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La Mañana Solidaridad

No tienen a dónde ir y se instalaron en la terminal

Desesperado pedido de ayuda de una pareja con cuatro niños.

Desde que la crecida del río Pilcomayo les arrebató su vivienda, la familia Páez comenzó un largo periplo por Argentina que los trajo hasta Neuquén. Desde el viernes, se refugian en la Estación Terminal de Ómnibus de Neuquén (ETON) sin teléfono ni dinero, y a la espera de que algún alma caritativa les dé una oportunidad de trabajo.

“Nos dijeron que la ciudad es linda y que acá había mucho trabajo”, cuenta Berenice mientras pliega una hoja de revista. Con ella fabricará un avión de papel para Leonardo (4), uno de sus cuatro hijos, que juega con sus hermanos sin terminar de comprender por qué cambio su cama por la dureza de la cinta transportadora de valijas, el lugar que eligieron sus padres para tender una frazada y descansar por la noche.

Aunque son oriundos de Mendoza, Berenice, de 24 años, y su esposo Jorge, de 29, habían adquirido un terreno y habían edificado su casa en Salta, en donde vive la madre de ella.

El año pasado, una crecida extrema del río destruyó la vivienda por completo y provocó el fallecimiento de un familiar. Por eso los Páez junto a otras 40 familias fueron trasladados a Buenos Aires con la promesa de un subsidio, que nunca se concretó.

Desamparada, la pareja viajó a Río Grande junto a sus tres hijos: Máximo, Leonardo y Jutiel. Allí se encontraron con un hermano de Jorge y convivieron amontonados para esperar la llegada de Francesca, la cuarta hija de la familia. “Allá Jorge conoció a un hombre de Córdoba que le prometió trabajo y una casa, y nos fuimos para allá”, relata la joven mamá.

Por ahora estamos incomunicados; teníamos un teléfono celular, pero lo tuvimos que vender para juntar el dinero para comprarles comida a los chicos

La suerte les jugó otra mala pasada. Jorge realizó varios trabajos de plomería y gas en Río Cuarto, pero nunca le pagaron. Unos pocos días atrás, los verdaderos dueños de la casa en la que vivían llegaron desde España y les aclararon que habían sido víctimas de una estafa: el hombre que los contrató no era el dueño de la propiedad. “Intentamos hacer la denuncia, pero nos pedían muchos papeles y dinero, que no tenemos”, explicó Berenice. Sin hogar ni oportunidades laborales, juntaron el dinero que les quedaba de las asignaciones de sus hijos y compraron pasajes para viajar hasta donde les alcanzara el dinero.

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