Una iniciativa espontánea y colectiva convirtió el dolor en acción, llevando el mensaje del Papa Francisco a cada rincón de la vida cotidiana.
La muerte del Papa Francisco generó una ola de emoción en todo el mundo, pero en Neuquén surgió una respuesta inesperada y profundamente conmovedora. A pocas horas de conocerse la noticia, un grupo de vecinos dio inicio a una campaña espontánea para que una imagen de Francisco esté presente en cada hogar neuquino, como símbolo de su legado y su mensaje de esperanza.
Detrás de esta iniciativa está Atahualpa González, vecino, trabajador, militante social y, según se define, un "admirador profundo del mensaje humano y espiritual del Papa". En diálogo con LMNeuquén, González relató cómo nació esta campaña que ya se expande por las calles, redes y corazones de la ciudad.
"La idea surgió entre amigos, compañeros de trabajo, gente del sindicato y vecinos con los que compartimos este sentimiento de admiración por Francisco", contó. "Apenas nos despertamos con la noticia de su muerte, empezamos a mandarnos mensajes. Fue algo muy visceral. Sentimos que teníamos que hacer algo".
Lo primero fue pasar la gorra. Entre todos los involucrados juntaron dinero para imprimir los primeros afiches con una imagen serena y cercana de Jorge Bergoglio. “No fue algo organizado por ninguna institución. Fue entre amigos, compañeros del fútbol, gente de la vida”, dijo Atahualpa. La iniciativa creció como crecen las cosas cuando hay afecto, convicción y comunidad: con boca en boca, celulares, grupos de WhatsApp y una red invisible que une a las personas cuando algo más grande las convoca.
"La tristeza del primer momento fue inmensa", confesó. "Pero con el correr de las horas se fue transformando en algo más profundo: en esperanza. Empecé a ver publicaciones de personas que nunca habían hablado de Francisco compartiendo sus enseñanzas, sus frases, esos videítos breves, pero tan potentes. Ahí me di cuenta de que Francisco había logrado algo inmenso: una trascendencia real", aseguró.
Esa es la palabra que se repite como un mantra: trascendencia. Para González, la figura del papa argentino logró atravesar diferencias políticas, sociales y religiosas. “Apenas muerto, ya estaba más vivo que nunca”, analizó. “Podríamos decir que resucitó en todos los que nos dejó una enseñanza y la esperanza de un mundo mejor que nos incluya a todos”.
Una campaña que crece desde abajo
La campaña, que comenzó con unos pocos afiches, ya se multiplicó. Se los puede ver en vidrieras del centro, paradas de colectivo, comercios, instituciones barriales y casas particulares. Algunos se los llevan a sus lugares de trabajo, otros los pegan en el auto, y muchos los suben a sus redes sociales con frases emblemáticas del Papa Francisco.
“Nos manejamos con el celular, por redes sociales. Cuando alguien nos pide un afiche, se lo acercamos, o le decimos dónde puede pasar a buscarlo. Hoy nos cruzamos con varias personas en el centro que ya los tenían colgados, y a otros se los dejamos en el trabajo”, relató Atahualpa.
La idea no es solo digital ni virtual. Aunque las redes sociales cumplen un rol clave en la difusión, el objetivo es claro: “Queremos que la imagen del Papa Francisco entre a las casas, a los hogares, a los espacios cotidianos donde compartimos la vida”, explicó.
Lo llamativo de la campaña es que no responde a ninguna organización oficial, política ni religiosa. No hay logos, no hay nombres institucionales. Solo una imagen sencilla, una sonrisa cálida y, muchas veces, una frase que resume su pensamiento.
Este homenaje espontáneo también convive con los actos oficiales y religiosos que se han realizado en las parroquias y espacios públicos de la ciudad. “Sentimos que esta forma de recordar a Francisco, desde lo cotidiano, desde las paredes de nuestras casas, es una forma de seguir caminando con él”, dijo.
“Es importante que la tristeza de su pérdida no nos paralice. Que nos sirva de combustible para difundir sus ideas y trabajar, desde el lugar que nos toque, para hacer, aunque sea un poquito de lo que él nos enseñó”, concluyó.
En una época marcada por la desilusión y la fragmentación, la figura del Papa Francisco logró convocar a creyentes y no creyentes, a militantes, trabajadores, vecinos y vecinas. Y ahora, en su partida, sigue uniendo corazones.
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