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La Mañana Lucrecia

"No queremos que el crimen de Lucrecia quede impune"

La organización AMMAR reclamó para que la Policía atrape al ex de la joven cajera y trabajadora sexual asesinada en junio de 2008. Desde 2011 permanece prófugo.

El sábado 7 de enero LMN dio a conocer la historia de Lucrecia una joven tucumana que logró separarse de su violento esposo que comenzó a hostigarla. Para sobrevivir, Lucrecia no solo era cajera en Capriolo sino que además era trabajadora sexual en dos prostíbulos del centro neuquino.

La joven desapareció el 27 de junio de 2008 y el 30 su familia radicó la denuncia. En su diario íntimo encontraron una frase premonitoria: “Temo y desconfió de lo que pueda hacerme Miguel (su ex)”.

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El 16 de julio de 2008, por causalidad, un criancero de de Villa El Chocón que iba a caballo reuniendo a su ganado por el paraje denominado La Zorra, la encontró semienterrada y degollada a Lucrecia a la vera de la Ruta 237 entre los kilómetros 1.284 y 1.285.

La casa de Miguel había sido lavada por completo con lavandina, por eso las pericias no pudieron encontrar rastros biológicos, pero habían marcas en el piso y las paredes de que se había utilizado lavandina en gran cantidad y el olor a dicha sustancia era impresionante.

Miguel, el ex, fue a juicio en agosto de 2010 y dos de los tres jueces que integraban el tribunal lo absolvieron por el beneficio de la duda.

En 2011, el fallo fue revocado por el Tribunal Superior de Justicia y ordenó un nuevo juicio. Desde ese entonces Miguel permanece desaparecido.

caso lucrecia

El reclamo de AMMAR

Georgina Orellana, secretaria general de Ammar, la organización nacional que representa a los trabajadores y trabajadoras sexuales, leyó la nota de LMN y decidió salir a pedir respuestas a las autoridades.

¿Lucrecia es un caso perdido?

Cuando leímos la historia del crimen, que mostraba los detalles de todo lo que le ocurrió a Lucrecia, nos generó impotencia y no queremos que quede en el olvido el caso. El crimen pone en evidencia cómo fue cambiando la mirada de la justicia, pero también el clamor social que de reclamar justicia por Lucrecia se fue aplacando cuando se fue indagando en la vida personal de la víctima que ejercía el trabajo sexual.

¿Antes había un sesgo de la justicia ante una trabajadora sexual, eso se mantiene en la actualidad?

En el caso de Lucrecia, a la Justicia le sobraban elementos para saber quién era el asesino, pero por su actividad, no se tuvieron en cuenta. Ese sesgo de la justicia en el caso de Lucrecia, se sigue manteniendo en la actualidad cuando la víctima es una trabajadora sexual.

¿Y cómo impacta ese sesgo?

El 98 por ciento de los femicidios de trabajadoras sexuales quedan impunes. La prensa indaga más en la vida de las víctimas que en la de los asesinos y en los avances de la causa. Ahí queda a la vista, que la Justicia sigue siendo machista y patriarcal, pero también selectiva y clasista.

¿Cómo impacta esto en ustedes y sus familias que buscan justicia?

Y las trabajadoras sexuales que en su mayoría somos casi todas de bajos recursos, no contamos con un poder judicial que pueda estar a la altura de lo que demandan las familias que suelen pedir que no se divulgue que era trabajadora sexual, ni hagamos ninguna actividad exigiendo justicia, para que la causa no quede impune.

¿Las trabajadoras sexuales son consideradas menos por la Justicia por su actividad?

Desde AMMAR consideramos que las trabajadoras sexuales somos consideradas menos que cualquier otra persona. Te doy el mejor ejemplo: en 2004 la policía bonaerense asesinó a la compañera y dirigente de AMMAR, Sandra Cabrera. Siete compañeras que la vieron esa noche y que dieron testimonio de que un policía la andaba buscando declararon en la causa. El juez desestimó esas declaraciones porque entendió que venían de mujeres de vida fácil y de la noche. Ahí tenés una desvalorización y deslegitimación de las trabajadoras sexuales. El foco se pone sobre el estigma que hay hacia el trabajo sexual, como que valemos menos, que no somos sujetos de política ni de derecho. Contra todo esto venimos luchando desde la organización para hacernos valer como sujetos, personas, trabajadoras y para que dejen de estigmatizar el trabajo que elegimos ejercer.

¿Urge que cambie la mirada de las autoridades?

Es necesario y urgente que se investiguen todos los femicidios. Acá no es lo mismo que cuando la víctima es una puta a que cuando es una buena chica. Esto no solo lo vemos en el clamor social sino también en los medios de comunicación respecto de la visibilidad que le dan a los casos. También, lo vemos en la falta de acompañamiento de los movimientos de mujeres, cuando es una puta todo cambia y a nosotras, todo eso nos cuesta más en términos de visibilidad. Nos cuesta que la justicia nos tome como querellantes en los casos. Estos nos ha pasado en varias causas del año pasado y de este. Es imprescindible para nosotros que las familias de las trabajadoras sexuales tengan acompañamiento de parte del estado, de las organizaciones feministas y de mujeres, más allá de las posiciones políticas y teóricas que tengan frente al trabajo sexual. Estamos cansadas de la mirada abolicionista de esas organizaciones que justifican el crimen por el trabajo que ejercemos y no miran las condiciones en las que lo tenemos que ejercer, con violencia y sin derechos, justamente por la clandestinidad en la que mantienen el trabajo sexual y la criminalización del mismo.

¿Cómo es la relación con la Policía?

Siempre hemos denunciado a la Policía como el patrón histórico de los trabajadores y trabajadoras sexuales. En los 90 surge la organización con la idea de poner un freno a la arbitrariedad policial y el hostigamiento de las fuerzas de seguridad. Si tenemos que confiar en alguien, en la última institución que lo vamos a hacer es en las fuerzas de seguridad porque son los primeros que nos persiguen, hostigan, coimean y abusan. Al día de hoy, sigue siendo una realidad.

La mayoría de las capacitaciones al poder judicial y policial se realizan bajo una mirada punitivista de la prostitución. Se escuchan voces que bajan línea sobre que la prostitución no es un trabajo y las voces de las trabajadoras sexuales son anuladas como su consentimiento y voluntad de las trabajadoras a ejercer esta actividad. Los jueces y fiscales nunca escuchan a las trabajadoras sexuales, escuchan más a las psicólogas y asistentes sociales que refuerzan el estigma de puta y reducen a las compañeras a meras víctimas.

¿Están involucradas las fuerzas de seguridad en la explotación de trabajadores sexuales?

Si sigue habiendo trata de personas es porque el trabajo sexual sigue siendo clandestino, sigue estando criminalizado y porque hay una complicidad de la policial y judicial. Luchamos desde hace más de 26 años para que el trabajo sexual sea reconocido por el Estado argentino y nos saquen del marco de la clandestinidad e ilegalidades a las que nos tenemos que exponer hasta arriesgando nuestras propias vidas. Sufrimos desigualdades, porque no tenemos derecho a una obra social, a una jubilación a sacarnos un crédito. Vivimos atravesando situaciones de discriminación por ser trabajadoras sexuales, también con temor y vergüenza por el estigma que hay hacia nuestra actividad. El reconocimiento social del trabajo sexual va a ser una herramienta para que todas estas desigualdades y violencias que atravesamos comiencen a disminuir y podamos vivir lo más dignamente posible.

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