Los alfajores que hacen historia con un ícono de la identidad neuquina
Una marca de emprendedores neuquinos que, con su nombre, le rinde tributo a uno de los emblemas de la geografía local: las bardas, esas formaciones rocosas que ofrecen postales de ensueño con sus tonos ocres, potenciados con los cielos infinitos y diversos propios de la Patagonia. Espacio de juego descampado que marcó los recuerdos de infancia de generaciones. Hoy, devenido en patrimonio natural, atesora secretos y vestigios de la vida hace millones de años, además de ser puesto en valor como escenario de diversos circuitos turísticos y deportivos. Un bastión natural que le da respiro al ritmo urbano.
Bardas del Neuquén, fue el nombre elegido por Mariel Ruso y Orlando Benegas, para imprimirle un sello a los alfajores que comenzaron a crear a mediados de la década del 80', entre sus tantas iniciativas gastronómicas para sumar un manguito y canalizar su afinidad por la cocina. Corría el año 1993 cuando un auspicioso acuerdo de distribución con Topsy, la cadena de supermercados que comenzó a hacer historia en la región a partir de los 70, llevó a esta pareja de emprendedores neuquinos de pura cepa a pensar una marca para sus elaboraciones, cuyo nombre terminó inspirando el paisaje local.
Descendiente de ferroviarios, Mariel conoció a Orlando cuando ambos promediaban los 15 años y de ahí nunca más se separaron. Tuvieron tres hijos y mientras él dejaba su huella en la Universidad Nacional del Comahue en los 50 años que se desempeñó como administrativo, apelaron al amor por la cocina y a la inventiva para hacer más rendidora la economía familiar.
"Mi suegra, ama de casa, siempre fue muy buena cocinera. Aprendió como se podía aprender antes: con revistas, del boca en boca o con alguna receta -casi secreta- que alguien buena onda le compartía. Mi suegro, un comerciante genial, que obviamente lo sigue siendo", comentó, en diálogo con LMNeuquén, Hernán Siede quien tomó la posta de la fábrica en 2019 junto a Belén Benegas, una de las hijas de la inquieta dupla de emprendedores.
"Impulsados por la necesidad y el deseo de progresar, comenzaron a elaborar un sin fin de cosas dulces y saladas. Ella a cargo del producción y él de la distribución. Hacían tortas, viandas, tuvieron buffet en el Colegio Amen, en el Hospital Heller, ofrecían servicios de coffee break, de catering. Todo lo que iba surgiendo de la mano de la comida era un buen extra", contó Hernán al recordar los primeros pasos que dieron sus suegros cuando vivían en Plottier y en el barrio Fonavi, antes de instalarse en una vivienda en la Peatonal 1 de Alta Barda, donde actualmente funciona la fábrica.
"Ellos al principio vivían en ese dúplex y acondicionaron el quincho que está en la parte de atrás para elaborar, luego lograron habilitaron. Con el tiempo los alfajores comenzaron a ser más protagonistas. En los comienzos hacían solo de maicena, chiquitos. Después empezaron a elaborar de chocolate blanco y negro con dulce de leche y frambuesa", precisó Hernán.
"Se hicieron conocidos gracias a la mejor publicidad: el boca en boca. Luego llegaron a los comercios pequeños que también aportaron mucho. En los 90' el proyecto tomó mayor seriedad por la incorporación de Topsy como cliente. Ahí había que elaborar mucha más cantidad de alfajores, por eso comenzaron a dejar de lado algunas cosas secundarias. Compraron un horno más grande, una batidora, una mesada, más herramientas. En paralelo comenzaron a vender en Caviahue y Copahue, convirtiéndose en un sourvenir para muchos viajeros", relató.
Otro amor marcado por sabores impulsa la nueva etapa
En 2004 otra historia de amor, signada también por la pasión por la cocina, comenzó a proyectar el futuro de Bardas de Neuquén. El fuego se encendió en la Escuela Cocineros Patagónicos donde Hernán daba clases. Belén, la hija de Mariel y Orlando, llegó como alumna y el flechazo se dio al instante.
"Fue a primera vista, no te miento. Al principio fue difícil por el rol que a cada uno le tocaba cumplir, pero supimos construir manteniendo las diferencias. Nos enamoramos, coincidíamos en proyectos y en objetivos", destacó Hernán antes de señalar que el vínculo fue tan potente que al año él se sumó como colaborador de Bardas del Neuquén y doce meses después ya estaban dando el sí para formar una familia.
La experiencia en panadería hizo que se sintiera como pez en el agua en la fábrica. En paralelo, siguió dando clases hasta hace unos 12 años, cuando nació su primer hijo. Ese punto de inflexión lo llevó a apostar de lleno por la empresa familiar.
