Es uno de los países donde los habitantes menos leen. Contrariamente a lo que se cree, los jóvenes se inclinan más a la lectura que los adultos.
A principios de del mes pasado un diario nacional publicó un artículo firmado por el prestigioso periodista y crítico literario Michael Dirda sobre el hábito de la lectura y una serie de consejos para que la gente se reencuentre con los libros, ya que el divorcio entre personas y textos es un fenómeno que se ve a nivel global, pero en la Argentina es todavía más marcado. Leer cuesta.
Las estadísticas a nivel mundial indican que Francia y Canadá son los países que más lectores tienen. En ambas naciones el promedio anual de libros leídos por sus habitantes es de 17, seguido por Estados Unidos (12), Corea (11), Portugal (8,5) y Estonia (6). Esas cifras tienen un fuerte contraste con América del Sur. El grupo de países que tienen el promedio de libros leídos en el año lo encabeza Chile (5,3) y le siguen Perú (3,3), Brasil (2,5), Colombia (1,9) y Argentina (1,6).
La última estadística sobre lecturas en nuestro país se hizo en junio del año pasado a través de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales del Ministerio de Cultura con datos llamativos: los adultos leen menos que los jóvenes, contrariamente a lo que suele creerse, aunque el fenómeno está explicado en los textos escolares que tienen que leer los chicos en sus distintas etapas educativas. Terminada la capacitación formal solo el 46% de los adultos de entre 30 y 64 años seguían con el hábito de la lectura. Después de los 65 apenas el 40% decían que leían libros.
¿Es acaso el fenómeno de internet, las redes sociales y las plataformas de entretenimiento las que las que alejan a la gente de los libros en nuestro país? ¿O simplemente son las consecuencias del deterioro del sistema educativo a lo largo de las últimas décadas?
Breves consejos para leer libros
“Creo que cada uno de nosotros busca lo que el crítico Roland Barthes denominó “el placer del texto”, aunque encontrar placer en lo que leemos no significa necesariamente una dieta constante de novelas románticas y thrillers. Las obras eruditas, la ficción seria, la poesía, el estilo de prosa distintivo de un escritor... todo ello proporciona su propio tipo de placer textual”, escribió Dirda en el artículo.
También se refirió a los lugares donde uno debería elegir para leer un libro, los horarios, la concentración necesaria para una mejor comprensión de los textos, la necesidad de tomar notas. En definitiva, una pequeña práctica para adquirir el hábito de la lectura que tanto cuesta en estas épocas de internet y de información o entretenimiento ya “digerido” que hace que sentarse a leer un libro signifique un sacrificio.
En una entrevista que le hicieron a Borges en los ‘70, dijo que a sus alumnos siempre les aconsejó que si había un libro tedioso para ellos, no lo leyeran: “La lectura debe ser una de las formas de la felicidad, de modo que yo aconsejaría a esos posibles que leyeran mucho, que no se dejaran asustar por la reputación de los autores, que sigan buscando una felicidad personal, un goce personal. Es el único modo de leer”.
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