Odio y resentimiento, el patrón de los femicidas

Una perfiladora analizó con LMN el detrás del triste fenómeno.

Por Agustina Benatti - policiales@lmneuquen.com.ar

En febrero de 2018, la provincia entera se conmovió con el asesinato de una mamá y su hija de 11 años en la vía pública en Las Ovejas, un pequeño pueblo del norte neuquino. Karina Apablaza (31) y Valentina habían sido víctimas de Lorenzo Muñoz, el femicida que luego de 23 días fue encontrado muerto y quien además había sido denunciado anteriormente por su ex pareja.

El doble femicidio fue apenas uno de los estremecedores casos que hubo el año pasado en Neuquén. Un año en el que a nivel nacional se determinó que cada 32 horas una mujer era víctima de la violencia machista y en el que, además, Neuquén batió su record más doloroso: fue la segunda provincia con el índice más alto de femicidios de acuerdo con su población.

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Rasgos comunes de los femicidas

“Hay factores individuales que están relacionados con preceptos o concepciones de la mujer como objeto a dominar y humillar física, verbal o emocionalmente”, aseguró María Laura Quiñones Urquiza, reconocida perfiladora criminal y especialista en Criminología, Criminalística y Derechos Humanos.

En este sentido, Quiñones Urquiza explicó que es por esa razón que se puede contemplar que haya premeditación a cometer el crimen o incluso en muchos casos puede haber situaciones que desencadenen el femicidio. Dicho esto, a un mes de que se hallara el cuerpo estrangulado y golpeado de Delia Aguado (32), se podría investigar si el hecho de que la mujer estuviese buscando un departamento para separarse definitivamente de su ex, Diego Tolaba (33), tuviera incidencia al momento de asesinarla.

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“El único patrón que he observado en los femicidas es la sensación de odio y resentimiento hacia la mujer. Ya sea por conocimiento previo y negativa de seguir con una relación, como con mujeres desconocidas que reciben violencia criminal sin haber hecho nada e incluso sin tener la posibilidad de defenderse”, explicó la profesional.

De acuerdo con lo analizado por Quiñones Urquiza, “muchas veces el odio es también depositado sobre familiares o terceros que intentan ayudar a la víctima, con conductas precursoras de hostigamiento o amenazas directas que anticipan muchas veces estos desenlaces fatales”. “Aquí no importa quién se opone porque son todos enemigos en la mente de femicidas que han matado a parejas o ex parejas”, concluyó la profesional.

Una de las características de estos crímenes que más nos interpela es la violencia atroz con la que se cometen. Este año, los asesinatos de Delia, Lorena Carrasco, Claudia Pérez, Elma Hérnandez, Karina y Valentina no distan demasiado de los otros 42 femicidios ocurridos en la última década.

Baleadas, apuñaladas, quemadas y hasta incluso asesinadas a golpes, las mujeres neuquinas que murieron en manos de sus parejas y ex parejas -en un 70%- fueron también víctimas de un Estado que muchas veces no escuchó sus denuncias.

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Trasladar la furia contra una mujer hacia otra

Claudia Pérez tenía 47 años y era trabajadora sexual en la localidad petrolera de Rincón de los Sauces. Fue una amiga quien la encontró asesinada en el interior de su casa el 17 de enero de 2018 .

De acuerdo con los informes forenses, la mujer había recibido un puntazo en el cuello que le costó la vida. Apenas dos días después, un adolescente de 17 años se entregó en la comisaría y además aportó el arma homicida. Por esto, la fiscalía lo acusó por homicidio simple y posteriormente fue hallado responsable penal del homicidio.

El crimen dejó varias incógnitas sobre el móvil por el que el adolescente había cometido el femicidio. Una de las hipótesis es el odio a la mujer, ya que la madre del joven era prostituta, al igual que la víctima. Tras el asesinato, el joven utilizó el celular de Claudia para llamar a su madre y reprocharle que lo había abandonado.

“Para la criminología forense, un crimen de odio es aquel en el que la víctima posee rasgos particulares que no puede modificar y que son motivo de desprecio por su agresor, como por ejemplo personas desconocidas, con discapacidades, o que por su raza o elección sexual, e incluso sexo, pasan a ser objetivos a eliminar”, aseguró Quiñones Urquiza.

“En este caso, es probable que haya un odio preexistente a la figura de una mujer conocida, que ha sido desplazado a otra desconocida para descargar la furia que no puede descargar en la que considera ‘la indicada’, ya sea por temor a esa mujer o porque no puede acceder a ella”, explicó la psicóloga.

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