Pablo Báez es algo más que un hombre con la suerte de hacer lo que le gusta todos los días de su vida en la peluquería de una amiga (Andrea Verónica). En su casa tiene un espejo que revela el misterio de lo que se transforma. Allí se inicia el mágico ritual de cinco horas que borra su imagen, entre brillos, plumas, maquillaje, pelucas increíbles y una habitación repleta de percheros con vestuario y cajas de zapatos.

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Entonces Pablo ya no es Pablo, el peluquero estilista que mamó de chico el oficio de su padre. Cobra vida Eyael, la artista, la mujer que brilla y se sube a tacos de 18 centímetros de altura, que agarra la cartera y se pone en el papel de una diva femenina, sutil, delicada y glamorosa. “Todos tenemos un costado masculino y uno femenino, y yo tengo muy potenciado lo femenino”, expresó a LM Neuquén.

Nacido en Cipolletti, estudió en los colegios Fátima y Manuel Belgrano, pero tiene más de 35 años de vida en Neuquén y ya es un hombre de las cinco décadas. Confesó que siempre tuvo la suerte de hacer lo que le gusta y aseguró: “Nunca podría dejar de hacer esto”. Ni su trabajo como peluquero, ni el arte de transformar su cuerpo para dar vida a Eyael.

Tanto es así que no deja de mirarle el pelo a la gente cuando camina por la calle; o se detiene en un local para contemplar zapatos de mujer, carteras y otros accesorios que quisiera incorporar para su personaje. “Ropa de hombre no me compro”, reconoció.

Tenía seis años cuando quiso empezar danza, y su familia lo alentó. Y tenía enormes condiciones para bailar en El Colón, pero su madre no se animó a que se fuese de tan chico a la gran urbe. Siguió bailando, pero en la zona.

Pablo Báez también participó de algunos espectáculos en el Teatro Español. Ahora hace sus shows en otros escenarios.

Durante la adolescencia conoció a los primeros transformistas en las fiestas privadas a las que comenzó a concurrir por su condición sexual. Le llamó la atención e indagó un poco más, de modo que, a los 18 años, dio sus primeros pasos como tal, destacando la femineidad de la mujer, y anduvo por todos lados (Buenos Aires, San Luis, Mendoza, San Juan, Chile).

“A mí me gustan el glamour y el misterio, me gusta el papel de diva. Yo no voy por el lado de la burla”, aclaró Pablo. A otros, en cambio, se les da por la humorada, como la recordada Tota, de los Midachi.

Hace un par de años pudo brindar varietés en el Teatro Español, de la mano de otros músicos y artistas como Pablo Bonjiovani y Miguel Ángel Barcos; y también convocó a figuras del espectáculo nacional. Pero ya después no pudo bancar solo los costos, en medio de la difícil situación económica que vive el país, y optó por hacer shows en otros escenarios y ambientes. Por eso, ahora, Eyael frecuenta bares y confiterías y también fiestas privadas. “Lo que pida el cliente, yo organizo todo. Llevo DJ, fotógrafo, bailarines, lo que quiera”, indicó.

“A mí me gustan el glamour y el misterio, me gusta el papel de diva. Yo no voy por el lado de la burla”.“lo que pida el cliente para el show, yo organizo todo. llevo dJ, fotógrafo, y bailarines, lo que quiera”, dijo Pablo Báez, peluquero y transformista

Pablo Báez es de Cipolletti pero trabaja como peluquero en Neuquén, donde ofrece sus espectáculos.

Un repertorio a la medida de los gustos de la gente

Si bien Pablo Báez es un hombre que asume el rol de mujer cuando se transforma para sus shows, admitió que “es un camino de ida, en el que vas buscando la perfección”.

Con los años, el transformismo se hizo carne en algunos aspectos del peluquero de la vida real. “Hay cosas que ya son parte de mí, como las uñas. Antes usaba postizas, pero ahora me las hago yo”, comentó.

También, cada 20 días se hace las pestañas; y se sometió a un tratamiento para erradicar todo el vello de su cuerpo.

Por eso, reconoció que existe una línea muy delgada entre ser transformista y ser transexual. “Yo no cruce todavía esa línea, pero es cierto que hay cuidados femeninos que forman parte de mí, más allá de mi condición sexual”, concluyó.

Sus personajes no copian a las estrellas de Hollywood o del espectáculo nacional, pero pueden inspirarse en algunos aspectos. De algunas va tomando algo que le gusta y luego crea una figura nueva, sin repetir nunca el vestuario. “Yo llego producida y me voy en el personaje, no me gusta romper esa magia”, advirtió Eyael.

Repertorio Son espectáculos musicales, en los que se pone en el papel de diva y hace que canta.

Pueden ser temas melódicos, aunque también hace lugar al pop o a lo que esté de moda porque se lo pide la gente.

“Lo hago siempre con respeto, porque no me gusta divertirme haciendo pasar el ridículo a otro. Ni recurrir al insulto o a la obscenidad”, aseveró.

Le queda muy bien el papel de Paloma San Basilio o Pantoja.

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Las exigencias de preparar una puesta en escena

Pablo Báez confesó que está solo y que no le resulta fácil encontrar a un compañero que se adapte a las exigencias laborales y artísticas que significa darle vida al personaje de Eyael.

Incluso, advirtió que algunas personas no lo entienden. Especialmente aquellos que suponen que es mujer las 24 horas del día.

También, asegura, están aquellos que tienen el morbo de pensar que es transexual o que se dedica a la prostitución. Por eso mismo, confiesa que ha tenido que rechazar numerosas propuestas que le han hecho llegar a lo largo del tiempo en su vida como transformista en la noche de Neuquén.

“En la vida real soy Pablo”, aclaró como poner un límite entre lo que hace cotidianamente en el ámbito de la peluquería donde atiende al público como estilista y lo que luego hace en la esfera de sus espectáculos musicales y de transformismo.

Su amiga Andrea

Mientras la cronista entrevistó a Pablo Báez, su amiga y peluquera, Andrea, destacó que el transformismo no es algo tan sencillo como para llevar a cabo debido a las exigencias que supone realizar cada número o cuadro.

Entre esas exigencias mencionó que no se trata de “ponerse la peluca, vestirse y pintarse nada más”. “Es arte, un mundo mágico”, enfatizó.

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