Transportistas escolares reclaman por deudas del CPE: "Nunca estuvimos tan mal"
Los choferes aseguran que el Consejo Provincial de Educación les adeuda pagos desde agosto y que este año trabajaron con demoras de hasta cinco meses.
Los transportistas escolares que trabajan para el Consejo Provincial de Educación (CPE) volvieron a exponer una situación que consideran “insostenible”. Acusan atrasos sistemáticos en el pago de sus servicios y advierten que muchos llevan más de tres meses sin cobrar, mientras otros pasaron hasta cinco meses sin ingresos durante el año.
Andrés González, transportista con más de una década en el rubro, describió el escenario como “uno de los peores años desde lo administrativo”. La problemática afecta a choferes de toda la provincia, quienes trasladan diariamente a estudiantes de zonas rurales hacia escuelas primarias, secundarias, jardines y establecimientos de educación especial.
El servicio se presta a partir de licitaciones que se realizan cada inicio de año en los distintos distritos del CPE.
El retraso en los pagos fue una constante durante 2024 y se profundizó este año, según González. “Empezamos en febrero y la primera factura la cobramos en julio”, relató en diálogo con LU5. Actualmente, muchos choferes siguen sin percibir los montos correspondientes a agosto, septiembre ni octubre.
El transportista explicó que la cadena administrativa es larga y suele trabarse en distintos puntos. “Hay distritos que se retrasan en enviar las facturas al Consejo. Cuando llegan al CPE, tarda en verse reflejado en el sistema de Economía y después Economía demora otro tanto en enviar el dinero”, detalló.
El panorama se complicó aún más esta semana: transportistas de Plottier fueron informados en el Consejo de que las facturas de agosto no se cargarán hasta el mes próximo por falta de cuota presupuestaria.
Un sistema complejo: certificaciones, días no trabajados y expedientes
Lejos de ser un trámite simple, la facturación mensual depende de distintos pasos obligatorios. González indicó que los pagos se realizan por día trabajado, lo que implica que jornadas afectadas por paros, falta de servicios o suspensión de clases no se cobran.
“Si hay paro de ATE o ATEN, no trabajamos y ese día no lo cobramos. Si la escuela no tiene gas, agua, luz o suspende por cualquier motivo, tampoco. Cada día que trabajamos debe ser certificado por la escuela y esa certificación avala nuestra factura”, explicó. Luego se arma un expediente con toda la documentación exigida y recién entonces ingresa al circuito administrativo.
El chofer remarcó que muchos transportistas siguen trabajando sin contrato formal. “Hay colegas que todavía no tienen orden de servicio ni contrato y están trabajando por reconocimiento”, afirmó.
Costos, obligaciones y una actividad que ya no se sostiene sola
La situación económica obligó a gran parte del sector a buscar otras fuentes de ingreso. “Yo tengo otra actividad para poder financiar el trabajo que hago para el Estado”, reconoció González, quien además trabaja en una empresa gastronómica. “La mayoría se las rebusca con viajes particulares, salidas con grupos o llevando chicos a actividades recreativas para poder llegar a fin de mes”.
A pesar de las dificultades, los requisitos para operar siguen siendo estrictos: verificación técnica obligatoria cada seis meses, seguros para pasajeros, antecedentes provinciales, carnet LINTI para transporte de personas y toda la documentación fiscal al día. “Si nos cae el CUIL o no tenemos certificado fiscal, no podemos trabajar. Tenemos que estar al día con rentas, ingresos brutos y todo lo que se exige a un proveedor del Estado”, aclaró.
“Nunca estuvimos tan mal”: pagos fragmentados y sin fecha
Más allá de la acumulación de deudas, otro punto crítico es la forma en que se paga cuando finalmente se habilita el presupuesto.
“No cobramos todo junto. Si cargan agosto y hay dinero, pagan agosto. Si después hay presupuesto para septiembre, pagan septiembre. Y así. Es como viene ocurriendo hasta ahora”, señaló González. Los choferes temen que, a este ritmo, recién a mitad del próximo año se logren regularizar los montos correspondientes a los últimos meses de 2024.
El transportista insistió en que la actividad no puede sostenerse sin ingresos regulares: “Todos laburamos y lo único que queremos es llevar el pan a la casa. No es un hobby. Tenemos choferes, obligaciones y familias que dependen de esto".
Aunque los pedidos de regularización se repiten año tras año, esta vez los prestadores aseguran que el deterioro administrativo llegó a un punto límite. “Nunca estuvimos tan mal. Esperemos que esto se solucione”, sintetizó González.
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