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La casa histórica de un inmigrante ruso que hoy es una popular cervecería

El nuevo uso de la vivienda pone en escena la importancia de regular la conservación y recuperación de fachadas de edificios de valor histórico de Neuquén.

“Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales), guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia” escribió alguna vez el escritor Julio Cortázar como parte de un cuento, en el que, entre otros aspectos, presenta la idea de una casa histórica y familiar como un campo de disputa de recuerdos, anhelos y nostalgias.

Muchas de las casas antiguas de la ciudad de Neuquén han sido demolidas, otras están en camino de desaparecer y algunas han podido rescatarse como es el caso de la histórica casa de la familia Portanko. Lo cierto es que no se trata de una simple casa, porque en cada ladrillo de su construcción puede rastrearse aspectos significativos de los orígenes de la ciudad de Neuquén.

Podríamos decir, por ejemplo, que muchos de los materiales que componen la edificación, provienen de rezagos ferroviarios de diversas partes del mundo y empezar a vincular así la vivienda con la tradición ferroviaria de quienes la levantaron.

La casa la construyó en la década de 1920 Juan Portanko, un inmigrante ruso- ucraniano de profesión ferroviario, que de hecho fue el primer trabajador de ese ramo en afincarse, en la por entonces, joven ciudad de Neuquén. La historia neuquina está ligada, por otra parte, al tren y a su llegada. La comitiva fundacional llegó en tren en 1904 a la localidad que se había integrado al Alto Valle unos años antes nada más en virtud de puente que la convertiría para siempre en un punto destacado del corredor patagónico, desde Bahía Blanca a Zapala.

Una vivienda de más de 100 años que se va convirtiendo de a poco en parte de esa postal que década a década persiste en la memoria de cada generación de los neuquinos. Enmarcada en el legendario corredor ferroviario, frente al Parque Central, hoy calle San Martín 297, es un moderno local de una conocida franquicia de cervecerías, gracias a cuya gestión gerencial pudo acordarse una remodelación adecuada que respetara y conservara la fachada original, incluyendo en el proyecto la preservación de los materiales originales.

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Es una de las tantas fachadas que la Arquitecta Liliana Montes Le Fort, releva alertando sobre su valor patrimonial en el libro “Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad de Neuquén” (1998). En dicho libro figuran las fotografías de un conocido restaurant que funcionó a mediados de los 90´ y aún respetaba dichos aspectos edilicios: los antiguos y enormes ladrillones que han sido dejados como parte del diseño estético, los altos ventanales conformados por detalles en estilo vitreaux, la escalera que conducía a la planta superior de la vivienda y el jardín que es hoy la recepción y salón de ingreso de la cervecería.

En la época en que fue construida, los trabajadores del ferrocarril vivían en los barrios ferroviarios divididos entre los empleados casados con sus familias y los solteros, mientras que el personal jerárquico ocupaba dependencias destinadas a los cargos superiores, como es el caso de la propiedad que en la que en la actualidad funciona el Museo Paraje Confluencia.

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Según los registros históricos del citado Museo se sabe de dicha casa que: “La propietaria que figura en los registros de patrimonio ya mencionado es Elisa Portanko de Vitale, hija del ex-maquinista Juan Portanko (Kiev, Ucrania) quien migró hacia nuestro país huyendo de la Primera Guerra Mundial y de Eslava Fix, hija de inmigrantes Suizos. El Sr. Portanko primeramente llegó a Constitución, Bs. As, lo contrataron para inaugurar el ramal Neuquén-Zapala ya que poseía amplia experiencia en la ocupación. En uno de sus viajes conoce a la Sra. Fix en la estación de la localidad zapalina Ramón Castro, con quien se casa en el año 1921.

En 1922 nació Elisa Portanko y años más tarde su hermano Norman. Su padre eligió este lugar para construir su vivienda, anteriormente la familia residía en las casas de la Colonia Ferroviaria. En el año 1991 dejó de ser una vivienda para convertirse en un espacio comercial hasta el día de hoy”.

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Aunque exista un sentimiento colectivo, que desde la nostalgia y desde la pertenencia identitaria, reclame la preservación de los inmuebles con valor patrimonial, en la práctica y de acuerdo a intereses comerciales y económicos, tanto por parte del Estado como de los particulares, las negociaciones que apuntan al rescate se convierten en un intrincado rompecabezas judicial. Por un lado, la declaración patrimonial acorrala a los propietarios con interés de venta y por otro las cifras que tendría que manejar estado para la adquisición de los inmuebles (ubicados por lo general en zonas céntricas de altísimo valor inmobiliario) vuelven inaccesible su compra.

La franquicia neuquina de la Cervecería Antares cumple esta semana cinco años, de haber acordado con los propietarios y con el municipio, un contrato de remodelación que permitió, conservar significativamente la fachada y el espíritu arquitectónico con el que fue construida la casa.

Son muchas las ciudades como Córdoba, Mendoza e incluso CABA que encuentran en la legislación sobre conservación de fachada y reciclaje de las propiedades históricos un atenuante a la pérdida definitiva. La incorporación a circuitos turísticos con desarrollo e inversión privada, brindan en algunos casos, como lo es el de la Casa Portanko una de las más viables e inmediatas alternativas.

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