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Renunció a su trabajo para producir velas junto a su madre y hoy sueñan con venderlas en todo el país

En plena pandemia transformaron el vínculo familiar que las une en un emprendimiento que hoy proyecta expandirse más allá de la región.

Moni y Luli son madre e hija, pero desde hace algunos años comparten algo más que el lazo familiar: un emprendimiento en Centenario que nació del deseo de crear juntas. Entre velas artesanales y objetos decorativos, transformaron una pasión por el arte en un proyecto común.

Luli tiene 34 años y es comunicadora social, formada en la Universidad Nacional del Comahue. Durante años trabajó en relación de dependencia, en medios de comunicación y en instituciones públicas, hasta que empezó a preguntarse por otros modos de habitar el trabajo y la creatividad. Vive con su perrita Venecia, compañera fiel de rutinas y procesos.

Moni, en cambio, tiene 63 años y durante más de tres décadas ejerció como médica pediatra en el Hospital Público de Neuquén. Tras su jubilación en 2019, encontró el tiempo —y la oportunidad— de seguir trabajando, esta vez en conexión con su hija y con un costado artístico que hasta entonces había quedado en pausa.

Los inicios del proyecto

En plena pandemia del COVID-19, mientras aún trabajaba en relación de dependencia, Luli se capacitó en Marketing Digital y, como parte del curso, debía desarrollar un plan para un emprendimiento personal. La idea apareció casi de manera natural impulsada por su fanatismo por las velas de soja aromáticas, sumado a la pasión de Moni por los cactus y las suculentas.

Por ese entonces, Luli adquirió un curso online y empezó a experimentar con las velas artesanales, mientras Moni reciclaba latas y las transformaba en macetas. Con el tiempo, esos mismos recipientes comenzaron a usarse también como cuencos para velas y casi sin darse cuenta se fusionaron ambos pasatiempos.

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Así fue tomando forma un proyecto de objetos artesanales para la decoración del hogar, atravesado por un concepto central: el cuidado del medio ambiente. Reducir, reciclar y reutilizar materiales para transformarlos en objetos decorativos vivos y aromáticos se volvió la esencia del emprendimiento.

Emprender en familia

En diciembre de 2020, Luli finalizó la capacitación y tomó una decisión clave: renunció a su trabajo. Un mes más tarde, ya con el plan definido, madre e hija comenzaron a darle forma al proyecto. Desde la elección del nombre y el diseño del logo, hasta el desarrollo del packaging, los instructivos de cuidado y la creación de las redes sociales, cada paso fue pensado y construido en conjunto.

El motor principal fue el vínculo que las une y su sueño de crear algo en común. “Siempre nos llevamos muy bien y coincidíamos en que queríamos hacer algo creativo juntas, con la libertad de que cada una pudiera organizar sus tiempos”, contó Luli. Como en toda relación de madre e hija —que además son socias— las diferencias existen, pero el diálogo y las decisiones compartidas terminan marcando el rumbo.

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El primer desafío fue encontrar un nombre que reflejara aquello que buscaban transmitir. Les llevó tres semanas hasta que apareció el indicado. En muchas de las opciones se repetían dos ideas: el viento, tan característico de la región, y el cambio que implicaba animarse a emprender.

La inspiración final llegó casi como una señal a través de la música: Wind of Change, de Scorpions. La canción, símbolo de esperanza, libertad y transformación, terminó de darle sentido al proyecto. Así nació Vientos de Cambio Deco, un nombre que condensa un mensaje potente y con el que ambas se sienten profundamente identificadas en su manera de pensar y habitar el mundo.

Objetos únicos creados con amor y dedicación

En Vientos de Cambio Deco, cada creación es especial. “Le estamos dando vida a productos que tienen su propia identidad y personalidad, no hay uno igual al otro, y eso es lo lindo de lo artesanal", asegura Luli.

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Aunque al principio se centraron en las velas de soja aromáticas y las macetas con cactus y suculentas, con el tiempo incorporaron el cemento pigmentado, que se convirtió en su materia prima estrella. Gracias al trabajo con moldes, pudieron ampliar la propuesta: porta sahumerios, bandejas, jaboneras y, próximamente, difusores con varillas.

