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Un rato sin pantallas: las noches de juegos de mesa que cautivan en Neuquén y Cipolletti

Lu Elizalde y Nico Vergara llevan adelante hace más de un año Akelarre- juegos en movimiento, una propuesta lúdico recreativa para todas las personas y todas las edades.

Llevamos un ritmo de vida vertiginoso, ¿no? Muchas veces bajo lógicas que nos conminan a la productividad, a una idea de éxito -aunque no sepamos bien de qué va eso-, esperando resultados o compitiendo con otros y otras, o hasta con nosotros mismos. Muchas veces tenemos trabajos precarizados, o súper demandantes, o nos autoexplotamos.

Y cuando necesitamos parar, nuestros tiempos de ocio son entre pantallas: el celular, plataformas que ofrecen series y películas, la computadora… pantallas, pantallas y más pantallas. ¿Y qué hay del encuentro con otros y otras, de reírnos con despreocupación, de generar complicidad o de hacer comunidad? ¿Y qué hay, por ejemplo, de jugar? Ganamos, perdimos, pero igual nos divertimos, ¿se acuerdan? En estos tiempos, ¿no será que queremos siempre ganar?

Lu Elizalde y Nico Vergara piensan en todo esto. Hace un año y tres meses decidieron apostar a Akelarre- juegos en movimiento acá en el Valle, un proyecto en el que organizan noches de juegos de mesa con, en algunas oportunidades, dinámicas que también convocan a poner el cuerpo para jugar y recrearse. Akelarre sucede miércoles de por medio en el bodegón Cae Babylon, en Santiago del Estero 16, en Neuquén, y martes de por medio en La Casa de la Bodega, en Tres Arroyos 375, en Cipolletti. Pero también rotan por otros lugares, como los espacios culturales Orillas y Trinchera, la cervecería Árbol, y La Vieja Estación, de Centenario.

De La Plata al Alto Valle

Se puede ir en grupo, de a dos, o solo o sola. Además de tener la opción de comer y tomar algo, hay más de 100 juegos para elegir. Quien va en soledad, pues se acopla a un grupo sin problemas -doy fe que lo he hecho-, como hacíamos de niños que íbamos a la plaza o a un cumpleaños y nos sumábamos al juego. Lu y Nico están ahí para contar de qué va cada juego, explicar las reglas y también asesorar sobre cuál es mejor de acuerdo a la cantidad de participantes o ansias de desafíos que se tengan.

“Capaz que cuando uno dice juegos mesa asocian al jenga o al truco y acá nada que ver. Estos juegos son muy diversos, tienen más o menos complejidad, algunos son para pensar más, otros apuestan a la creatividad, o a colaborar. Es para todo tipo de personalidades y edades”, destaca Lu, quien fue la impulsora de este proyecto, que luego potenció con Nico.

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“Akelarre nació en La Plata, yo estaba viviendo allá y, para cuando estábamos saliendo de la pandemia, encontramos, con una amiga y un amigo, esto como un buen pretexto para encontrarnos. Compartíamos y la pasábamos re lindo, aunque ellos no eran tan del palo de la recreación”, amplia Lu y agrega que con Nico, con quien sí comparte ese recorrido que tiene que ver más con lo lúdico recreativo, le buscaron otra vuelta cuando ella se volvió al Valle. “Con Nico ambos somos profes de Educación Física, pero desde lo pedagógico los dos venimos de lo recreativo y estamos alejados de esa lógica más convencional, ese carácter más deportivo y competitivo”.

El hilo rojo del juego

Akelarre lleva un año y tres meses de vida -intensa- en estos pagos que habitamos. Desde entonces que conozco a Lu y a Nico y admiro esa complicidad de compinches que tienen. “Podríamos decir que nos conocemos de toda la vida”, arranca Nico y sigue: “El papá de Lu fue mi profe en EFI (Educación Física Infantil) en el CEF, hace casi treinta años. Después, de adolescentes, ambos íbamos a un taller de circo, yo en uno y ella en otro. Al tiempo, unos años después de eso, nos encontramos haciendo murga, ella, murga porteña y yo, murga uruguaya. Estábamos siempre en el mismo ámbito, pero siempre cada uno en la suya”. Si bien Nico tiene 34 y Lu, 29, siguieron cruzándose, incluso en la facultad.

“Cuando yo estaba en tercer o cuarto año de la carrera Lu entró a primero. Después de recibidos, un día me la encuentro en la calle y me convoca para un proyecto de profes en escuelas, yo quedo en una escuela y ella en otra. El juego siempre nos encontró en movidas similares, pero nunca terminábamos de coincidir en algo juntos. Hasta que ella volvió de La Plata y coincidimos para hacer Akelarre”, relata Nico.

