De Paraná a la leyenda: la vida, la música y el legado del Indio Solari
El histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyó un universo propio: letras crípticas, shows masivos y una comunidad devota sin igual en el rock nacional.
Carlos Alberto "el Indio" Solari nació el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos, pero fue La Plata la ciudad que lo formó. Allí, en la bohemia universitaria de los años setenta, el joven que estudiaba Bellas Artes y devoraba a los poetas beatnik —Kerouac, Ferlinghetti, Corso— empezó a construir el personaje que marcó la historia del rock argentino.
Su infancia en Paraná fue breve. La familia se mudó pronto a la capital bonaerense, donde el futuro líder de los Redondos encontró su mundo: la contracultura, el arte de vanguardia y un círculo de amigos que pensaban la música como algo más que entretenimiento. Era un hombre de lecturas amplias y criterio propio, que desconfiaba del estrellato y jamás cedió a sus reglas.
El Indio Solari y los Redonditos: el nacimiento de una religión del rock
En 1976, junto a Skay Beilinson, fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La banda emergió de un grupo de performance artística llamado Pasaje Rodrigo, donde hacían cortometrajes y experimentos visuales. Desde ese origen heterodoxo quedó marcado el ADN de todo lo que vendría: los Redondos nunca fueron solo una banda de rock.
Su primer recital fue en 1977. Durante los años ochenta, tocaron en reductos como el Club Eter y el mítico Estadio Obras, con una propuesta sonora que mezclaba punk, blues, glam y rock barrial en dosis imposibles de clasificar. La mística creció de manera exponencial: el público ricotero no era simplemente un público. Era una comunidad con códigos propios, vestimentas reconocibles y una lealtad que rozaba lo religioso.
El grupo editó nueve álbumes de estudio y logró una masividad arrolladora con convocatorias récord hasta su separación en 2001. Entre esos hitos, el año 2000 quedó grabado en la historia: los Redondos reunieron a 70.000 espectadores en el Estadio Monumental, una cifra que por entonces era difícil de imaginar para una banda de rock en Argentina.
Las letras del Indio eran —y siguen siendo— un universo aparte. Su lírica ha sido descripta como hermética y heroica, con referencias a los poetas del Siglo de Oro español. El uso de metáforas en sus canciones lo convirtió en un ícono de la contracultura en la escena del rock argentino. Canciones como Jijiji, La bestia pop, Preso en mi ciudad o Motor psico no se explicaban: se sentían, se discutían, se tatuaban. Para muchos seguidores, descifrar una letra del Indio era casi un rito de iniciación.
Su imagen pública se caracterizó por su escasa aparición y la concesión de entrevistas solo a través de la radio. No daba notas a la televisión, esquivaba las cámaras y construyó su figura desde el silencio. Esa distancia, lejos de alejar a su público, lo volvió aún más magnético. El misterio era parte del show.
En 2001, tras una serie de tensiones internas y el desgaste de casi 25 años juntos, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se disolvió. Fue un golpe durísimo para el mundo ricotero. Skay Beilinson emprendió su carrera solista. El Indio, guardó silencio.
La segunda vida: los Fundamentalistas
Tras la disolución de los Redondos, Solari inició una pausa que se prolongó hasta 2004, cuando presentó su primer álbum como solista. Lo hizo con una nueva banda: Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. El nombre era todo un manifiesto irónico. Y la música, lejos de decepcionar, confirmó que el Indio seguía siendo el Indio.
En 2007 lanzó su segundo disco Porco Rex, en 2010 el tercero El perfume de la tempestad, en 2013 el cuarto Pajaritos, bravos muchachitos, y en 2018 el quinto El ruiseñor, el amor y la muerte. Cinco álbumes que construyeron una segunda etapa tan sólida como la primera, y que volvieron a convocar multitudes inéditas en la historia del rock nacional.
El artista batiría sus propios récords de convocatoria, llegando a reunir multitudes sin precedentes, superando los 150.000 asistentes en localidades como San Martín de Mendoza y Gualeguaychú. Los shows del Indio dejaron de ser recitales para convertirse en fenómenos sociales: pueblos y ciudades colapsaban, la gente viajaba cientos de kilómetros, montaba carpas, dormía en la calle.
El 12 de marzo de 2016, irrumpió en el escenario del Hipódromo de Tandil ante más de 200.000 personas. En ese recital confirmó públicamente su padecimiento del mal de Parkinson. Fue un momento de una intensidad descomunal: el artista más esquivo del rock argentino revelando su enfermedad frente a una multitud que lo adoraba.
Un año después llegó Olavarría 2017, el cierre más épico y más doloroso. La presentación se dio en el Predio "La Colmena" el 11 de marzo de 2017 ante aproximadamente 400.000 personas, batiendo un récord en toda la historia del rock argentino tanto para shows pagos como gratuitos. El show terminó con dos personas fallecidas y múltiples heridos debido a fallas en la organización y desbordes de seguridad. El Indio suspendió el recital antes del final. Esa noche fue la última vez que pisó un escenario.
En febrero de 2023, anunció su retiro definitivo. "Desgraciadamente para mí, para mi gusto, el Parkinson va progresando. Pero bueno, es lo que hay y hay que presentarle batalla", declaró. Sin embargo, Los Fundamentalistas continuaron tocando con su aval, con apariciones virtuales del Indio en video y voz pregrabados.
El 15 de mayo de 2026, la Universidad de Buenos Aires le otorgó el Doctorado Honoris Causa, reconociendo lo que el rock argentino ya sabía desde hacía décadas: que Carlos Alberto Solari no era solo un músico. Era literatura, era sociología, era contracultura. Era, en definitiva, una de las voces más originales que dio este país.
Murió este viernes 5 de junio de 2026 en su casa de Parque Leloir, rodeado de su familia. Tenía 77 años. Y dejó un silencio que ningún pogo podrá llenar.
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