El clima en Neuquén

icon
18° Temp
59% Hum
La Mañana médica

Una médica que contagia dedicación y alegría para curar a sus pacientes oncológicos

La médica Alejandra Cédola, especialista en Oncohematología de Neuquén, organiza a fin de año un encuentro donde confluyen niños y adolescentes que se curaron, quienes transitan la enfermedad y tratamiento y sus familiares.

“Desde chica siempre fui muy asistencial, cualquier cosa que pasaba en el barrio ahí iba yo para ayudar”, cuenta la médica Alejandra Cédola al rastrear el germen que desde pequeña la llevó a definir su vocación. Esa inclinación por la pediatría se terminó de consolidar cuando a los 13 años, junto a otras amigas de La Plata, ciudad donde nació, se convirtió en voluntaria de la Casa Cuna. “De los 13 a los 15 años hice el voluntariado, les enseñábamos a caminar, a comer a los niños que eran huérfanos, a partir de esa experiencia quise ser pediatra”, describe a LMNeuquén.

Una vez finalizado los estudios secundarios, cursó los seis años de la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de la Plata y al recibirse, en 1980, se inscribió en las residencias municipales en el Hospital de Niños Pedro de Elizalde, el más antiguo de América, ubicado en el barrio porteño de Constitución. Por entonces, su intención era especializarse en Hematología Infantil y si podía ser en el exterior mucho mejor. Buscó becas y dio con las que se ofrecían en el Hospital de Timone en Marsella, Francia. “Fue todo un desafío porque no sabía hablar muy bien el francés, había hecho un curso en la Alianza Francesa pero no bastaba. Además siempre quise ir a Europa, surgió esa posibilidad y me fui con un novio que resultó ser el papá de mis dos hijos”. “Estuve dos años y medio y aunque tuve posibilidades de trabajo en el Hospital Necker de París decidimos volver porque mi pareja tenía que terminar su carrera de Diseño Industrial que había dejado la facultad para acompañarme”, describe.

El regreso al país no fue como esperaba así que no tuvo otra opción que hacer guardias de pediatría en un hospital de Buenos Aires, “en ese momento no existía la autopista así que me levantaba a las 5 de la mañana para llegar a las 8 porque vivíamos en La Plata”. Al salir de la guardia se iba a Plaza Italia para vender muñecos para afrontar los gastos para sobrevivir. “Fue un tiempo de mucho sacrificio”, subraya.

SFP Alejandra Cedola medica Oncologa (22).JPG

"A los 13 años, junto a otras amigas de La Plata, hicimos el voluntariado en la Casa Cuna. Les enseñábamos a caminar, a comer a los niños que eran huérfanos, a partir de esa experiencia quise ser pediatra”, explica Cédola. Foto: Sebastián Fariña Petersen.

El destino que buscaba la joven médica se fue aclarando al ingresar al Hospital de Niños Sor María Ludovica donde comenzó a desempeñarse como hematóloga infantil. En tanto, su familia se había instalado en Neuquén ya que su padre trabajaba en Hidronor. En una de las visitas a sus padres, con un divorcio a cuestas y dos hijos pequeños, su madre la convenció para que buscara trabajo en el Hospital Castro Rendón. “Había trabajo solo para hematólogos por lo que tenía que hacer adultos y niños y yo nunca había hecho adultos, en realidad no me gustaba y no estaba preparada para ello”, explica. Alguien le sugirió que lo fuera a ver a Roberto Raña, el primer médico hematólogo de la Patagonia, que había creado el servicio de Hematología y Hemoterapia del hospital provincial y que en ese entonces tenía su propio laboratorio. “Ni bien lo conocí me llevó a ver los pacientes que tenía porque se había ido de la actividad hospitalaria y estaba trabajando con su hermano en privado, y ya quería que comenzara a trabajar”, relata. Se emociona al referirse a Raña porque “fue un gran profesional, me enseñó mucho la parte de laboratorio, con Roberto aprendí lo que nadie me había enseñado, era una felicidad ver médulas con él, compartíamos casos, fue un gran amigo, una gran parte de mi profesión y de mis afectos”, describe a quien la ayudó a consolidarse en la profesión que eligió. Aquella médica que vendía muñecos en Plaza Italia se convirtió a comienzos de los ‘90 en la primera hematóloga infantil del Alto Valle.

En la actualidad Cédola integra el Equipo de Hematólogos de Clínica Roberto Raña y es jefa del servicio de Oncohematología de la Clínica San Lucas, cargo que ocupa desde el año 2000.

Afirma la importancia que tiene cada uno de los profesionales que forman parte del servicio que encabeza y menciona a Constanza Drosdowski, Quillen Echaide Zingoni, Florencia Lagos y Bety además del grupo de Enfermería conformado por Nono y Rosi, entre otras. Confiesa que siempre ha sido muy optimista a pesar de saber que en su especialidad debe afrontar y dar a conocer a niños y adolescentes y a sus familiares, diagnósticos difíciles como cánceres, leucemias, linfomas y tumores.

SFP Alejandra Cedola medica Oncologa (20).JPG
La profesional con una de las pacientes luego de un tratamiento. Foto: Sebastián Fariña Petersen.

La profesional con una de las pacientes luego de un tratamiento. Foto: Sebastián Fariña Petersen.

Uno de los momentos más esperados por quienes integran el servicio como así también para los pequeños pacientes y sus familias es la fiesta de fin de año que realizan desde el 2001. Convocados por el servicio, los chicos y las familias se convocan en el Club Santafesino para pasar una jornada de encuentro, diálogo, juegos y recreación.

