Salud pública: En el purgatorio, al amparo de la emergencia
La primera urgencia en el sector, es administrativa. El plan, si es que hay uno factible en la era libertaria, deberá seguir esperando.
La dimensión del colapso en el sistema de salud pública de la provincia parece haber adquirido un nuevo tamaño, mayor aún del que se venía suponiendo. La actual administración encontró hospitales y salas de atención primaria que en poco podrían diferenciarse de las de cualquier país de África central, según lo que ha podido relevar Martín Regueiro.
El ministro de Salud parece haber entrado en el túnel del tiempo, pero hacia atrás. Con un cuaderno universitario en la mano, según puede apreciarse en sus redes sociales, el funcionario recorre establecimientos para anotar pedidos, quejas, reclamos, pases de facturas y, sobre todo, desidia.
Podría decirse que el trabajo de Reguerio es aún tan pesado que el de Norberto Perrone cuando, a fines de la década del ‘60, recorría una recién nacida provincia en el que abundaban la pobreza y enfermedades desatendidas, o más bien suavizadas por curanderos o idóneos. A Perrone le llevó un tiempo armar un plan posible y ajustado a los requerimientos. Lo que sucedió luego es sabido, Neuquén fue la envidia en Sudamérica por el desarrollo de un sistema eficiente y sostenible, hasta 2002, al menos, cuando comenzó a crujir para ir hasta un declive sin freno como el actual.
Lo que los diputados deberán tratar en las próximas horas no sería una emergencia sanitaria -ésta lleva años queriendo ocultarse con más o menos desatino- sino más bien administrativa, de desfinanciamiento y olvido. El despilfarro, en especial el de la anterior gestión, está mostrando toda su crudeza en una provincia, e incluso en un partido, el MPN, que terminó traicionando a su propia historia, lo que tal vez explique por qué llegó al purgatorio en el que se encuentra.
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