Enhebrar el proyecto con el vínculo afectivo no fue fácil. "Fuimos aprendiendo a relacionarnos sobre la marcha. Trabajar con tu esposa y que tus jefes sean tus suegros era complejo desde el punto que lo mires. Aprendimos juntos a crecer porque el objetivo era el mismo: el bien para todos. Obviamente, como en todos los trabajos y en todas las familia, han habido diferencias pero charlando siempre se salió adelante. Fue complejo de a ratos, pero estuvo bueno", remarcó ponderando también el equipo que supo construir con su compañera de vida. "Pasamos momentos buenos, malos, la pandemia, pero gracias a Dios siempre juntos", enfatizó.
En 2019 Mariel y Orlando decidieron dejar de pilotear la nave, aunque nunca se bajaron. Al día de hoy continúan transportando los encargos a Caviahue. Sin embargo, hace ya cuatro años que les dijeron a Belén y a Hernán "ahora les toca a ustedes', para que tomen la posta. "Así lo hicimos y le pusimos nuestra impronta: agregamos productos, folletos, publicidad y aquí estamos", dijo con orgullo el heredero.
Actualmente Bardas del Neuquén produce sandwiches de miga y alfajores. Para fortalecer sus canales de distribución "en La Anónima, pequeños mercados, estaciones de servicio, kioscos, tiendas de regionales en el Alto Valle y Caviahue", no comercializan sus elaboraciones de manera directa.
"Siempre se intentó cuidar el lugar donde los productos se comercializan. Cuando alguien nos llama para encargar alfajores, los orientamos directamente a un punto de venta", sostuvo el emprendedor, para luego remarcar la calidad "premium", de la propuesta.
"Este es un producto artesanal, que se corta a mano y que lleva mucho trabajo. Todo eso la gente lo nota en el sabor y por eso también tenemos un cupo limitado de venta diaria. En promedio, por día se venden entre 100 y 150 docenas de alfajores de maicena, que es el producto más importante que tenemos", estimó.
Proyección de una marca afianzada
"Nuestra marca se conoce mucho. En pandemia las ventas de alfajores y sandwiches bajaron mucho, así que nos pusimos a elaborar churros. Y la gente, con solo ver la marca, compraba. Íbamos a ofrecerle a comerciantes y enseguida nos hacían un pedido convencidos de la salida que iban a tener. Nos decían: 'Si lo hacen ustedes es bueno y la gente cuando ve el logo confía'. Eso es, por un lado, mucha responsabilidad, pero también un elogio", contó con gratitud Hernán al dar cuenta la aceptación que tiene Bardas del Neuquén en la región.
"Una de las mayores satisfacciones que tenemos es cuando mis hijos van a un evento y están las bandejas de los alfajores. Nos pone muy contentos ver que la gente los consume y se sorprenden para bien y nos felicitan cuando se enteran que somos nosotros los que los elaboramos. Eso es lo más lindo que hay. Al igual que cuando te encontrás con consumidores de hace muchos años y cada uno te cuenta su historia o que los compran cada vez que se van de viaje para regalar o para comer en la ruta", agregó
"Hemos tenido requerimientos para mandar nuestros alfajores a casas de regionales de Buenos Aires y de España. Hemos estado también en algunos locales de Bariloche y Villa La Angostura, pero al tener todavía una estructura familiar, se hace complejo el tema de la distribución. Más que nada por la frecuencia", planteó al explicar que, más allá de la demanda, Bardas del Neuquén busca no perder presencia ni calidad en su principal mercado: el local.
"Nosotros apuntamos a elaborar pocas cosas pero bien. Eso luego te posibilita sumar volumen. Con el recorrido que venimos haciendo, si tuviera que darle un consejo a un emprendedor que recién arranca, le diría que empiece no elaborando 20 artículos, sino dos o tres, pero bien. También que respeten a los clientes, ser puntuales, la presencia, que el personal se aboque a pocas tareas para poder controlar que el proceso se haga bien, eso es lo que hacemos nosotros", indicó.
De cara a el futuro y más allá de los desafíos que día a día se plantean en una Argentina inestable, Hernán y Belén buscan seguir creciendo, analizando todo antes de dar un nuevo paso, "siempre con la esperanza de que se va a poder vender más, más allá de lo que digan y de lo que sube todo".
"Ahora estamos por certificar los rotulados frontales, que ya los tenemos aprobados; así que seremos unas de las primeras empresas en este rubro de tenerlos en la zona. Todo eso implica mayor control y mayor esfuerzo desde la manipulación y los registros", apuntó al referirse a lo planes a corto plazo.
"También vamos a hacer un pequeño cambio de imagen para resaltar mucho más el nombre. Esa va a ser la novedad del año para festejar el 30° aniversario. Para más adelante, soñamos con tener una planta de elaboración más grande, con un salón de ventas propio. Con esfuerzo todo es posible", concluyó.
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