Toda Italia está jaqueada por el coronavirus pero los napolitanos todavía siguen llorando a Maradona. Si el 2020 es un año negro para ellos, se debe a la muerte del Dios del fútbol. Y se sabe que sólo compite contra esa expresión devota es el patrono de la ciudad, San Genero. Y encima, como para redondear un año nefasto, cuando esperaban la tradicional "licuación" de su sangre, esto no ocurrió.
Para los fieles es como que San Genaro dijo "no" y el mito que ya corre en la ciudad es que algo grave podría pasar. Aunque no son pocos los que afirman que lo peor que podía pasar, la muerte de Diego, ya les sucedió y nada podrá empeorar el ánimo de los napolitanos...
La sangre se conserva en un relicario de cristal en la catedral de Nápoles y está en estado sólido. Es el arzobispo de la ciudad el que toma el relicario y lo sacude, transformándose su contenido -la sangre de San Genaro- y licuándose. Esta liturgia, que para los napolitanos es un milagro aunque para la Iglesia Católica no (lo considera un "prodigio"), se da tres veces en el año: el sábado previo al primer domingo de mayo, el 19 de septiembre -que es la fiesta patronal- y cada 16 de diciembre. Justamente, en esta última ocasión del año, no ocurrió. De hecho, se intentó dos veces, en la mañana y a la noche. Ante la decepción, el cardenal Crescenzio Sepe, que presidía la celebración, buscó calmar a la multitud advirtiendo que tampoco era un drama: "Rezad al patrón, no nos abandonará", dijo.
La veneración a la sangre viene desde el 16 de diciembre de 1631, cuando, según la leyenda, el santo salvó a la ciudad de una tragedia: una violenta erupción del Vesubio, que amenazaba con sepultar la ciudad como alguna vez había ocurrido con Pompeya. Los napolitanos, aterrorizados, se encomendaron a San Genaro y sacaron en procesión por las calles al busto del Santo -que contenía su cráneo- y al relicario con su sangre. Le pedían un milagro para frenar la lava y así sucedió: los ríos que bajaban ardiendo por la ladera del volcán, se detuvieron al borde de la ciudad. Y Nápoles se salvó gracias a San Genaro.
Ahora, la mala noticia corrió a la velocidad de las redes sociales y mucha gente se lo tomó muy en serio, como el antropólogo y divulgador científico nacido en Nápoles, Marino Niola, quien aseguró en una analogía futbolera: "San Genaro, el Maradona de los santos, ha fallado un penal. Y eso conlleva una enorme inquietud a toda la ciudad".
El Vesubio había convertido su ladera en un río de lava ardiente camino a la ciudad, pero la gente sacó la imagen de San Genaro y el relicario con su sangre, hubo procesión y la lava se detuvo.
Son pocas las veces que San Genaro falló. Y los napolitanos recordaron que tampoco hubo milagro en 1835 y se temieron desgracias futuras. Y éstas ocurrieron al año siguiente -que fue bisiesto-, cuando llegó a Nápoles la epidemia de cólera, que desde al menos cuatro años antes hacía estragos en Europa pero no en esta ciudad. Y causó más de 5000 muertos en una primera fase y en 1837 hubo un rebrote con 13.000 fallecidos. Esto fue adjudicado a la "ira" de San Genaro, pero como éste fue año bisiesto, creen que la maldición del santo se cumplió por anticipado.
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