A veces una crisis puede llegar a convertirse en una oportunidad. Una frase trillada para algunos, pero que toma sustento si se tiene en cuenta la historia de Fabiana Hartlich, una docente que supo abrirse camino luego de enfrentar uno de los momentos más difíciles de su vida debido a un problema de salud.
Oriunda de la localidad bonaerense de Quilmes, Fabiana llegó a Neuquén en 1989. Acababa de casarse y la promesa de un futuro próspero en la Patagonia en un entorno tranquilo, la llevó a tomar la mano de su flamante marido para construir una vida en la ciudad de las oportunidades, luego de que él aceptara un oferta laboral en una imprenta.
"Cuando llegamos, la zona donde vivo desde hace unos años -en Belgrano al 3600- era todo campo. Me acuerdo patente de los rollos de jarilla o alpataco rodando por el viento. Eso lo veía en las películas y creí que no existía", recordó entre risas haciendo referencia al barrio Huiliches, donde montó Encanto Ingenuo, el taller creativo al que hace dos décadas acuden grandes y chicos para aprender distintas artes visuales.
"En un principio, alquilamos una casa cerca del centro, sobre la calle Roca al 1500, cuando todavía era de tierra. En Buenos Aires yo pasaba tres horas por día viajando en colectivo. Trabajaba y estudiaba. Y acá me iba caminando a la Biblioteca Alberdi, donde trabajé durante muchos años. Una cosa impensada para mi, en comparación con cómo venía viviendo allá", comentó al destacar lo contenta que se sentía en aquellas épocas de adaptación, más allá del desarraigo y la tristeza de tener a sus afectos a más de 1.100 kilómetros de distancia. "Fue una elección de vida y todo lo que hice, creo que en Buenos Aires no lo hubiera podido hacer", sostuvo.
Luego de mencionar que su amor por la alfarería comenzó cuando apenas tenía 7 años, en un taller con la profesora Nélida González, Fabiana aseguró que creció con la ilusión de tener su propio taller en algún momento de su vida. Con ese deseo, arrancó el profesorado en Artes Visuales en Buenos Aires, carrera que terminó una vez que estuvo instalada en Neuquén. "En ese momento no sabía que estaba la carrera de cerámica, de lo contrario hubiera hecho la tecnicatura. Igualmente Bellas Artes mal no vino", consideró.
"A mi me encanta estudiar y los chicos, así que siempre me capacité y trabajé en escuelas primarias", señaló antes de contar que en el 2001 su vida cambió por completo debido a un accidente cerebrovascular (ACV).
"Estuve dos años en rehabilitación, en reposo. Por suerte no me quedó ninguna secuela. Las que tuve fue a nivel neurológico, no motor: perdía la vista, me desmayaba por la calle y me caía. Ahora estoy bien, pero no pude trabajar más en escuelas con niños. Como tomaba anticonvulsivos, me pasaron a tareas pasivas", contó.
"Lógicamente yo estaba totalmente deprimida", contextualizó Fabiana, antes de destacar el compromiso de su pareja, al ayudarla a abrir un taller de arte para que pueda hacer lo que más le gustaba: trabajar en docencia con los chicos. "Podría haberme dedicado a hacer cosas para vender. Si bien siempre estoy haciendo cosas, me gusta mucho más enseñar", deslizó.
Así fue como en 2003 nació Encanto Ingenuo, el taller que no para de sumar personas con ganas de aprender cerámica, vitrofusión y pintura.
"Al principio se llamaba ArtiChicos porque era solo para chicos. Eran poquitos los que iban en esa primera etapa, pero año a año se sumaban más. Con el tiempo me empezaron a pedir clases para adultos y cuando terminé los trámites en la Municipalidad para inscribir el espacio, sumé más edades y reemplacé el nombre por Encanto Ingenuo. Hoy tengo la misma cantidad de adultos que de chicos", postuló.
"En el último año comenzaron a venir chicas que habían venido cuando eran chiquititas. Es lindo, por otro lado, ver que muchos de mis alumnos hoy estudian Bellas Artes o algo relacionado. Varios son tatuadores o estudian maquillaje artístico, por ejemplo", destacó.
"Mi propuesta siempre fue hacer un trabajo integral: hacen dibujo, pintura, cerámica, vela y otras actividades. Siempre de acuerdo al interés que tenga cada uno y buscando siempre hacer algo nuevo", agregó al buscar las causas del gran nivel de convocatoria que siempre tuvo su espacio que en un principio congregaba a vecinos de la zona, mientras que ahora- por el poder de las redes sociales- atrae a personas de todo el Alto Valle de Rio Negro y Neuquén. "Viene gente de Cipolletti, Cinco Saltos, China Muerta, Centenario", resaltó.
Una experta en pintura naif, solicitada en distintos lugares del mundo
"El año que tuve el ACV empecé a pintar. Estaba en reposo y me volvía loca. Toda la vida trabajé y no podía hacerlo", dijo Fabiana, en otro tramo de la charla, al dar cuenta de otra afición más allá de la cerámica: la pintura naif o arte ingenuo. "De ahí salió el nombre del taller", apuntó antes de recordar su primera exposición en la Universidad Nacional del Comahue, llamada -precisamente- "Encanto ingenuo".
El estilo lo desarrolló en forma autodidacta durante la rehabilitación, capitalizando sus saberes y talento. Con el tiempo, logró hacer exposiciones en la Legislatura de Neuquén y en el Concejo Deliberante capitalino. En el 2015, la sorprendió una invitación para ser parte de una exhibición de pintura en Polonia.
"Me contactaron por el Facebook, yo no lo podía creer. Vieron mi trabajo en las redes y me convocaron para un encuentro de pintores que se hace todos los años. Fue una alegría. Mi esposo en un primer momento pensó que era mentira, pero decidimos ir. Teníamos que ver cómo porque todos no podíamos viajar, teníamos a nuestros hijos en el secundario. Finalmente viajamos mi esposo y yo y fue una experiencia extraordinaria. Jamás hubiera imaginado que iba a salir del país para exponer", manifestó.
"Luego esa exposición la llevaron a Alemania y después a Francia. Fue todo una gran alegría. Luego me invitaron a Perú, Brasil y Buenos Aires, donde expuse varias veces", agregó.
"Hoy en día exponer en el exterior sale muy caro por los envíos. Yo siempre enviaba todo con antelación por correo. Además los pasajes tenés que pagarlos vos", dijo al explicar por qué desde hace un tiempo no participa tan activamente de esas propuestas.
Con todo, su usina creativa nunca se detuvo. "Parte de mis cuadros los he plasmado en arcilla, así que tengo esculturas de fragmentos de mis cuadros, todo con la onda naif", comentó.
"El problema que tuve de salud me cambió la vida. Mi sueño era tener un taller así, no sé si lo hubiese hecho más adelante, si hubiese esperado a jubilarme.
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