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Los neuquinos que se preparan para desafiar a las aguas frías del Glaciar Perito Moreno

Son cinco e integran el equipo neuquino de Natación en Aguas Frías que competirán con más de 300 nadadores de todo el mundo. Cómo es la previa en el río Limay.

No es que se hayan confundido con el falso veranito de los últimos días de julio y los primeros de agosto. Tampoco es que estén locos, aunque un poco sí. En Neuquén son las siete de la tarde, ya se hizo de noche, el termómetro marca 8 grados, y en la escollera del río Limay, justo en el ingreso a la Isla 132, cinco nadadores ultiman los detalles para meterse al agua. Desde el desconocimiento total por la disciplina que practican, a este cronista le dan ganas de gritarles y pedirles por favor que no se tiren. Pero ellos y ellas saben bien lo que hacen: se mueven, sacuden los brazos y entran en calor. En la orilla dejan preparadas toallas, mates, café, bolsitas de agua caliente y ponchos.

Cuando terminen el entrenamiento y salgan del agua, temblarán durante más de 30 minutos y sus dientes chasquearán como castañuelas. Pero todavía falta para eso. Ahora están en cuero y en mallas, a punto de desafiar al cuerpo y a un río frío y caudaloso. El equipo se zambulle y la escena hiela el cuerpo con sólo mirarlos. Estos atletas que ya bracean entre las penumbras son los integrantes del M800, un grupo neuquino de NAF (Natación de Aguas Frías), que la semana que viene viajará al Glaciar Perito Moreno para participar de la Winter Swimming World Cup 2023, es decir el Mundial de Natación de Aguas Frías.

Entre témpanos de hielo y en un agua que rondará los 3º centigrados, competirán contra más de 300 nadadores de países de todo el mundo: habrá participantes amateurs y atletas de alto rendimiento de Finlandia, Noruega, Italia, Francia, España y hasta de Brasil. Sin embargo, ninguno de ellos será un contrincante: “El rival es la hipotermia. Y hay que estar muy atento a que no nos gane”, dice Francisco Castaño, uno de los integrantes del equipo, quien agrega que “el desafío es tener la lucidez necesaria, y si se complica poder decir hasta acá llegué y salir, porque se la puede pasar mal”.

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Francisco Castaño, Carolina Modena, Valeria Sokoluk, Pablo Spieser y Jisela Hardziej, integrantes del equipo neuquino de Natación de Aguas Frías y el entrenador Mauricio Fingerhut.

Francisco Castaño, Carolina Modena, Valeria Sokoluk, Pablo Spieser y Jisela Hardziej, integrantes del equipo neuquino de Natación de Aguas Frías y el entrenador Mauricio Fingerhut.

En el ingreso, las aguas frías o gélidas siempre son hostiles. El entrenador del equipo, Mauricio Fingerhut, un profesor de Educación Física especializado en la actividad desde el año 2018, explica que durante los primeros tres minutos los nadadores atraviesan una adaptación en la que sienten pinchazos en la piel, dolores en las articulaciones y respiración acelerada. Este choque térmico es una experiencia extrema, en la que las piernas y manos se entumecen, y en donde la mente juega un rol fundamental.

Superado ese primer momento, y gracias a las técnicas de concentración y respiración que permiten poder superar este ambiente adverso, el frío desaparece y lo que brota es un calor intenso en el centro del cuerpo. Inmediatamente después aparece una sensación de placer, bienestar y disfrute. Carolina Modena, una de las nadadoras del equipo, dice que “salís muy energizado, el descanso es buenísimo y para la salud es lo más”. Algo similar le pasa a Pablo Spieser, otro de los integrantes del equipo: “es difícil de explicar, pero se sale renovado, con la satisfacción de haber nadado bajo esas condiciones extremas y de haber llevado el cuerpo a un límite que generalmente no se lleva”.

La actividad tiene beneficios similares a los que brinda la técnica Wim Hof, una terapia de shock que consiste en un baño de inmersión en piletas de aguas heladas, generando una serie de ventajas a nivel físico y mental. Algunos dicen que es una especie de antidepresivo antinatural. Tal vez por esto sea que el grupo M800 esté conformado por más de 30 personas de todas las edades, un equipo diverso en donde hay hombres y mujeres, jóvenes y adultos, y de todas las profesiones. Y no es el único grupo de NAF en la región: también están Nadadores del Desierto y Sirenitas del Limay.

