Las obras y los eventos, gracias a la solidaridad del viejo pueblo de Neuquén
Es sabido que fue clave la solidaridad y el esfuerzo propio de los vecinos para el desarrollo de la ciudad de Neuquén durante los primeros años del traslado de Chos Malal hasta la Confluencia. Pero hubo algunos acontecimientos muy significativos que ocurrieron que explican y dimensionan muy bien el espíritu colectivo que tenían los pioneros para que el pueblo se convirtiera en una ciudad moderna como la que soñaban sus fundadores.
Hasta que Neuquén se convirtió en una provincia, los recursos que mandaba el gobierno nacional eran escasos y llegaban casi siempre a destiempo, por lo que los habitantes tenían que poner en marcha su inventiva para conseguir los fondos necesarios para algún proyecto o directamente echar mano a su bolsillo para tener el dinero requerido.
Uno de los ejemplos se puede apreciar con el primer crecimiento que tuvo el pueblo y la necesidad de ampliar los servicios.
La red de agua prácticamente no existía más allá de una estructura vertical que llegaba desde el río. Tanto para el este como para el oeste, los vecinos decidieron organizarse y pagar ellos la construcción e instalación de los caños para conectarse al ducto principal. Podrían haber esperado que el Estado se hiciera cargo, pero todos sabían que los recursos realmente eran muy pocos. Esperar la obra y mantenerse con los pozos o con el reparto casa por casa no era una opción.
Juan Bezerra, quien tenía su casa en la calle Tucumán, entre Alberdi y Rivadavia, fue quien trajo la cañería de agua para hacer la red correspondiente y luego ayudaría a todos los vecinos de la cuadra para que también accedieran al servicio. Prusiano Labrín, otro pionero colaboraría en esa tarea. Esta acción se repetiría en otros sectores que comenzaban a urbanizarse hacia otros puntos cardinales.
Otro ejemplo de solidaridad y esfuerzo común fue la organización de la fiesta para inaugurar el puente carretero, en febrero de 1937.
La empresa GEOPE, encargada de la construcción, terminó la obra antes de los previsto, por lo que, un mes antes, el gobernador Enrique Pilotto decidió formar una comisión de festejos y se montó una intensa campaña para recaudar fondos para aquel día histórico. Tanto en Neuquén como en Cipolletti se hicieron numerosas actividades; comerciantes y empresarios donaron todo tipo de mercaderías para que nadie se perdiera la fiesta popular.
El 20 de febrero de ese año, columnas de vecinos de ambas ciudades partieron rumbo al puente para participar de su inauguración, en una peregrinación alegre. Los pocos autos que había en aquel entonces también se sumaron a la caravana, con bocinazos convocando a los pobladores para que fueran al río.
Un asado popular preparado desde temprano permitió un singular almuerzo de integración entre la gente de ambas ciudades, de cara al puente adornado con guirnaldas y banderas argentinas y una gran cinta en el ingreso que fue cortada por las autoridades.
A comienzos de 1952, la Comisión Territorial de homenaje al General San Martín solicitó al gobernador del territorio, Pedro Julio San Martín, autorización para importar desde Estados Unidos un automóvil Ford V8 modelo 1951 custom sedan 4 puertas con el objetivo de rifarlo y así reunir fondos para la adquisición y construcción del basamento de la estatua que hoy luce en el centro de la capital neuquina.
El problema para llevar adelante la construcción del monumento consistía en la forma para conseguir el dinero que se logró a través del cónsul de Chile en Neuquén. Por ello, Pedro Mendaña, presidente de la mencionada comisión, pidió permiso al gobernador San Martín para rifar el vehículo importado. La rifa consistió de 5 mil boletos, cada una con un valor de 50 pesos, moneda nacional de aquella época.
Los fondos recaudados por aquella rifa estuvieron destinados a solventar los gastos de construcción del basamento y adquisición de la estatua del prócer que le fue encargada a la Casa Sarubbi y Barili SRL de Capital Federal, una de las dos que poseían el modelo de estatua de propiedad del Instituto Sanmartiniano.
Los vecinos respondieron masivamente a la convocatoria y el dinero se recaudó sin mayores inconvenientes.
El crecimiento de la ciudad de Neuquén a ritmo acelerado sobrepasó las posibilidades de la originaria capilla de Nuestra Señora de los Dolores. Por esta razón, según el comunicado enviado a toda la región, un conjunto de vecinos decidió encarar la construcción de un nuevo templo. El objetivo era cumplir el objetivo para el cincuentenario de la capital que se celebraría dos años después, con un total de 52 mil pesos moneda nacional depositados en una entidad bancaria, monto insuficiente para la concreción de la obra de la nueva gran iglesia para la región.
Además de plantear la proyección de una financiación, la comisión invitó a toda la población no sólo a participar con su contribución sino a asistir a la ceremonia de la colocación y bendición de la piedra fundamental el 25 de diciembre.
La catedral comenzó a construirse a principios de la década del 50, la obra se detuvo durante algunos años y finalmente se terminó en la década del 60 cuando Jaime de Nevares ya era el obispo de la Diócesis de Neuquén.
(Gracias a la colaboración de la profesora Elsa Bezerra)
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