El exfuncionario del gobierno de Fernando De la Rúa fue además director del Teatro Colón e impulsor de festivales como el BAFICI.
Este viernes por la mañana se confirmó la triste noticia de la muerte de Darío Lopérfido, uno de los gestores culturales y políticos más reconocidos de las últimas décadas en Argentina.
Lopérfido murió en Madrid, ciudad en la que vivió los últimos años, tras luchar varios años contra ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), una enfermedad progresiva que afecta las neuronas motoras. Tenía 62 años.
Su trayectoria incluyó funciones públicas relevantes, entre ellas la de secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación durante el gobierno de Fernando De la Rúa, y la de director artístico del Teatro Colón, uno de los centros culturales más importantes del país. Tanto sus decisiones como sus opiniones lo convirtieron en una figura constante de la escena pública, con elogios y fuertes resistencias.
Un recorrido por su vida y su papel en la cultura argentina
Darío Eduardo Lopérfido nació en Buenos Aires en 1964 y desarrolló una carrera construida en la intersección entre la gestión cultural y la política. Fue funcionario en diversos niveles de gobierno, ocupó cargos de alta responsabilidad en instituciones clave del sector cultural y se destacó por su ritmo prolífico de trabajo y su visión sobre la cultura en la sociedad.
Durante la presidencia de Fernando De la Rúa, Lopérfido fue designado secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación, un rol desde el cual impulsó políticas culturales con énfasis en la promoción de festivales, eventos y programas de difusión. Más tarde, en Buenos Aires, se desempeñó como ministro de Cultura de la Ciudad, y posteriormente fue nombrado director general y artístico del Teatro Colón, el principal teatro lírico del país.
Su enfoque le valió tanto apoyos como críticas. Fue impulsor de eventos que marcaron la escena cultural contemporánea, como versiones del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI), con la intención de fortalecer circuitos artísticos y festivales nacionales. Sin embargo, algunas de sus declaraciones públicas generaron controversias y debates intensos en distintos sectores de la cultura.
La lucha contra la ELA
Lopérfido enfrentó durante varios años una dura batalla contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad neurodegenerativa que con el tiempo afecta gravemente la movilidad, la voz y la capacidad de deglución de quienes la padecen. La noticia de su diagnóstico fue difundida por él mismo tiempo atrás, cuando compartió con la opinión pública su vivencia personal de la condición en artículos y entrevistas desde Madrid, donde estaba radicado con su familia.
En sus últimas apariciones públicas, Lopérfido habló con crudeza sobre la enfermedad y los desafíos diarios que implicaba para su vida y su trabajo. Más allá de las limitaciones físicas que fue afrontando, mantuvo una actividad intelectual sostenida: continuó escribiendo, participó en proyectos culturales y compartió reflexiones sobre temas filosóficos y sociales que eran parte de su repertorio.
El impacto emocional de la ELA, que lo acompañó en los últimos años, fue central en sus redes y columnas. Expresó en más de una ocasión lo que significaba vivir con una enfermedad que transforma profundamente el cuerpo, el ritmo cotidiano y las relaciones personales. Sus reflexiones atravesaron perspectivas humanas y éticas, abriendo también espacios para el debate sobre temas complejos como la autonomía y la calidad de vida.
Reacciones tras la muerte de Darío Lopérfido
El escritor y periodista Jorge Asís, citado por Infobae, recordó a Lopérfido como “uno de los oponentes más inteligentes que tuve en mi vida” y destacó la forma en que ambos habían interactuado a pesar de sus diferencias ideológicas . Ese tipo de reconocimiento destaca no solo la rivalidad, sino también el respeto intelectual que generó en algunos colegas con los que compartió escenarios de debate.
El empresario y editor Marcelo Figoli, vinculado a medios donde publicó columnas, lo describió como “un referente de nuestra cultura, un creativo, una persona con mucha sensibilidad y con muchas ganas de seguir innovando”. Figoli subrayó además su coherencia y su manera abierta de debatir incluso con quienes pensaban distinto .
Polémicas que marcaban su figura
La reacción pública en torno a la trayectoria de Lopérfido también incluye disputas que lo acompañaron durante años. Una de las más recordadas fue su cuestionamiento de las cifras de desaparecidos durante la última dictadura militar, cuando afirmó en 2016 que “en Argentina no hubo 30.000 desaparecidos, se arregló ese número en una mesa”, comentario que generó el repudio de organismos de derechos humanos y de referentes como Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, y otras figuras del campo de los derechos humanos que consideraron sus palabras ofensivas y descontextualizadas .
Organizaciones de derechos humanos, así como más de 250 artistas y grupos como PEN Argentina, expresaron en su momento su rechazo a esas declaraciones y pidieron su renuncia a cargos públicos por considerar que atentaban contra la memoria histórica y el respeto hacia las víctimas del terrorismo de Estado.
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