Sergio Massa, Patricia Bullrich y sus pesadas herencias
La inflación y la corrupción anclan la campaña del candidato oficialista. Para la referente de Juntos por el Cambio, la figura de Macri es un arma de doble filo.
Con una cuenta regresiva que anuncia ya el final, las encuestas muestran a Javier Milei entrando cómodo y sin esfuerzo al ballotage. Mientras tanto, Sergio Massa y Patricia Bullrich juegan un partido distinto: compiten por ocupar el segundo lugar y pasar a la final, el 19 de noviembre, en una compleja contienda, que no es exclusivamente entre sí sino que también se da en el seno de sus propios espacios políticos.
Sergio Massa, el candidato de Unión por la Patria, tiene 2 frentes internos bien definidos
El primero es el económico, con un dólar blue que acaba de pasar a los 800 pesos y proyectándose como un tren que se dirige a toda velocidad y sin frenos, hacia los 900, lleva como copiloto a una inflación mensual del 12%. Corriendo ese tren desde atrás, está el poder adquisitivo de los argentinos, a una velocidad ya ridículamente inferior.
Sergio Massa, además de candidato a presidente, es el ministro de Economía y por ende conductor de ese precipitado tren. Desde la ventanilla le grita al empobrecido pueblo “este no es mi tren, yo lo manejo hace solo 14 meses.” ¿Acaso ese tren no tiene frenos, o el conductor no quiere accionarlos en el afán de ganar una carrera electoral, a costas del padecimiento de su electorado?
El segundo frente interno que Massa tiene que enfrentar es la corrupción. Cristina Kirchner, que es la principal señalada por los medios de comunicación y la oposición por temas de corrupción como el caso “Hotesur” y la complicidad con el ya condenado empresario Lázaro Baez, ha desaparecido casi por completo de la escena pública, para no tocar la sensibilidad pre electoral y tratar de desligar a Sergio de la pesada herencia Kirchnerista.
Pero Cristina no es la única sospechada de corrupción dentro del peronismo. Al impactante caso de Cecilia Strzyzowski, que por cierto se llevó puesta la gobernación del hasta entonces imbatible Capitanich en la Provincia del Chaco, se le sumó recientemente un escandaloso caso de corrupción con tarjetas de débito en el seno de la Legislatura de Buenos Aires, principal fortaleza electoral del peronismo.
Como si fuera poco, el mediático dirigente peronista, y ex intendente de Lomas de Zamora, que además es/era jefe de Gabinete de Kicillof, Martín Insaurralde, es descubierto en mares europeos, tomando champagne arriba de un carísimo bote, y en compañía de una exuberante modelo. Un affaire que de ninguna manera puede ser justificado con su salario de funcionario público, en el contexto de empobrecimiento de la clase trabajadora a quien el peronismo dice defender.
'Puede Sergio Massa decir “este tampoco es mi partido político”' Esta sumatoria de casos alimenta aún más el nuevo concepto hábilmente instalado por Javier Milei, que resume esta batalla interna de Sergio Massa y que le pone techo electoral: “la casta política.”
Mauricio Macri, “El argentinito”
Por su parte, Patricia Bullrich, quien mira preocupada las últimas encuestas que la ubican con comodidad en un tercer lugar, sufrió un inesperado golpe por parte del padre del espacio político que ella representa.
El ex presidente Mauricio Macri, quien en el pasado no ha tenido reparos en mostrar su simpatía por Javier Milei y sus ideas liberales, ha dado esta semana una nueva muestra de este casi clandestino “affaire” con una frase que podría ser mortal para las aspiraciones presidenciales de Patricia: "Si Milei gana la elección, espero que nuestra coalición apoye cualquier reforma razonable”.
Esta frase de Mauricio viene a curar una de las principales debilidades de Javier Milei: la gobernabilidad. Una de las mayores preocupaciones del electorado respecto del "león" es la presunción de que, si resultara electo presidente y aplicara las ambiciosas reformas que está planteando, no tendría suficiente volumen político para lograrlo.
Como el apoyo de gobernadores, diputados, senadores y un experimentado equipo de gobierno son necesarios, lo que Macri está diciendo es que él está dispuesto a prestarle todo eso que a Milei le falta. Así, invita a sus electores a votar indistintamente a Bullrich o a Milei. Aunque las reglas del ajedrez no lo permitan, este sería un raro caso donde el rey la da jaque mate a la dama de su mismo color.
¿Será que el principal objetivo de Macri es derrotar al Kirchnerismo y, sin importarle quien lo haga, el lo va a acompañar?, ¿o será que Macri conspira como un niño caprichoso y celoso de que otro lidere el partido que, como fundador, él considera de su propiedad, tomando una actitud propia del “El Argentinito” de León Gieco?
Javier Milei se frota las manos mientras sostiene cómodamente su estrategia y donde quizás la única novedad electoral que presenta sean sus dichos en el marco del debate presidencial del domingo pasado. Tuvo la osadía de decir frente a las cámaras que en Argentina hubo una guerra, donde los militares solo cometieron algunos excesos y que los desaparecidos no fueron 30.000 sino 8.700.
Lo que parece ser un desborde ideológico o una torpeza electoral, es en realidad “sintonía fina”. Milei está buscando correrse más a la derecha que Bullrich, para “birlarle” unos cuantos votos de un perfil de electorado muy conservador, que ambos comparten y se disputan. Patricia, atenta a la estrategia de su rival, responde con una constitucionalmente impracticable propuesta de poner micrófonos en las conversaciones entre los presos y sus abogados. ¿En esa pelea por ocupar la derecha de la derecha, Patricia Bullrich “se pasa de largo”?
Como sea, Milei considera que responderle a una candidata que está 10 puntos por debajo de él en las encuestas sería rebajarse. Por eso, delega la respuesta en su segunda, Victoria Villaruel, quien alega que la iniciativa “rompe con las garantías del debido proceso”.
Si la referente política más dura y derechista en Argentina, pro defensa de los militares y las fuerzas de seguridad durante la dictadura militar más sangrienta de la historia argentina, le dice a Patricia Bullrich “te pasaste de largo”, no tengan duda de que así fue.
Mientras la política se ataca ferozmente entre y dentro de sí a los piedrazos, en una frenética lucha por el sillón de Rivadavia, quienes tienen que asumir le herencia más pesada, a pesar de que esta nota así lo sugiera al principio, no son los políticos y sus disputas internas. Son los argentinos, quienes padecen una política tan cruel, que con tal de sumar algunos votos, no repara en abrir, de manera brutal, dolorosas heridas pasado, ni tampoco en erosionar el bolsillo de la población con un gasto público descontrolado.
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