Patricia Bullrich se autoboicoteó encerrada en la promesa imposible de terminar con el kirchnerismo, mientras Javier Milei contradijo a los manuales y embarró su campaña cuando ganaba.
Sergio Massa capitalizó todos los goles en contra que se hizo la oposición desde que arrancó la campaña presidencial. La macrista Patricia Bullrich se autoexcluyó de la pelea con su estrategia para sacar del juego a Horacio Rodríguez Larreta. Javier Milei le puso un muro a la derecha y la ex ministra de De la Rúa no supo saltarlo. Después el libertario y los suyos hicieron todo lo contrario a lo indicado en los manuales después de ganar las PASO y de cara a la primera vuelta.
Los votantes opositores desde el llano se preguntan por qué las elecciones no salieron como ellos querían, que es a la vez la única forma de que no sean comprados, robados o traídos desde otro universo los sufragios del ganador. Al mismo tiempo, la dirigencia derrotada despotricaba de alguna manera contra el electorado que le fue esquivo, en muchos casos acusándolo de dejarse comprar por los planes del gobierno.
Las posibilidades del candidato oficialista se agrandaban cada vez que alguno de sus adversarios sacaba del medio tras un autogol. La acción política peronista se puso en marcha después de las PASO con la destreza que ha demostrado, pero sin el autoboicot opositor era dudoso que alcanzara para evitar una catástrofe electoral del peronismo en el gobierno
Massa sigue en la carrera por la Presidencia por más que vuela la inflación y son habituales las corridas cambiarias mientras conduce la cartera económica del gobierno del hiperdevaluado Alberto Fernández. Llegó a la primera vuelta con la peor inflación mensual del ciclo y el dólar blue a mil pesos. Y le ganó por más de seis puntos a su rival del 19 de noviembre.
Los opositores con chances eligieron estrategias fallidas, vistas con el diario del lunes. Bullrich nunca salió de su promesa de terminar con el kirchnerismo y encarcelar a sindicalistas, mientras disponía por decreto la precarización laboral. Game over. Los entendidos en campañas electorales consideran inaceptable que un candidato renuncie a entusiasmar al electorado con un futuro mejor. Bullrich no incluyó tal cosa en el horizonte de su potencial gobierno. Para colmo, salió a repartir los ministerios de su gobierno mientras las encuestas la daban lejos en la competencia.
Los expertos en campañas recomiendan también a quienes lideran expectativas electorales hacer la plancha mientras sus rivales meten la pata tratando de alcanzarlo. Milei arrancó en esa línea los días siguientes a las PASO, pero luego contradijo todo lo recomendado, a la vez que el proyecto fundacional de su popularidad, la dolarización, fue perdiendo espacio en sus intervenciones.
Defendió la dictadura, alentó una corrida bancaria, promovió la ruptura de relaciones diplomáticas con el Vaticano, insultó a los radicales y acusó a Bullrich de asesinar niños con una bomba puesta en un jardín de infantes en su etapa de montonera. La acusación contra la dirigente macrista es falsa, tanto que la organización Montoneros nunca puso una bomba en un jardín de infantes.
Además, sobre el cierre de la campaña, la candidata a diputada nacional por La Libertad Avanza Lilia Lemoine salió a militar la habilitación a los padres para renunciar a la paternidad de sus hijos. Y lo justificó en que, según ella, hay mujeres que pinchan los preservativos para "enganchar" a un hombre. Encima, cuando las urnas corroboraron el triunfo de Massa y el estancamiento de MIlei desde la fuerza le endilgaron la culpa por la decepción electoral libertaria, y ella no dudó en replicar que la culpa fue de quienes hicieron los otros goles en contra en las filas de las Fuerzas del cielo.
Massa llegando a la final por la Presidencia al final de una carrera larguísima, que se largó tras las elecciones de medio término, en 2021, sorprendió a la dirigencia y los analistas que no escucharon los mensajes de la sociedad mientras se aturdían con los dictados del círculo rojo, que hace dos años ungió como presidente seguro a Rodríguez Larreta hasta que le subió al ring a Bullrich. El que ganaba esa interna era el presidente, auguraban.
No se corroboró nada de lo que instaló el circulo rojo como verdad irrefutable cuando aparecieron los datos duros de las urnas. Los dichos seguirán hasta el 19 de noviembre, cuando la ciudadanía acallará a los analistas con su veredicto, que es el único irrefutable e indiscutible.
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