Dos noticias del martes desnudan los contrastes de una provincia que crece más rápido que su capacidad de responder.
La agenda mediática del último martes volvió a exponer los contrastes cada vez más evidentes que se viven en Neuquén. La región enfrenta los desafíos de un crecimiento económico y demográfico tan acelerado que parece dejar cualquier capacidad de reacción siempre a la retaguardia.
La visita de la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, a Loma Campana puso a Vaca Muerta bajo los reflectores. En redes sociales, algunos usuarios curiosos buscaban imágenes satelitales de Añelo, el corazón de la cuenca neuquina, y se sorprendían al descubrir las calles de tierra reseca y el caserío bajo en una postal que no se parece en nada a una Dubai argentina.
Por su parte, el gobierno neuquino proyecta obras de infraestructura y busca tender redes de gas natural para erradicar la contradicción más grande del territorio: una región que se jacta de tener la segunda mayor reserva de gas no convencional del mundo pero que deja a sus propios habitantes sin este recurso valioso.
Mientras la Casa Rosada muestra los yacimientos como una garantía del ingreso de divisas que podría pagar las deudas con el fondo o como un examen bien rendido de la marcha que ellos pretenden para nuestra economía, Vaca Muerta se convirtió involuntariamente en un faro de porvenir.
Los políticos de la zona se cansan de repetirle a los demás que no vengan, que el trabajo no alcanza para todos, pero ninguna alerta es suficiente cuando el hambre aprieta tanto en otras provincias con subsuelos menos bendecidos.
Y llegan igual. Y acá enfrentan una realidad más cruel, entre el clima hostil, el alto costo de vida y la exclusión de un modelo productivo que es tan desigual como todos los demás. Porque la provincia puede tener los salarios más altos del país, pero también tiene una profunda brecha entre los que son parte de Vaca Muerta y los que no.
La muerte de un hombre de 40 años adentro de un cajero automático se supo en el momento en que la emisaria de Washington pisaba suelo neuquino. Esa realidad, a veces invisible para las fotos políticas con mamelucos de YPF, es una herida que parece profundizarse ante el crecimiento acelerado y una capacidad de respuesta que siempre corre de atrás. Y esa herida también es Neuquén.
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