“Un sector del club se llena con nuestros pacientes oncológicos y sus familias donde hay música, canciones, juegos y magos. Esto permite que haya muchísimo intercambio social, las familias se apoyan unas a otras. Además el grupo de enfermería hace un souvenir, el año pasado fue un arbolito de navidad, para entregarles a los niños”, explica.

“Siempre estuve abocada a la salud y a la alegría de los niños”, comenta. La idea de este encuentro que se convirtió en un clásico surgió porque “había familias que de alguna manera querían devolver todo lo que se les había brindado, el sostén y apoyo emocional. Veía que había familias que eran muy positivas con el diagnóstico y tratamiento de sus hijos y otras que tomaban la enfermedad como algo terminal. Entonces se nos ocurrió que realizando este encuentro podía ser una bocanada de oxígeno para todos”. "Es de alguna manera realizar uno de mis sueños, el de sentir la caricia de mi alma al ver todos estos niños felices, sus carcajadas quedan guardadas en mi corazón", precisó la especialista. Ese encuentro de fin de año no es el único que lleva adelante el servicio ya que también festejan el Día del Niño.

Describe con emoción esa imagen que se reitera año tras año, chicos con sus catéteres venosos junto a otros que pasaron por esa situación, sintiéndose compañeros, pares, estableciéndose un gran vínculo. “Esas situaciones de verse como pares es algo que a veces en la actividad escolar no sucede porque se los enajenaba, se los excluía”, agrega. Menciona a Bety Smilovich, jefa de Enfermería del Servicio, “de gran experiencia porque trabajó en el Hospital Privado de Córdoba en trasplante y con ella logré tener una gran vinculación no solo laboral sino afectiva con objetivos muy comunes”.

encuentro pacientes oncologicos.jpg
Como todos los fin de año, el servicio que encabeza Alejandra Cédola organiza el encuentro donde asisten pacientes y familiares, los niños y adolescentes que se han curado, algunos de ellos que ya son adultos, y el plantel de profesionales.

Como todos los fin de año, el servicio que encabeza Alejandra Cédola organiza el encuentro donde asisten pacientes y familiares, los niños y adolescentes que se han curado, algunos de ellos que ya son adultos, y el plantel de profesionales. "Es de alguna manera realizar uno de mis sueños, el de sentir la caricia de mi alma al ver todos estos niños felices, sus carcajadas quedan guardadas en mi corazón", precisó la especialista.

El diálogo con Cédola transcurre mientras muestra cada uno de los sectores que conforman el área y al abrirse las puertas de las habitaciones donde se encuentran los pacientes que están en tratamiento la profesional brinda abrazos, risas, caricias que le son retribuidos. “En esta profesión se sufre, se llora, se abraza pero se sigue adelante”, destaca al despedirse de una adolescente que terminó su tratamiento y pronto sumará la palma de su mano en el cuadro que cuelga en el consultorio de Cédola como señal de curación. La médica señala también otros cuadros donde hay mensajes y dibujos de los pequeños pacientes e infinidad de agradecimientos por parte de las familias.

“También en esos encuentros anuales aparecen pacientes que hace años superaron la enfermedad y lo hacen junto a sus hijos, y están los que se convirtieron en colegas porque a través de su enfermedad le tomaron el gusto a la medicina”, cuenta después de despedirse de Camila, una de las pacientes proveniente de Las Lajas, que acaba de finalizar su tratamiento y con una gran sonrisa acepta posar para la foto.

“Volvería a elegir esta profesión que elegí desde muy joven aunque a veces te invade el dolor cuando aparece un niño con una enfermedad o cuando fallece”, precisa.

SFP Alejandra Cedola medica Oncologa (12).JPG
En su consultorio se despliegan infinidad de fotografías y mensajes de agradecimientos de sus pacientes que transitaron la enfermedad y se curaron. Foto: Sebastián Fariña Petersen.

En su consultorio se despliegan infinidad de fotografías y mensajes de agradecimientos de sus pacientes que transitaron la enfermedad y se curaron. Foto: Sebastián Fariña Petersen.

La música y el tenis como “cables a tierra”

La vida de Alejandra Cédola no sólo transcurre en los consultorios y en los congresos de la especialidad, también despliega cierto talento en la música y en el deporte. “Necesito hacer otras cosas para recargar pilas”, apunta la mujer que se define como “una artista reprimida". Cuenta que antes de comenzar la carrera de Medicina estudió Bachillerato de Música en la Escuela de Bellas Artes de La Plata. “Estuve en el coro de Bellas Artes y en Neuquén en el de Naldo Labrín”, precisa. Cuenta que su pasión por la música le fue transmitido por sus padres. “Mi padre cantaba tangos y mi madre boleros. La música en mi casa siempre fue un cable a tierra y una manifestación de alegría. Con mi hermana Estela cantábamos cuando eramos chicas”, asegura. “Yo salí media melancólica para las canciones, mi hijo a veces me dice ‘Basta mamá de boleros’, pero a mí me sigue gustando mucho la música”, explica.

Por otra parte, la actividad física es otro “cable a tierra” en su cotidianidad. Desde hace varios años juega al tenis “dos veces por semana en el Club Alemán y una vez por semana en Rincón Club de Campo”, explica quien en noviembre pasado participó junto a otras 600 tenistas del Argentino de Veteranas que se realizó en la capital neuquina.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas