Doce crianceros quedaron atrapados por el temporal en un remoto paraje por la trashumancia. Otro hombre también fue rescatado.
El viento blanco no perdona en la cordillera de Neuquén. En el paraje Trolope cerca de Caviahue, la nieve cubrió todo y dejó a su suerte a una familia de crianceros en plena trashumancia. Eran 12 personas, entre ellas un abuelo de 71 años y su nieto de 18, que quedaron atrapados en medio de la nada, sin más abrigo que un nylon y la protección precaria de unas jarillas.
Cuando la policía llegó hasta ellos, el cuadro era desgarrador por el frío. Llevaban horas expuestos a la nieve, sin señales de vida alrededor. A pesar del cansancio y la crudeza del temporal, lograron trasladarlos hasta un puesto rural donde recibieron leña, agua y algo de calor humano.
Según informó el comisario Julio Parada a LMNeuquén, de la Comisaría 33 de El Huecú, el operativo se realizó el domingo en las inmediaciones de la zona la lagunilla, en las rutas provinciales 27 y 21. La tormenta del domingo los sorprendió en el camino, en una zona donde no hay refugios ni comunicación.
Según el reporte policial, eran 400 caprinos, 75 vacunos, 65 ovinos y las 12 personas de las familias Huaiquilán, Sifuentes y Gualmes, conocidos crianceros de esa zona, las que quedaron a merced del frío extremo.
Nieve, patrullas y otra vida en el interior
En ese contexto, la historia del abuelo y su nieto cobra una dimensión aún más impactante. La Policía luego de un patrullaje los halló refugiados bajo un nylon, algo expone la crudeza de la trashumancia, la valentía y también la falta de recursos para quienes sostienen la economía rural con su sacrificio.
Los efectivos de la comisaría 33 de El Huecú y los bomberos voluntarios de la zona trabajaron a ciegas. En un territorio sin señal y con caminos intransitables, y el operativo fue una carrera contra el tiempo. Tampoco funcionan los aparatos de radio. “El viento blanco los pierde”, resumió el comisario Parada.
Es que la misma escena se repite cada invierno con los paisanos que se aventuran en la nieve, animales que se dispersan, caminos que desaparecen bajo un manto blanco y rescatistas que deben improvisar para evitar lo peor. Van de refugio en refugio con bajas temperaturas.
También otro hecho ocurrió el mismo domingo, otro criancero, Rolando Cáceres, de 60 años, también se perdió en la nieve. Había salido a buscar sus chivos en Laguna Quesada, pero la tormenta lo desorientó y terminó en un refugio de puesto de veranada.
Su hija Sofía había denunciado la desaparición y un equipo de rescate de la Comisaría 33 que lo halló de madrugada, en buen estado de salud pero con el susto a cuestas.
El drama de los crianceros en la nieve
La trashumancia es una tradición que persiste a pesar del avance de los tiempos y la tecnología. Cada año, decenas de familias trasladan sus animales a las veranadas de la cordillera en busca de mejores pasturas. Pero esta vez, el clima les jugó una mala pasada.
Las historias de aislamiento en la cordillera vienen desde hace tiempo. A pesar de que la trashumancia es una práctica ancestral y vital para la economía ganadera, el Estado muchas veces no puede garantizar todo lo que hace falta para esta actividad, pese a las intenciones y proyectos de ley que se presentan con frecuencia.
Los crianceros todos los años padecen la falta de caminos seguros, ausencia total de señal de celular y la escasez de refugios de emergencia en puntos críticos. En cada temporal, se activan operativos de rescate.
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