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Quizás desde aquella película tan promocionada, solemos hablar del hilo rojo que une a las personas románticamente. Sin embargo, los hilos rojos también nos unen a las amigas, los amigos, nos llevan a aquellas personas con quienes armamos red, comunidad, con quienes compartimos intereses.

En el caso de Nico y Lu, el hilo rojo fue el juego, definitivamente.

Estado de juego

Ambos cuentan cómo el juego siempre estuvo presente en sus vidas y en su entorno familiar. “Yo diría que a Nico y a mí nos define el juego. Él tiene el espacio de Imaginate, su mama es dueña de esa juguetería hace 20 años, y yo en mi familia también lo experimenté. Se daban noches de juegos de mesa y jugábamos todos, de todas las edades. Ahí me di cuenta de que eso unía y generaba algo muy positivo”, afirma Lu.

Seguramente por eso, los dos encararon sus trabajos de profesores, dentro y fuera del ámbito de la escuela, desde una filosofía lúdica y con herramientas de la recreación. En las noches de Akelarre, eso está presente. En algunas fechas especiales, como en el primer aniversario, que celebraron en mayo en el Espacio Cultural Orillas, apostaron a ir más allá de los juegos de mesa.

A esa noche de juegos asistieron cerca de 40 personas súper predispuestas a poner el cuerpo y divertirse en grupo. Así, hicieron juegos de presentación y se agruparon según sus signos del Zodíaco para, entre cinco o seis, representar con sus cuerpos, máquinas que el resto de los participantes tenían que adivinar.

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“Lo que es que el juego te atraviese por el cuerpo es algo muy hermoso. Una vivencia única. Y creo que nuestra idea es retomar estos encuentros a medida que los días empiecen a estar más lindos. Quizás una vez al mes”, cuenta Lu.

Mientras, las noches de juegos, tanto en Neuquén como en Cipolletti, explotan de público. Desde El Melómano hasta uno para escribir haikus, el Erudito, el Dables, el Mind, Dígalo con memes, juegos colaborativos o para dibujar. La oferta es infinita. “Hemos evolucionado en cantidad de juegos y también nos vamos arriesgando al probar algunos. Hay juegos más simples y otros más complejos que vamos proponiendo. Con los aportes que hace la gente en las fechas, vamos comprando juegos nuevos”, comenta Nico.

También, hace hincapié en la importancia del rol que desempeñan con Lu al momento de explicar las reglas de cada juego: “Mediamos entre el juego y los participantes. Por eso nos tomamos el tiempo de explicarlo y dejamos todo para que el juego ya se genere, es decir, dejamos el juego andando. Si quizás dejáramos sólo el juego y que el grupo tenga que leer las reglas, quizás el juego no se termina dando”.

Para eso, ambos invierten tiempo en estudiar cada juego, en probarlos, y así también saber para qué grupo o para qué momento recomendarlos. Nico dice que “más allá de encontrarnos a jugar, lo hacemos desde un lugar responsable, lo tomamos como un laburo al que le ponemos tiempo, energía e inversión. Y también una estética y un sentido”.

Eso sí, ambos enfatizan que un aspecto importante de la recreación es tener la posibilidad de elegir si jugar o no y a qué. “Akelarre es un espacio super cuidado, nadie tiene la obligación de jugar, es todo desde la libertad y de la elección. También podemos cambiar reglas en algunos juegos”, dice Lu, y Nico agrega que “eso tal vez sí viene más de lo educativo porque somos profes: las reglas las podemos ir poniendo mientras estamos jugando”.

Una movida que abre muchas posibilidades

Al hablar con ellos, aprendo sobre el vasto universo de los juegos de mesa en el país. Hay noches de juego de mesa en Salta, en Rosario, en Córdoba… “Se ha dado en estos últimos veinte años que surjan editoriales argentinas de juegos de mesa y hay todo un movimiento de encuentros de juegos de mesa y de recreación”, comparte Nico. Cada año, además, se realiza el Encuentro Nacional de Juegos de Mesa -que en este 2024 tendrá lugar en Mar del Plata-, y en distintos puntos del país se llevan adelante jornadas y espacios de recreación y tiempo libre.

