Las patinadoras aguerridas que le dan vida al roller derby en Neuquén
El equipo Barderas Insurrectas cumple 10 años y repasa el espíritu colaborativo y la fuerza con la que mantienen vigente este inusual deporte en la ciudad.
A pocos metros del Parque Central, una escuela de Neuquén produce sonidos inusuales dos veces a la semana. Cada martes y jueves por la noche, las risas infantiles cambian por la fricción de las ruedas contra el suelo, los silbatos y los golpes de caderas de las patinadoras de Barderas Insurrectas, uno de los equipos de mujeres que mantiene vivo el roller derby en el sur del país.
Aunque el equipo ya tiene 10 años de historia, las jugadoras tienen que explicar de qué se trata este deporte cada vez que alguien se sorprende de verlas con patines, cascos y otros elementos de protección. "Lo que más les llama la atención es que es un deporte que se juega sin pelota", contó Paula Orellana, una de las integrantes del grupo.
Y pese a que las preguntas se repiten hasta el hartazgo, las jugadoras no se cansan de explicar las bases del roller derby, con la intención de propagar el entusiasmo en la región y que cada vez más personas se animen a patinar en estas carreras de contacto, que inundan los partidos de adrenalina, velocidad, estrategia y, sobre todo, un fuerte espíritu colaborativo y de autogestión.
Las reglas del roller derby
¿Qué es el roller derby? Aunque tiene reglas complejas, se podría definir a la disciplina como una carrera sobre patines entre dos equipos. Es también un deporte de contacto, ya que cada grupo cuenta con cuatro blockers que buscarán derribar a una de las patinadoras rivales para evitar que sume puntos. Por eso, las jugadoras llevan una prudente protección, que incluye cascos, coderas, rodilleras, muñequeras y hasta protectores bucales.
Cada partido de una hora se divide en dos tiempos de 30 minutos, en los que las jugadoras dan vueltas alrededor de una pista plana en forma de óvalo. En cada tiempo se pueden jugar numerosos jams, que tienen una duración máxima de 2 minutos, aunque pueden ser más cortos si es que la líder del partido decide cortar el reloj con unos golpes reiterados en la cadera que sirven como señal para el referí.
Los equipos tienen un total de cinco jugadoras. Cuatro blockers y una jammer, que se identifica por tener una estrella en su casco. En la primera vuelta, los grupos no suman puntos, sino que las jammers buscan dar la vuelta a mayor velocidad para convertirse en las líderes del partido. Con ese título, son las únicas habilitadas para terminar el jam con la seña al referí.
A partir de la segunda vuelta, el objetivo es claro: ganar puntos. Para conseguirlo, la jammer debe sobrepasar a las blockers del equipo contrario, y así suman un punto por cada rival que pasan. "En cada vuelta, la jammer puede sumar un máximo de cuatro puntos", expresó Paula y agregó: "Es un deporte muy físico, muy demandante de energía, pero también muy mental y de estrategia".
Aunque las bloqueadoras no pueden usar las manos o los pies, utilizan el torso y las caderas para bloquear el paso de la jammer contraria y sacarla de la carrera. Así, el roller derby es un deporte de contacto, con golpes fuertes, que terminan por templar a las jugadoras. "Lo que caracteriza a las patinadoras es su resiliencia, el deporte siempre te enseña a levantarte y seguir patinando, pese a las obstrucciones del otro equipo", aclaró.
Aunque la disciplina remonta sus orígenes a 1935, cuando un empresario norteamericano creó una alternativa para canalizar las ganas de patinar de los californianos, su auge cayó a mediados del siglo XX. Los intentos por remontarlos de los 80 y los 90 quedaron truncos pero, en el año 2000, la actividad resurgió en Texas, Estados Unidos. Y lo hizo con reglas nuevas, pero también con un fuerte espíritu femenino y autogestivo.
Entre los cambios, se modificó el uso de pistas inclinadas, típicas del patinaje, por pistas planas, que permitieron la multiplicación de los equipos. Una cancha de básquet o cualquier playón de la calle podía contener el óvalo para las carreras y, así, el deporte empezó a crecer. En la década de 2010 se popularizó la película Whip It, protagonizada por Drew Barrymore. Con ese empujón, la actividad se popularizó en América Latina y llegó también a la Argentina. Y a Neuquén.
