Cualquiera la hubiese confundido con una pasajera más que espera su colectivo. Pero no, Laura está allí todas las horas que no trabaja, de martes a domingos, porque de pagar un pasaje ida y vuelta a Roca, donde alquila en una pensión universitaria, se gastaría más de la mitad de su sueldo.
La encontré ensimismada en sus audífonos, con una campera con capucha que apenas dejaba ver su cara y una frazada que envolvía sus piernas. Pasaba su tiempo en una silla, sobre el largo pasillo que traviesa a la terminal de ómnibus. Sola, pero tranquila y sin prisa. Le faltaba una tarde para volver a trabajar en un bar de esta ciudad donde lava copas.
Dice que no es el mejor trabajo, pero está bien. Gana 1800 pesos al día, y los pasajes a Roca salen 1000, ida y vuelta. Por eso se queda hasta el día siguiente. Recién el domingo por la madrugada emprende la vuelta para pasar su franco, y el martes regresa a Neuquén. Así repite la rutina semanal del trabajo a la terminal y de la terminal al trabajo.
Ella lo cuenta con mucha naturalidad, como si fuese algo normal. No dramatiza ni quiere dar pena. "Prefiero ganarme la vida trabajando. No me gusta molestar mucho", manifiesta. Aunque a los ojos de los demás sea una joven vulnerable que necesita ayuda. Ocurre que su presente es mejor que el pasado reciente que dejó atrás.
"Llegué el 12 de noviembre de 2022 y encontré trabajo el 14 de febrero en un bar. Trabajo en la cocina, soy bachera", se presenta. Entonces, la pregunta no se hace esperar: "¿De dónde venís?". Y enseguida responde: "De Buenos Aires, zona sur". Dice que vino "en busca de una mejor vida".
Había tenía la experiencia de trabajar en la cocina de otro bar que era "un antro" infectado. Un lugar que consideró "terrible". Un sábado a las 2 de la madrugada dos motochorros la asaltaron con un arma de fuego por nada. "Les dije que no tenía nada y salí corriendo. Por eso, me cansé de vivir así, con miedo", expresó.
"En cole no podés tener un celular en la mano. Al toque te lo sacan, y vos decís 'por qué tenemos que vivir con esto todos los días'. Acá -en Neuquén- no es lo mismo. Puedo estar ahora mismo con el celular en la mano y sé que no me va a pasar nada. Es una maravilla atravesar por este descampado y que no me manoteen nada; vivir con tranquilidad. Allá no tenés eso, lo soñás", confesó.
Una amiga de ella tomó la posta un poco antes y la convenció para que se venga al sur. Alquilan por muy poco dinero en una pensión universitaria de Roca.
Laura se escapó de la inseguridad y dejó atrás una familia "tóxica" con quien ya no tiene comunicación. Aunque el costo de cambiar de vida le implique vivir de martes a domingos en una terminal porque el sueldo no le alcanza. "Por lo menos me gusta el lugar. Es tranquilo", reconoció. Y si más adelante sale otra propuesta laboral, mejor.
"Como en el bar, una vez al día. Todo lo que sobra...hamburguesas, paninis, lomitos...se come bien", contó. Y de la terminal al bar, se desplazaba caminando.
Personal de la terminal dice que la ayuda con agua y para higienizarse. Más no puede hacer. Y se lamenta por los que están en situación de calle, sobre todo ahora que empieza el frío.
Las personas que puedan ayudar a Laura de alguna manera, se pueden comunicar al 011-66933203.
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