Son malos días para los pluviófilos. Tal vez estén confundidos, desilusionados, tristes.
La pluviofilia es un neologismo que describe la capacidad de las personas de sentir amor por la lluvia, de estar convencidos que el agua que cae del cielo les genera un estado de ánimo relajado, con el poder suficiente para cambiarle el humor o de mirar la vida con mucho más optimismo.
Acaso es esa sensación de calma tan fuerte que hoy en muchas plataformas digitales ofrecen los sonidos de lluvia y hasta de tormenta para quienes desean dormir de una manera mucha más placentera.
En Neuquén, transitando los primeros días del mes de mayo, los pluviófilos deberían sentirse a sus anchas, luego de un verano largo, particularmente infernal y con el sol como protagonista durante todos los días. Sin embargo, el calendario corre y, al menos en la capital, se mantienen los días templados y hasta cálidos sin la menor pista de alguna nube oscura o, al menos ligeramente gris.
Dice los especialistas que es el fenómeno de La Niña que recién se terminará de ir a mediados de año después de tanta persistencia en las últimas décadas. Tal vez sea el ya remanido cambio climático que no termina de bajar las temperaturas y hace que las lluvias desaparezcan al punto de la desesperación, especialmente para quienes viven trabajando la tierra.
Lo que sea que esté ocurriendo, indica que al menos para los próximos días, en Neuquén y alrededores, los pluviófilos seguirán desorientados, caminando por las calles con ropas livianas y mirando al cielo cada tanto, a la espera de una señal que les indique que llegará la lluvia.
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