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“Hay gente que en el agua fría encontró su lugar en el mundo. Tiene beneficios para la salud mental, y también en el sistema cardiovascular, endócrino e inmunológico.”, explica Mauricio Fingerhut.

“Hay gente que en el agua fría encontró su lugar en el mundo. Tiene beneficios para la salud mental, y también en el sistema cardiovascular, endócrino e inmunológico.”, explica Mauricio Fingerhut.

“Hay gente que en el agua fría encontró su lugar en el mundo. Tiene beneficios para la salud mental, y también en el sistema cardiovascular, endócrino e inmunológico.”, explica Mauricio Fingerhut, quien aclara que no todas las personas pueden practicarlo (no es recomendable en niños ni en personas con enfermedades agudas). De hecho, antes de permitirles tirarse al agua, el entrenador les exige estudios cardiológicos que demuestren que están aptos para realizar la actividad: “Es un deporte de alto riesgo. Hay que tener mucho cuidado, ser muy cauteloso y encararlo con muchísimo respeto”, dice Mauricio, quien aclara que este grupo surgió inspirado en Cristina Ganem, la deportista neuquina pionera en la disciplina, quien nadó en Malvinas, en el Canal de Beagle y en el Canal de la Mancha, entre otros lugares icónicos.

En realidad no todos los representantes del grupo M800 disfrutan de las aguas frías. De hecho, a algunos de la delegación que participará del mundial ni siquiera les gusta. Sin embargo todos coinciden en algo: no pueden dejar de hacerlo, y es la única forma que tienen de poder nadar todo el año en aguas abiertas. “Sí estamos hablando de aguas frías, no hay otras más frías que las del Perito Moreno”, dice el entrenador Mauricio Fingerhut.

Del río a la pileta

Para poder aclimatarse a lo que será esta experiencia helada, los atletas neuquinos hacen lo que haga falta. Además del nado en el río, en estos momentos también entrenan en piletas a la intemperie, que suelen estar más frías que el Limay. Pero en estos últimos días en los que las temperaturas fueron más altas que lo previsto, tuvieron que salir a comprar bolsas de hielo y tirarlas al agua. Con estos mismos niveles de ingenio es que también realizaron una rifa para costear parte del viaje hacia El Calafate, un trayecto de 1.800 kilómetros que encararán en auto y que tardarán casi dos días en llegar.

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Carolina Modena, una de las nadadoras del equipo, dice que “salís muy energizado, el descanso es buenísimo y para la salud es lo más”. Pablo Spieser, otro de los integrantes, señala que: “es difícil de explicar, pero se sale renovado, con la satisfacción de haber nadado bajo esas condiciones extremas y de haber llevado el cuerpo a un límite que generalmente no se lleva”.

Carolina Modena, una de las nadadoras del equipo, dice que “salís muy energizado, el descanso es buenísimo y para la salud es lo más”. Pablo Spieser, otro de los integrantes, señala que: “es difícil de explicar, pero se sale renovado, con la satisfacción de haber nadado bajo esas condiciones extremas y de haber llevado el cuerpo a un límite que generalmente no se lleva”.

Esa no será la odisea. La verdadera aventura comenzará a la hora de tirarse al agua: entre el miércoles 23 y el domingo 27 de agosto, los neuquinos Francisco Castaño, Carolina Modena, Valeria Sokoluk, Pablo Spieser y Jisela Hardziej competirán en todas las categorías que les permita el cuerpo, aunque principalmente aspiran a participar en las carreras de quinientos y mil metros, una distancia que se recorre en aproximadamente veinte minutos, un tiempo considerablemente más lento que en condiciones normales: “el agua fría hace que todo el aparato locomotor no funcione al mismo ritmo”, explica Mauricio Fingerhut, y agrega que la dificultad radica en “tener que estar conservando la temperatura y a la vez nadando”.

También les tocará no distraerse ante semejantes paisajes, ya que nadarán con enormes bloques de hielo flotando alrededor y con la majestuosidad del glaciar de fondo. “Me gustaría poder tener un segundo de lucidez, parar, mirar dónde estamos nadando, y no olvidarme de disfrutar de eso que vamos a estar haciendo”, concluyó Pablo Spieser.

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