En la zona, el equipo con más años es Barderas Insurrectas. Otros equipos nacieron y se disolvieron por la dificultad para sostener actividades autogestionadas, pero en la actualidad también existe El Bardo, un grupo mixto con jugadoras de Barderas, y Triple Amenaza, una propuesta que surgió durante la pandemia y todavía se mantiene. Se estima que, en Argentina, son 20 los grupos, con Sailor City, de Buenos Aires, como el principal referente de la disciplina.
"Este año, en septiembre, vamos a viajar a Buenos Aires al primer torneo, y vamos a ver cómo nos va", contó Paula, que usa "Indie" como su derby name; es decir, el nombre que lleva detrás de su camiseta. El 17 y 18 de agosto, además, el equipo va a enfrentar al histórico Sailor en Centenario, dentro del torneo nacional conocido como Argenchamps.
"Como es un deporte muy amateur, es fácil que los equipos se disuelvan", dijo y agregó: "Pero también se puede ver el carácter autogestivo que va formando a las jugadoras, somos todas muy aguerridas y queremos ganar".
Aunque la disciplina está abierta a todos los interesados, los equipos se caracterizan por la presencia de jugadoras de entre los 28 y los 45 años, ya que el roller derby no pone techos etarios para la práctica. Con su estética callejera, propone la autogestión y el empoderamiento de las mujeres, por lo que suele abrazar a todas las disidencias de género, que se suman también a los equipos.
En Neuquén, son cerca de 40 los jugadores de este deporte, si se suman a los integrantes de los tres equipos activos. Por lo general, se suman muchos fanáticos de los patines o aquellos que ya practicaban patín carrera, que es un deporte muy popular en la región.
Sin embargo, Paula aseguró que no hace falta saber patinar para acercarse al deporte. "Se han sumado chicas que no sabían patinar, están aprendiendo a patinar, y tuvimos un compañero que se sumó en noviembre y empezó a patinar y ahora ya está jugando. Tiene que ver con las ganas, con el acompañamiento del equipo. Si no hay alguien que enseñe, no hay nadie que no pueda aprender", aclaró.
Un deporte que crece
La puerta de entrada a la disciplina suelen ser la película, ya convertida en un clásico de culto, y los atractivos posteos que hacen las Barderas Insurrectas en su cuenta de Instagram, gracias al aporte de una diseñadora visual. Aunque sobrevive el mito del deporte como una carrera donde las mujeres sólo se golpean, Paula aclaró que los golpes se ajustan a reglas estrictas y que, en realidad, el roller derby es un deporte "muy mental y muy técnico".
Como no existen ligas y asociaciones, la práctica y las competencias se sostienen por los lazos de cada equipo. "Hay una unión que va más allá del deporte, hay personas que están muy comprometidas con el deporte y el equipo", aclaró Paula sobre los vínculos que se tejen alrededor de cada partido.
Las Barderas Insurrectas usaban el gimnasio de Gregorio Álvarez como su espacio de entrenamiento, pero tuvieron que trasladarse y encontraron refugio en la Escuela de Auxiliares Técnicos de Enfermería, sobre calle Sarmiento. "Tuvimos que achicar un poco las medidas de la pista, pero es difícil encontrar un lugar que nos reciba; por eso, ahora todos los equipos de roller derby entrenamos en el mismo lugar", aclaró.
Su grupo entrena cada martes y jueves durante dos horas. Las otras noches de la semana, el espacio es ocupado por otros equipos del mismo deporte y, los sábados, suelen organizar encuentros para disputar partidos entre los patinadores del mismo equipo.
Sin clubes ni ligas que los respalden, los jugadores sostienen la vitalidad de la disciplina a fuerza de compañerismo y esa resiliencia que aprendieron al levantarse después de cada bloqueo. Por eso, asisten a cada entrenamiento con un compromiso inquebrantable, y con los brazos siempre abiertos para recibir a curiosos y nuevos interesados.
A los los invitan a que que atraviesen las puertas de la escuela, muy cerquita de la Feria de Las pulgas, para encontrarse con un mundo de adrenalina y empoderamiento, donde las patinadoras cambian sus nombres por apodos y su ropa habitual por una estética de deportes callejeros. Y así, con una estrella en el casco o la fuerza para hacer un bloqueo, se largan sobre las cuatro ruedas, a patinar para adelante.
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