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La Mañana feria

Una feria de identidad

La Feria del Libro de Neuquén inauguró con el lanzamiento de un sello editorial para revalorizar sus narrativas propias.

Aquel que piense que la Feria del Libro de Neuquén es una propuesta que sólo imita los eventos editoriales de otras grandes ciudades está muy equivocado. Y le bastaba con asistir a la primera jornada de la edición 2024 para comprobar el tamaño de su error. Porque entre los stands de libreros y las anaqueles repletos de historietas se concentra, se transforma y se multiplica la pura neuquinidad.

Este martes, con el viento de septiembre como un eterno invitado de la Feria, Emiliano Sapag presentó su libro Neuquén Quimey: un mosaico con retratos de casi 20 personajes que forjaron, con su propia historia, el carácter de la provincia; una selección caprichosa, pero cariñosa de los nombres propios más disímiles que, en un complejo trencadís de Gaudí, siembran el germen de la identidad neuquina.

Emiliano se ataja: no es historiador. Por eso, no escribe historia, sino retratos; pinceladas de personajes que nacen, crecen, se unen y así se transforman en una simbiosis intrincada que sólo se comprende desde el corazón. ¿Qué tienen que ver el coronel Olascoaga con el "Huevo" Acuña? "Mucho", dice el autor, que encontró en el empuje contra la adversidad un hilo conductor para demostrar cómo el carácter neuquino se formó domando un desierto, una tierra olvidada que era, al mismo tiempo, un oasis de oportunidad.

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Ese libro coral muestra una provincia llena de cruces y diálogos. Comienza, quizás, hace 15 mil años, con los primeros pobladores de esta tierra, que hacían frente al más hostil de los climas. Y también empieza después, con los árabes que se refugiaron en el desierto, expulsados de otras grandes ciudades argentinas que preferían recibir a migrantes con la piel más clara. Y así, recién llegados, se las tuvieron que ingeniar sin más herramientas que ese don innato para comerciar y conectar con gente.

La neuquinidad se entiende con los retratos de Gregorio Álvarez y Marcelo Berbel, los mestizos que no negaron la mezcla de su sangre y, en cambio, sacaron lo mejor de mapuches y de huincas, orgullosos de ser un poco de los dos. O quizás con el empuje de Temístocles Figueroa, que sembró saberes con una escuela y también sembró bosques en el desierto, con las manos y la pala como únicas armas contra la desolación.

Y aunque no lo admita, el autor sí escribe la historia de Neuquén. Porque un lugar no es otra cosa que la suma y el intercambio de quienes lo habitan y lo transforman.

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Neuquén es la suma de sus héroes espontáneos, como Rubén Carolini con sus dinosaurios, o Luz Sapag con su lucidez tan efímera como innegable. Y de sus mártires, como Omar Carrasco o Carlos Fuentealba, que no buscaron ser héroes, pero sembraron luchas nuevas con sus muertes prematuras. Y la suma de sus ilusiones, como las de Rosana Sastre levantándose de sus caídas sobre los patines para colgarse medallas doradas.

Emiliano pide disculpas: cualquier selección es tan azarosa como injusta. Y sabe que muchos nombres propios quedaron afuera. Y que esa historia de Neuquén, "que siempre encuentra la forma de volver", se sigue escribiendo hacia el futuro, con miles de páginas vacías que nos toca llenar a nosotros.

Hoy, en el mismo terruño, pero a otra velocidad, se multiplican los cruces y los diálogos. Y ahí en la Feria se ven: en sus stands con libros foráneos y con autores -y lectores- propios, que maman la complejidad de su propia historia para escribir las páginas que seguirán después.

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