No les hizo falta título para ser mamás del corazón

Desde hace 20 años cuidan a niños para que sus padres trabajen.

Ana Laura Calducci
calduccia@lmneuquen.com.ar

Neuquén
No son maestras ni asistentes sociales. Son mamás que cuidan hijos de otras mamás. Empezaron hace más de 20 años, en San Lorenzo Norte, como un grupo de mujeres desocupadas que se ayudaban a salir adelante. Unas atendían a los chicos mientras otras iban a contraprestar por el subsidio. Hoy, reciben a los bebés de esos primeros alumnitos, ya adultos, que vuelven a reencontrarse con las madres del corazón con las que compartieron su infancia.

150 niños se anotaron cuando las mamás comenzaron a dar sus primeros pasos.

Ese primer grupo de mamás solidarias, que se formó en 1995, se convirtió con los años en una guardería comunitaria. Se llamaron Piñen Piuque, “hijos del corazón” en mapuche. Hoy tienen salitas por edad y están reconocidos formalmente como una “asociación de madres”, con personería jurídica. Los nenes reciben desayuno y almuerzo, más talleres de manualidades, matemática y hasta inglés. “La idea surgió cuando estaban los planes Preno, Jefes de Hogar y Ley 2128, porque muchas dejaban a sus chicos encerrados para ir a trabajar por el subsidio y a veces sin darles de comer. Era una época muy difícil”, recordó Norma Candia, una de las fundadoras, que hoy sigue participando del proyecto.

Contó que, cuando empezaron, tenían 150 chiquitos anotados, “y éramos dos nomás, Cristina y yo, las que nos habíamos ofrecido”. Desbordadas, convencieron al coordinador de los planes para que dejara a algunas mamás contraprestar dentro de la improvisada guardería.

Recién cuatro años después consiguieron un edificio. Les prestaron un inmueble de la Provincia y, sin dudarlo, aceptaron. Hoy siguen ahí, aunque les está quedando chico.

Los pequeños las llaman “tías” y mantienen con sus cuidadoras una relación más estrecha que con una maestra. “Acá son chicos del barrio, desde Gregorio Álvarez a Los Hornitos, y conocemos de cerca la situación de cada uno”, contó Natalí.

A fin de año, cuando egresan los más grandes, las mamás del corazón hacen un duelo, aunque saben que nunca se van del todo. “Tenemos muchos que venían a la guardería y después nos traen a sus hijos”, contó la directora con orgullo. Dijo que también les tocó vivir situaciones muy duras, para las que no estaban preparadas. En tantos años con niños, han enfrentado casos de maltrato infantil y mujeres golpeadas, donde colaboraron como pudieron.

Natalí lleva ocho años en el proyecto y tiene dos hijos. “A veces digo que voy a renunciar porque es mucho estar acá todos los días, pero vienen los chiquitos que te abrazan cuando llegás, alguno te regala una flor que arrancó de ahí nomás y ya está, te olvidás de todo”, confió.

Demanda
El espacio quedó chico y las necesidades crecen día a día

En Piñen Piuque trabajan 10 voluntarias, todas mujeres. Tienen 62 alumnitos, repartidos en pequeñas salas, y una cantidad igual en lista de espera. Dicen que podrían recibir a todos si el lugar fuera más grande.

“En la sala de 3 y 4 años estamos desbordados y hay 35 esperando vacante”, contó Natalí Durán, la directora. Explicó que deben respetar los cupos máximos del edificio, aunque “todos los meses viene alguien a inscribirse”.

El inmueble que ocupan tiene marcas visibles del paso de los años. Ellas mismas lo pintan y arreglan los fines de semana. Hacen milagros con lo que tienen.

Natalí trabaja en una oficina minúscula.

Sobre una pared están pegados con cinta adhesiva los diplomas y distinciones que recibió la guardería en los últimos años.

Para los alimentos, buscan donaciones y organizan rifas.

“Varias veces estuvimos por cerrar el comedor por no tener nada que darles a los chicos, pero siempre tuvimos la bendición de que justo apareciera la ayuda. La última fue el mes pasado con la Expo Solidaria, que nos salvó”, relató la directora de la institución.

Además, los papás pagan una colaboración como pueden, que se destina a las cuidadoras de las salas.

Abandono
Nunca fueron a buscar a sus hijos

Cuando comenzó con la guardería, Norma Candia tenía un bebé de dos años, que hoy es todo un adulto. Lleva 21 años dedicada a este proyecto, que le dejó momentos muy alegres y también amargos. El que más le dolió fue cuando los familiares de cuatro hermanitos nunca volvieron a buscarlos. Indicó que lo más difícil de cuidar chicos es cuando se descubren casos de desnutrición o violencia doméstica. Sin embargo, agregó: “Lo más triste que me tocó fueron los que dejaron sus chicos abandonados”, porque no sabía cómo explicarles a esos pequeños por qué nadie iba a buscarlos.

Noche
“Eran cuatro chicos, que llegó la tarde y la noche y la mamá no aparecía, así que los tuvimos que llevar a nuestras casas; al otro día, la madre tampoco apareció y tuvimos que hacer la denuncia”, recordó. Contó que finalmente “se los llevaron a un hogar y todas lloramos muchísimo porque nos dividieron los nenes”.

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