jamás fue superado por ninguna nueva tecnología”, afirma con convicción uno de los coleccionistas de LPs mientras recorre los discos de una de las bateas desplegadas en la séptima edición de la Feria del Club del Vinilo de Neuquén que se realizó el martes pasado en el teatro Ámbito Histrion de esta ciudad.

Rodolfo Price tenía 11 años cuando su madre le compró los primeros discos en un local ubicado en el barrio de Belgrano en la ciudad de Buenos Aires: "Noticias del mundo" de Queen, "Piramide" de Alan Parson Project, "Rebelde" de John Miles y "Crime of the Century" de Supertramp. Los enumera como si se tratara de una delantera de un equipo de fútbol. Confiesa que su madre le hacía escuchar los discos de esas legendarias bandas en un tocadiscos Winco. Luego, por compañeros del colegio descubrió a Luis Alberto Spinetta, Charly García, y todo el rock progresivo de los ’80.

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Fanático de los vinilos, aquel adolescente no paraba de comprarlos en las disquerías de la calle Lavalle y las que había en las avenidas Cabildo y Santa Fe. También los fines de semana se iba al Parque Rivadavia para intercambiar discos.

Sobre el resurgimiento del disco de vinilo, Rodolfo considera que no sólo esta relacionado a como se escucha sino también a todo el arte de tapa. Por eso le costó aceptar el cd. “En los vinilos el primer tema de cada lado tenía su arranque y el último también, era como una película que tenía su principio, su nudo y su final. Estaba todo ligado, sincronizado, el orden de los temas. Después llegó un productor o un masterizador y cambió todo, puso el bajo arriba, la voz abajo y entonces hicieron otro producto llamado cd”, describe.

Cuenta que vive en Bahía Blanca pero siempre está presente con sus vinilos en la feria que se hacen en Neuquén como en otras partes del país. Comenta que las generaciones jóvenes se acercan al vinilo “buscando esos grandes grupos que realmente han marcado una época y traspasado las generaciones y entonces aprecian todo el arte que presentan”.

Dice que podría tener 10 mil o 20 mil vinilos pero que en cada etapa de su vida tuvo que desprender de algunos para poder viajar, tener una casa y vivir. “Debería tener unos 10 mil vinilos y ahora tengo una colección de 5 mil para la venta”, aclara, y asegura que lo que más vende son los de rock nacional e internacional. “Vos ves un disco con un lindo arte de tapa y sabes que es imposible que el disco sea malo”, ejemplifica. Y enfatiza que la persona que busca vinilos “busca calidad, busca volver a las fuentes”.

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“Uno agarra un disco y se sienta a escucharlo, no es como escuchar un MP3 que uno lo pone y sale a correr”, explica Daniel Villareal.

“Uno agarra un disco y se sienta a escucharlo, no es como escuchar un MP3 que uno lo pone y sale a correr”, explica Daniel Villareal.

Daniel Villareal abrió la disquería Almendra, ubicada en la calle Láinez, en la época en que el casete comenzaba a desplazar al disco de vinilo. Sin embargo nunca dejó de venderlos y atesorarlos. “La gente busca nuevas sensaciones y el disco forma parte de esa búsqueda”, afirma. “Uno agarra un disco y se sienta a escucharlo, a disfrutarlo, no es como escuchar un MP3 que uno lo pone y sale a correr. Al disco uno le dedica un tiempo especial. Aparte el disco trae recuerdos, de cuándo lo compró, con quién lo escuchó, cuánto tuvo que ahorrar para comprarlo o en qué situaciones lo escuchó”, explica.

El primer disco que recuerda haber comprado fue Meddle de Pink Floyd. Desde entonces la música empezó a ocupar gran parte de su vida. En 1986 abrió las puertas de Almendra, “ahí seguimos con la música, yendo y viniendo con los cambios tecnológicos que nos llevaron al cd, y ahora este resurgir del vinilo”. El vinilo, define el hombre, “te conecta con la historia, desde el arte de tapa, el sonido, y eso me parece que son los factores por los cuales los más jóvenes están entrando en este fascinante mundo del vinilo”. Dice que muchos compran vinilos pero no cuentan con un tocadiscos o una bandeja para escucharlos.

Se ríe cuando comenta que muchos de sus clientes van a su negocio con sus hijos a comprar vinilos. “Los padres les cuentan a sus hijos cuando venían a comprar el último disco que recién salía de algún grupo de rock o también los casetes”, relata.

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“El mundo de los vinilos es apasionante”, dice desbordante José Luis Perticarini. Recuerda como si fuera hoy la experiencia que vivió, y lo marcó para siempre, cuando tuvo el primer disco en sus manos. “Cuando tenía 11 años vivía en General Roca y una tarde con la empleada que me cuidaba fuimos a hacer unas compras y en un momento entramos a un local y escuché una canción y una música que me envolvió. Era el primer disco de los Beatles y le pedí, mejor dicho le supliqué, si me lo podía comprar porque era algo que me atrapó. Finalmente lo compró, me lo regaló y ese fue mi primer disco. A partir de entonces no paré, de a poco me fui comprando otros y quedé involucrado este hermoso universo del vinilo”.

Con el tiempo, José Luis fue conociendo los discos de Led Zeppelin, The Police, Queen, entre otras tantas bandas que le marcaron su gusto musical.

Trata de explicar este resurgimiento del vinilo haciendo foco en dos factores. “En primer lugar hay que destacar toda la información, la data, las fotografías, las letras que contiene el envoltorio de un disco. El segundo factor es el sonido. No hay con que darle porque con el transcurso del tiempo descubrimos que el sonido analógico es lo mejor que hay, nada lo ha superado”, explica. Y agrega un tercer motivo, más personal: el olor. Jura que huele un vinilo y lo transporta a algún recuerdo, a un momento.

Menciona a Néstor Fernández, un compañero del secundario que vivía en General Roca, quien fue el que le hizo descubrir a The Police y Queen. “Yo recién estaba arrancando con esto y me hizo escuchar a esos dos grupos y me fascinaron. Después llegaron Supertramp, Yes, Genesis que nos abrieron las cabezas”, sostiene.

Sobre el interés por los vinilos por parte de los jóvenes que nacieron en la era digital, considera “que les debe estar pasando lo mismo que nos pasó a nosotros. Pasaron por el cd y otros soportes, y ahora dicen ‘A ver estos viejitos qué onda’. Y se están encontrando con un sonido supremo, insuperable. Porque no es lo mismo poner un cd a todo volumen de Led Zeppelin que poner el disco, el secreto está en la profundidad del sonido que da el disco”.

Aquellos viejos discos que marcaron generaciones y que parecían haber quedado para locales de antigüedades, están vivos de nuevo.

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José Luis Perticarini jura que huele un vinilo y lo transporta a algún recuerdo, a un momento de su vida.

José Luis Perticarini jura que huele un vinilo y lo transporta a algún recuerdo, a un momento de su vida.

Las ferias son un atractivo para los fanáticos de los vinilos

El Club del Vinilo de Neuquén fue creado hace quince años por un grupo reducido de fanáticos de este formato que se reunían en sus casas mientras escuchaban discos. En una de esos encuentros alguien dijo “formalicemos esta pasión”. Sabrina Salto, una de las integrantes del club, afirma que el vinilo es un “objeto único”. “Sabemos que en el formato analógico la música se escucha mejor, el vinilo presenta todo un concepto de arte”, enfatiza.

Cuenta que es la única mujer que forma parte de este grupo de fanáticos por los vinilos. Pero sabe que en Neuquén debe haber otras mujeres que sienten la misma pasión que ella por los vinilos.

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“El secreto del vinilo está en la  profundidad del sonido, que es único”, señala Rodolfo Price.

“El secreto del vinilo está en la profundidad del sonido, que es único”, señala Rodolfo Price.

Al igual que las grandes ciudades, Neuquén cuenta con su Feria de Vinilos, un espacio creado por los integrantes del Club del Vinilo neuquino con la idea de rescatar este formato. En sus siete ediciones, la feria contó con la presencia de coleccionistas de vinilos provenientes de Buenos Aires, Bahía Blanca y de localidades de Río Negro y de Neuquén.

El martes no solo los feriantes exhibieron los discos de vinilo sino también se podían adquirir remeras y viejas revistas dedicadas a la música rock como Pelo, fundada en los ’70, entre otras rarezas. Los feriantes coinciden en el interés que tiene la gente joven que compran música a pesar de haberse criado en tiempos de Youtube, Spotify. “Estos pibes se dieron cuenta de la diferencia del sonido que hay entre el vinilo y el resto”, señalaban.

El crecimiento en las ventas de vinilos está reflejado en números. Según datos de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif), en 2018 la presencia del vinilo en el “mercado físico” era tan solo de un 15%, versus el 82,7% del CD. En 2021, el vinilo llegó al 61% y el CD cayó al 38,5%. Es decir, en cuatro la venta de vinilos se cuadruplicó.

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