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La Mañana Noemí Labrune

Una imagen que retrata la dimensión de Noemí Labrune

La historia de una fotografía tomada a la histórica dirigente de la APDH durante las audiencias del primer juicio a los represores de la región.

El primer juicio contra ocho ex militares de la región acusados de delitos de lesa humanidad se inició en agosto de 2008 y se extendió hasta diciembre de ese año. Las audiencias se realizaban en el edificio del Tribunal Oral Federal 1 de la ciudad de Neuquén ubicado sobre la calle Carlos H. Rodríguez.

Veinticinco años habían pasado del cierre de esa página oscura de la historia argentina. El 18 de agosto de 2008, ingresaron al Tribunal ocho de los principales represores que tuvieron a su cargo el centro clandestino de detención La Escuelita, que funcionó en el fondo del Batallón de Ingenieros en Construcciones 181, durante la última dictadura militar. Fue uno de los momentos más esperados por la sociedad neuquina. Y, por supuesto, para Noemí Labrune, la fundadora junto al obispo Jaime De Nevares de la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH) de Neuquén en plena dictadura militar. Se iniciaba así el primer camino para condenar los delitos de lesa humanidad ocurridos en la región.

Frente al tribunal un numeroso grupo de manifestantes permanecieron en el lugar con cánticos, con consignas contrarias a los militares y esperaban la salida de los testigos, sobrevivientes y familiares de víctimas de la dictadura que declaraban.

Las audiencias se extendieron durante cuatro meses, y en algunos de los momentos de descanso que los jueces del tribunal disponían, los manifestantes se reunían para conversar sobre el desarrollo del juicio.

Noemí Labrune siguió atenta cada una de las audiencias, cada una de las declaraciones de los testigos, de los sobrevivientes de las torturas y de los familiares de los desaparecidos.

En uno de esos descansos que disponía el tribunal, el fotógrafo Luis Alfredo García registró un momento que refleja la dimensión de esta emblemática luchadora por los derechos humanos que falleció este domingo.

Ahí estaba Noemí, sentada en el cordón de la vereda frente al Tribunal que juzgaba a los represores, apoyando su espalda en el tronco del árbol.

Esa mujer lee en silencio la historia, ese resplandor al que no ha dejado de luchar.

Esa mujer empuña con pasión la memoria y ahora somos su rostro, el de aquellos sueños contra todas las formas del olvido.

Esa mujer lee en el rumor de la tarde y brilla en su lealtad.

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