La casita que sobrevive entre las torres del centro neuquino
Se ve tan diminuta entre las torres altas y modernas que pasa desapercibida para quienes transitan por esa zona del centro de la ciudad de Neuquén.
La casa en cuestión fue construida a principios del siglo pasado cuando la calle Carlos H. Rodríguez todavía era de tierra y la plaza Roca lucía unos jóvenes árboles que recién comenzaban a tomar altura.
La imagen de esta vivienda, ubicada a la altura del 374 de la mencionada calle, fue compartida en el grupo Neuquén del Ayer, de Facebook, y disparó una gran cantidad de comentarios por parte de los participantes de esa página que refleja la historia de la ciudad y de la provincia.
Dicen que perteneció a una familia de apellido Izquierdo, que allí alguna vez también funcionó una escuela, que otras familias la ocuparon hasta que el edificio se convirtió en un local de alquiler para comercios.
Los usuarios del grupo inmediatamente comenzaron a recordar a viejos vecinos que pasaron por allí y que sus descendientes todavía viven en la ciudad de Neuquén. Por supuesto que la necesidad de preservar este pintoresco edificio donde hoy funciona un bar volvió a ser motivo de debate.
“Una prueba contundente de los cambios. Una foto para reflexionar tanto para un chico que vivió en Neuquén entre 1951 y 1955 que era yo. Como a cualquier joven de hoy. Esta construcción debería ser conservada ya que es todo un testimonio”, opinó Jorge Berghmans. “No permitamos que la destruyan”, pidió María Teresa Fuertes, en otro de los comentarios.
La preocupación de los usuarios de Facebook no es casual. Todavía genera indignación la demolición que se hizo de la casa de la familia Rosa, en la calle Ricchieri, que había sido declarada Patrimonio Histórico de la Ciudad.
“Hay formas creativas de conservarla y hacer un edificio arriba”, sugirió María Eugenia Moreno, al recordar que muchos edificios históricos de la Argentina pudieron mantener la fachada más allá de los emprendimientos inmobiliarios que se hicieron en el lugar.
Por ahora nada indica que en ese terreno de un valor incalculable por la ubicación se piense hacer algo. Al menos no hay indicios.
Por lo pronto, la casita pintoresca pintada de verde oliva y vivos rosas permanece entre medio de gigantes que la miran desde lo alto.
Dentro de sus paredes quedaron encerradas mil historias y recuerdos y, pese al paso del tiempo, luce coqueta y humilde como una muestra de lo que fue alguna vez aquel pueblito fundado en el medio del arenal.
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