Trabajadores del lugar contaron de experiencias asombrosas y tenebrosas de hechos acontecidos en ese sitio.
El patrimonio histórico de la Provincia del Neuquén constituye una fuente permanente de asombro y maravilla. En el contexto de una enorme diversidad de paisajes, surgen historias que refieren a su pasado, cuya proyección desde el presente nos permite hilvanar nuestra identidad regional. La mina de Truquico así lo demuestra.
Un hacha de piedra engarzada en un mango de madera, semejante a un primitivo instrumento deportivo o bien un arma de guerra o cacería, expuesta en el Museo Gregorio Álvarez es una de las piezas que componen el patrimonio histórico provincial, pero además es parte fundamental de las leyendas urbanas y los mitos populares.
Nos acercamos prudentemente a la vitrina y, con asombro, sentimos que el hacha nos observa, planteándonos interrogantes sobre su origen y procedencia. Aún se adivinan fragmentos de cristal adheridos a la roca y un cartel indicatorio (para los millenials un código “QR”) señala que proviene del norte neuquino, en las cercanías de Chos Malal y de un lugar que lleva el misterioso nombre de “Truquico”.
Hugo Rebolledo, parte de la Subsecretaría de Turismo de la dirección General de Neuquén Norte, dependiente del Ministerio de Turismo de la Provincia del Neuquén, explicó que hace miles de años los pueblos originarios de la época previa a la conquista española llevaron adelante prácticas de explotación minera de las Salinas de Truquico. "El desembarco colonizador de España en Chile fue clave para la economía de los pueblos pehuenches en cuanto a la actividad de la comercialización de la sal. Actividad que llegó a ser tan importante en la zona como lo es hoy, por ejemplo, Vaca Muerta. Para que podamos tener una idea de ese auge, los pueblos originarios llegaron a trocar una bolsa de sal por una de trigo”, dijo.
A unos 7 kilómetros de Chos Malal, en las cercanías del Río Neuquén, Truquico (en lengua mapuzundun: aguada del chimango) constituye una formación de “sal gema”, también conocida como sal de cristal de roca o halita que se utilizaba en la antigüedad como complemento de la alimentación de ganado y sobre todo para la conservación de los alimentos y en la actualidad para diversos usos industriales.
“La formación del cerro con el alma de la sal gema en la que se ubica la mina de Truquico, se debe a acontecimientos geológicos que confluyeron en el período cretácico inferior hace más uno menos unos 130 millones de años. La mina está conformada por tres enormes galerías sumando en total unos 200 mts de excavaciones y en algunos lugares el techo está apenas a 2 mts de la base, superando en otros tramos los 5 mts. Son inmensos corredores sostenidos por vigorosas columnas de sal y roca (esta última en menos proporción) con numerosos huecos de pequeño tamaño que comunican una galería con otra", dijo Rebolledo.
"En las paredes se advierten muchos agujeros bloqueados por tierra y desechos de descarte de material, producto de la misma explotación. El cerro donde está la explotación es conocido como Cerro Don Carmelo. Se presume que los primeros pueblos en realizar tareas de recolección de sal, aprovecharon una oquedad natural y avanzaron excavando en forma de espiral, aunque no existan de esto, muchos indicios concretos. Se estima que la sal era utilizada en principio para secar la carne de guanacos y otros animales con los que se hacía charqui, un nutritivo alimento encurtido en sal que aseguraba su conservación para el almacenamiento y transporte", agregó.
Rebolledo sostuvo que fue don Isidro Belver, conocido como “El Guardián de la historia del Norte Neuquino”, quien investigó y recopiló muchísima información al respecto. También Luis Verdinelli, otro estudioso de la historia de las minas, complementó la tarea para tener un mapa completo sobre las maravillas que nos entregan estos sitios misteriosos.
La historia de la mina de Truquico comprende diferentes períodos desde los tiempos prehispánicos a la conquista, la comercialización de la sal con Chile, el período de explotación de Bertoldo Weinman, dueño por entonces de la mina y proveedor de varios estancieros de la zona que le compraban la sal para uso en ganadería.
La mina debería estar incluida como Patrimonio Cultural Provincial para el resguardo de su valor histórico, cultural y por los hallazgos arqueológicos, que se realizaron en ella.
Los mitos de la mina Truquico
Cuentan las crónicas que dentro de la mina nunca hubo un accidente, aunque sí en el exterior y en las inmediaciones. Era una creencia de la época que el sodio y la sal mantenían a raya a los microbios y aseguraba la salud de los mineros, de quienes se decía que tenían una salud de hierro y no se enfermaban jamás.
Además, de sus poderes curativos, se hablaba de la existencia de “almas” que “penaban” rondando en los corredores de la mina. Fueron los propios trabajadores los que hicieron creer esta leyenda, refiriendo a la presencia de ruidos que sentían mientras estaban realizando sus tareas. "Nadie hubiera podido haber provocado esos sonidos", contaban.
Otros relataron misteriosos ecos de gritos y entrechocar de herramientas dentro de la mina cuando pasaban por allí a altas horas de la noche, sabiendo que estaba vacía, incluso en épocas en que estaba abandonada. Aquí la gente suele decir cuando eso pasa que cuento experimentan esas presencias, las almas “los han penado”. Yo he ido muchas veces a la mina y quiero dejar en claro que nunca he escuchado ni visto nada de eso, para mí son tan sólo leyendas.
Como restos arqueológicos hallados en las salinas, las hachas son los elementos más importantes. El arqueólogo Jorge Fernández contó de la trascendencia de haber hallado en este sitio, ejemplares de hachas intactas con sus respectivos mangos de madera, debido a la protección de los minerales de la mina que impidieron su degradación. También comenta que los pueblos originarios de la zona, fueron poseedores de los recursos necesarios para el desarrollo de la minería subterránea.
La técnica del “enmangamiento” (fabricación del mango del hacha) consistía en la inserción de un “lito” (una roca) en un árbol vivo. Los ancestrales fabricantes de estas herramientas, excavaban el alvéolo de la rama de un árbol viviente, insertando en él la roca y aguardando que el crecimiento vegetal completara la tarea. Así los tejidos vegetales envolvían la piedra y aún pueden observarse como se retuercen como malformaciones que la capturan afirmándolas al improvisado mango.
#En el Museo Olascoaga de Chos Malal tenemos un hacha en muy buen estado y piezas que refieren a nuestra rica historia que invitamos a conocer y a disfrutar”, concluyó Rebolledo.
El acceso a la Mina de Truquico está en camino de tierras privadas por las cuales transitar implica miles de contratiempos, sin embargo, aguarda con sus ecos y misterios, reclamando la atención de quienes puedan poner en valor su historia poniéndola al resguardo del paso del tiempo.
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