Así, la cantidad de juegos que existen y circulan y las posibilidades que se abren son, por suerte, infinitas. Por ejemplo, Akelarre ahora también es un punto de venta de juegos. “Hay personas que vienen a jugar que se están armando sus propias ludotecas”, comparte Nico mientras Lu destaca que “la idea es, justamente, que no quede en ‘vamos a Akelarre y jugamos’ sino que la gente pueda tomar el juego como medio de vida, en lo cotidiano, como un recurso para compartir con su gente”.

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Otras de las posibilidades que ofrecen es ir a eventos particulares, como un cumpleaños. Lu lo ejemplifica: “vamos al lugar del festejo, ponemos los juegos en un lugarcito que estén como a la vista y vamos generando el encuentro. Sabemos que para arrancar está bueno hacer primero un juego de presentación. Entonces si ya tenemos alguno usamos ese o si no armamos con anticipación otro. Luego proponemos juegos para que se mezclen los invitados y vamos sumando variantes. Ahí sí está la parte más profesional que tenemos, sabemos con qué juego arrancar, las dinámicas de los grupos. Y es algo que puede durar dos, tres horas.”

En vistas de que el proyecto crece cada vez más, Lu y Nico piensan en expandirse. Akelarre se suma a los trabajos que, como docentes, llevan adelante cotidianamente y no dan abasto con la demanda de más noches de juegos en otros lugares. “Tenemos muchas ideas para hacer, pero hoy en día estamos nosotros dos solos”, dicen. En algún momento se sumó Meli Hoyos, una amiga de Plottier, y también suele estar y acompañar Roche Carbajo, quien en algunas fechas, además, sumó su música y sus canciones -es la fundadora de la banda neuquina Papel Glasé- a la noche de juegos.

Akelarre - Entrevista noche de juegos Cae Babylon

Hacer algo distinto

Neuquén o, mejor dicho, esta extensa zona del Alto Valle que, afortunadamente, tiene fronteras cada vez menos visibles en relación a su vida social y cultural, alberga múltiples ofertas en ese sentido y Akelarre es, sin dudas, una de ellas.

En momentos como este, de exacerbación del individualismo, de encierro entre dinámicas virtuales, salir al encuentro real y tangible con otras personas, animarse a nuevas amistades, predisponerse a reír y compartir, multiplica. “Nosotros decimos que se animen a eso: a hacer algo distinto. Y mejor si andan con ganas de conocer gente. Porque hoy en día cuesta muchísimo conocer gente, ya sea para hacer amistades nuevas o encontrar alguien que te guste, quién te dice”, arriesgan Lu y Nico.

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Lu resalta que hoy “la gente está muy reticente, muy en su grupo o en su teléfono, sólo dentro de su círculo y todo lo que es nuevo cuesta un montón, entonces cuando vemos que sucede el encuentro, el conocerse, el encontrarse fuera de las pantallas, es súper gratificante para nosotros. Y nuestro objetivo es seguir potenciando y fortaleciendo eso.” “Es una invitación al juego y cuando eso sucede es mágico. Cuando las personas se animan a dar ese paso y entrar en ese universo se re enganchan”, suma Nico.

La invitación está hecha. En Neuquén o en Cipo, en soledad o en grupo. Un rato sin pantallas… y a jugar.

Testimonios de tres fieles jugadoras

Magda (39) y Pupy (44) están esta noche de miércoles en Cae Babylon, junto Paula, que es sobrina de Pupy y tiene 17 años. Cuentan que vienen siempre desde que arrancó la movida de Akelarre y con el tiempo sumaron a Paula y a su hermano Julián (15), que esta noche pegó el faltazo porque se fue a jugar al fútbol.

“Solemos jugar al Mind, aunque hoy probamos dos juegos nuevos. Siempre depende de con qué ganas venimos, quizás queremos algo más mental o no. A veces arrancamos con algo más complejo y cuando ya es más tarde elegimos algo más relajado”, describe Magda sobre la experiencia.

Pupy suma que “también pensás con quién jugar cada juego. Entonces quizás conocemos un juego nuevo y decimos ‘para este podríamos invitar a mi hermana’, por ejemplo”.

Las tres coinciden en que no hay propuestas tan abarcativas para todas las edades y que para las adolescencias es una gran oportunidad de salir de la pantalla del celular. “Yo empecé a venir con ellas siempre y después un día me organicé con mis amigas y vinimos en grupo”, comparte Paula.

“Siempre te dan ganas de invitar más gente”, dice Magda y cuenta que hace poco también invitó a una compañera de trabajo -es docente- y su hijo. “Es más, las docentes acá sacamos ideas para el aula también”, concluye.

La propuesta podés seguirla en el IG @akelarre.juegos

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