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La Mañana cantora

La cantora del Alto Valle que recorre el país para vestirlo de arte

Gabriela Centeno comparte y enseña los saberes y sentires que aprendió a guardar en su voz.

Gabriela Centeno tenía 7 años y estaba con su familia mirando Argentinísima, el histórico ciclo de Julio Marbiz que entonces se emitía por ATC, cuando escuchó cantar a Los Manseros Santiagueños. Algo en esas voces la emocionó tanto que salió corriendo y se encerró a llorar en el baño. No puede recordar en qué momento exacto comenzó a cantar, pero ese día supo que no podía ignorar lo que le pasaba con la música.

“La música popular siempre me movilizó. Creo que es porque nos acerca a nuestra historia de pueblo, de familia, nos habla de nuestra identidad, de nuestros entornos. Por eso creo que también es fundamental en la vida de todas las personas, no solo en la mía”, explica Gabriela. Quizá por eso, aunque es técnica Química y había empezado a estudiar Ingeniería en la Universidad del Comahue, decidió desandar el camino la música, primero estudiando Canto Lírico en el IUPA y luego en la Escuela Superior de Música de Neuquén, donde se recibió de profesora.

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Con la misma determinación con que eligió ese destino, también entendió que la música popular no se estudia en una institución, sino que se aprende caminando junto al pueblo. “Desde muy joven me gustó recopilar experiencias, las historias de nuestra gente que guarda la música y por eso recorrí tantos increíbles lugares de nuestra Argentina, para llenarme de paisajes, para visitar cantoras y profesoras particulares. Hay cosas que no enseña la escuela, sino la vida misma”, dice Centeno.

Del encuentro de Vidaleros y Quichuistas en Santiago del Estero, a una mesa para compartir con la musicóloga Miriam García y su evocación de Leda Valladares. De aprender lo imperceptible de la fusión con Francesca Ancarola en Chile, a conocer sobre el norte neuquino junto a Nico Pérez a orillas del Agrio. “Rcorro esos territorios en vinculación a la música, porque en definitiva se trata de conocer, de preguntarnos y poder respondernos de dónde venimos y hacia dónde vamos”, explica.

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La música popular es reconocerse en el otro, pero también es reconocerse en la propia historia. Gabriela recuerda que cuando tenía 8 años su mamá empezó la escuela primaria y su papá, la secundaria. “Hasta ese momento, nunca supe que mi madre era analfabeta, porque cada vez que llegábamos de la escuela, nos daba una leche caliente, nos hacía abrir los cuadernos y completar las tareas. ¿Cómo lo hizo? No sé…mientras nos alimentaba, peinaba, bañaba, limpiaba y acomodaba la casa, en algún momento practicaba escribir su nombre en alguna hoja”, recuerda la cantora. Su mamá y su papá terminaron la escuela pública criando cuatro hijos y levantando la bandera. “Crecí, fui al secundario, quedé embarazada a los 16 años y recuerdo como si fuera ayer a mi madre diciéndome que no deje nunca de estudiar. Gracias a mi madre y al apoyo de mi familia, pude egresar del secundario con un hijo de un año y medio”, explica. También en ese ejemplo vital fue encontrando las formas para hacerse en la música y en la vida, pero sobre todo educando su canto.

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Por eso escuchar a Gabriela es también viajar a un patio de tierra con los pies descalzos o contemplar un mediodía lleno de viento y cordillera. La voz de Gabriela está llena de paisajes, pero también de historias contadas al oído, confesiones que dejan los caminos, saberes de los que nada tienen, de pequeñas luchas y milagros. Y entonces a veces se hace inmensa como el cielo, o tan íntima como un secreto.

“La música es una forma de vida, no es un hobby, ni un adorno. Y está intervenida por todo lo que nos atraviesa y nos conforma como sociedad: lo humano, lo político, lo cultural. Con mi canción lo que busco es llegar con mensajes que han escrito otras personas o ahora también componiendo, para generar más unión y reflexión, para revalorizar nuestra identidad”.

La música también desde Neuquén

Gabriela es nacida y criada en Cinco Saltos, pero hace 10 años que vive en la ciudad de Neuquén, donde además de llevar adelante su proyecto musical actual, “En Barda Trio”, junto a Damián Soto y Cristian Lagos, dos músicos exquisitos con los que recorren un amplio repertorio de folklore lationamericano, dirige el ensamble vocal de mujeres “Caña con ruda” y da un taller de canto que ya se volvió parte de la vida de muchas personas. “Aquí tengo un paisaje cercano porque sigo teniendo barda, río y chacra, pero en lo social estoy feliz de estar acá porque Neuquén es un pueblo que lucha, que se pone de pie”, dice Centeno.

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Para Gabriela todas las músicas tienen sus particularidades, existen tantas músicas como culturas y territorios hay en el mundo. Por lo tanto, también hay espacios comunes y de tensión. “La música de Neuquén tiene su raíz, pero comparte características con otras regiones y micro regiones, aún antes de que estén las divisiones políticas del estado nación actual. Como, por ejemplo, lo que pasa en el norte neuquino, Chile y el sur de Mendoza”, explica. En ese sentido, también entiende que hay diferentes maneras de interpretar la tierra, el pueblo, el paisaje: “hay una forma que puede ser explicita, como muchos artistas de acá ya lo hicieron y hacen. Pero también es muy valioso el solo hecho de hacer desde aquí, porque ese hacer tiene una carga identitaria implícita. No es lo mismo el que hace música desde el Huecú, que el que lo hace desde Salta, aunque compartan sonoridades”, dice.

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En ese sentido, la cantora sostiene que es necesario tener y dar continuidad a políticas públicas para los artistas regionales que ayuden a sembrar el canto popular, a crear referentes y a incentivar el hacer. “Hay que revalorizar el trabajo de los compositores y compositoras de la zona. Más allá de que la hayamos pegado o no con la industria cultural, todos nos merecemos tocar en condiciones dignas, tener lugar en las fiestas de la provincia, estar bien pagos, ser difundidos, porque eso es en definitiva lo que logra que se mueva y se profundice la música popular y con ello nuestra identidad”.

El canto como trinchera de resistencia

“Usted preguntará por que cantamos”, decía la célebre poesía de Mario Benedetti que durante años un sinnúmero de cantores y cantoras populares fueron haciéndola parte de la memoria colectiva. Esa pregunta es la que cada día ronda a Gabriela. “A veces cuesta entender por qué Argentina toma algunos caminos, cuando todo el tiempo desde la música proponemos un mundo mejor, más justo, más igualitario, equitativo. Eso la verdad que sorprende y nos hace sentir que de pronto nada tiene sentido. Quizá sea porque en mucha de la música de hoy ya no hay un proceso, no hay tiempo a preguntarse nada, a reflexionar, sólo se busca el producto final”, dice.

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Sin embargo, es optimista y cree que la música popular va a seguir siendo un pilar fundamental en lo que viene. “A los recortes, al silenciamiento, al odio, la música siempre le dio batalla, siempre fue una trinchera de resistencia”, sostiene.

Así como los pueblos han tenido la dicha de crear su propia música, ese remanso de Dios para celebrarse o defenderse, lo tendrán para encontrar el mejor camino. Mientras tanto, la música espera y en esa espera la voz de Gabriela se hace un faro para no perderse del todo.

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