Los retoques estéticos van creciendo en popularidad también entre los hombres. Hoy, el 35 por ciento de ellos ha pasado por un cirujano plástico.
En las grandes ciudades, cada vez es más frecuente ver a mujeres con la nariz vendada, signo inequívoco de una intervención reciente que se asume sin complejos.
Los expertos explican este entusiasmo por el hecho de que la mujer iraní, obligada a llevar el velo islámico, concede una gran importancia a su rostro, única parte del cuerpo que puede mostrar en público junto con las manos.
Las series de televisión latinoamericanas y turcas, seguidas vía satélite y teóricamente prohibidas, son muy populares en Irán: más del 50% de la población ve estos canales y en ellos las actrices suelen estar operadas. Además, durante las pausas publicitarias hay muchos anuncios para hacerse todo tipo de operaciones.
Cada año, en Irán se practican oficialmente unas "40.000 operaciones estéticas", según el doctor Amirizad, para quien esa cifra está muy por debajo de la real, al no tener en cuenta las múltiples intervenciones de cirujanos no especializados que las practican por lo lucrativo del negocio. Las operaciones son caras (1500 dólares como mínimo por una rinoplastia) en un país donde el salario mínimo es de 270 dólares al mes.
"Pagué el equivalente a 1800 dólares pero sé que ciertos cirujanos de renombre cobran hasta 6000 por una operación simple de nariz", declara Mehrnaz Mehri, de 27 años.
Irán, un país con buena reputación en medicina y en cirugía estética, espera atraer a pacientes extranjeros. "Ya vienen de Irak o Azerbaiyán, pero sobre todo tenemos iraníes que viven en el extranjero", subraya Javad Amirizad.
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