El detalle y la dedicación marcan la diferencia. “Decoramos las velas según el aroma elegido —flores secas, cítricos deshidratados, escamas de coco o cacao— y somos bastante obsesivas con poner cada topping en su lugar exacto; así logramos una estética única”.

Además, las macetas incluyen un tutor de riego y un instructivo de cuidados, pensados para prolongar la vida de las plantas. Incluso el packaging tiene su toque especial: “Hicimos sellos personalizados con dibujos de nuestros productos, que estampamos a mano en cada bolsita de papel kraft, usando distintos colores de tinta”, explican, demostrando que cada detalle importa para lograr un resultado único.

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La filosofía del emprendimiento también promueve la reutilización de los recipientes. Los cuencos que ya no se usan —de cerámica, vidrio, lata, madera o cemento— encuentran una segunda oportunidad en manos de Moni y Luli, que los recargan con velas de soja aromáticas. Cada uno puede elegir entre 34 fragancias diferentes, y así, lo que antes estaba olvidado se transforma en un objeto nuevo, lleno de aroma y personalidad.

La entrega de los pedidos también forma parte del servicio que ofrecen. Cada viernes por la tarde, Luli y Moni recorren Neuquén y alrededores para llevarlos personalmente a sus destinatarios de forma gratuita. “Nos gusta conocer a quien eligió y compró nuestros productos", sostienen, además de asegurarse de que lleguen sanos y salvos: "nadie los va a transportar y tratar mejor que nosotras".

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Quienes quieran conocer más sobre su trabajo pueden encontrarlas en redes sociales (@vientosdecambio.deco), por Whatsapp (2995571595) o tres sábados al mes en la feria La Ciudad Emprende —Diagonal 25 de Mayo, entre el Monumento a San Martín y calle Buenos Aires, en Neuquén—. "Interactuar con la gente es algo que me gusta y que disfruto, siento que la feria es uno de mis lugares favoritos en este mundo emprendedor", confiesa Luli.

Aunque hoy su proyecto se desarrolla principalmente en la región, ya se preparan para dar el próximo paso: crear una página web que permita que sus creaciones lleguen a los hogares de todo el país.

El desafío y la satisfacción de crear algo propio

Vientos es un orgullo para mí. Cuando miro para atrás y visualizo todo lo que crecimos, me emociona”, dice Luli. Emprender no solo significó un cambio de rumbo en lo laboral, sino también un profundo aprendizaje personal y profesional.

Además, el proyecto le abrió un mundo hasta entonces desconocido. Tuvo que aprender a administrar un negocio —desde lo financiero hasta el control de stock y la relación con proveedores— mientras construía un vínculo directo con quienes eligen sus creaciones, haciendo tangible el impacto de su trabajo. “A nivel personal, potenció mi capacidad de resiliencia y paciencia”, reconoce Luli.

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La inestabilidad económica que atraviesa el país se refleja en las ventas, pero nunca se convirtió en un freno. “Siempre le buscamos la vuelta, juntas y en equipo”, afirma y aunque admite que emprender representa un vaivén constante de emociones y desafíos, agradece tener a su mamá a su lado.

Para Moni, el proyecto llegó en un momento bisagra de su vida. Aunque siempre le gustaron las manualidades, la exigencia de su profesión y la carga horaria la llevaron a postergar ese costado creativo. “La propuesta de mi hija para emprender llegó en el momento justo”, recuerda. Con más tiempo disponible, lo vivió como una experiencia terapéutica y como una oportunidad para compartir más momentos juntas.

“Hoy puedo organizar mis tiempos, estar y disfrutar de mi casa, que se convirtió en mi taller de trabajo, y compartir más con mi familia”, dice. En ese nuevo escenario, entre velas, plantas y creación compartida, Vientos de Cambio Deco se volvió mucho más que un emprendimiento: es un espacio de encuentro, aprendizaje y disfrute compartido.

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De la mano de Moni y Luli, cada aroma, cada maceta y cada detalle lleva consigo una historia de dedicación, creatividad y amor; un recordatorio de que, cuando se combina trabajo y pasión, hasta las pequeñas cosas pueden transformarse en algo que deja huella.

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