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Pasó dos semanas en coma y celebraron el alta en caravana

Carlos Mansilla es jefe de Bomberos Voluntarios de Plottier. Estuvo un mes internado por Covid y, al volver a casa, lo recibieron con el sonido de las sirenas.

Como jefe de Bomberos Voluntarios de Plottier, Carlos Mansilla se enfrentó cara a cara con la muerte muchas veces, pero nunca con tanta intensidad como las dos semanas que pasó en coma por Covid. Estuvo casi un mes internado y, al volver a casa, familiares, amigos y vecinos lo celebraron con una emotiva caravana, entre globos y el sonido de las sirenas.

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Hoy, varias semanas después, aún sigue en rehabilitación, con secuelas de la compleja batalla que lidió. “Todavía me encuentro medicado con anticoagulantes porque el Covid genera trombos en la sangre y me estoy haciendo estudios bioquímicos y placas de los pulmones, que por ahora resultaron bien, pero esto va a llevar meses”, comentó, sin perder en ningún momento su buen humor.

Carlos es querido tanto en el cuartel como en la ciudad que lo adoptó hace casi cuatro décadas, cuando era un adolescente. Entonces, iba a Bomberos a jugar al vóley y no se imaginaba que un día iba a usar ese uniforme y honrarlo con una trayectoria que quedó plasmada en el cariño de la gente que lo acompañó en su lucha contra el Covid.

Confió que el aliento de la gente “fue muy emocionante porque es una satisfacción personal, porque me acercaron un celular cuando estaba internado y podía ver las redes sociales, sobre todo Facebook, donde personas de distintos credos oraban por mi sanidad y, como soy una persona creyente, eso me fortalecía”.

Caravana para esperar a Carlos Mansilla en Plottier.

El cariño la gente lo transportaba en las horas más difíciles casi 40 años atrás, hasta la época en la que echó raíces en Plottier. “Soy nacido en Cutral Co y me vine a los 14 años porque mi padre era jubilado de YPF y quería buscar el Valle, que se le decía así, porque acá había vegetación y, en la década del `70, allá era todo arena y sol”, recordó.

Al cuartel de Bomberos lo conoció un par de años después, agregó, “cuando fui al jugar al vóley porque tenían el salón con un equipo; yo cursaba el secundario y jugaba en la escuela y un vecino me invitó a ir, así que fui a ver qué era”.

Entre risas, relató que en ese momento le ofrecieron ser bombero voluntario “y les dije que ni loco, pero me empezó a gustar la calidad humana que había y así se fue dando, porque, hasta que no lo probás, no empezás a tener vocación de servicio”. Y, por si quedaban dudas, subrayó: “hoy, no lo cambio por nada”.

En tantos años, muchas veces le tocó luchar por la vida de los demás, siempre junto a su equipo. El Covid fue la primera batalla que libró solo. “Empecé con síntomas el jueves 27 de agosto, con decaimiento y un poco de fiebre, así que me atendieron en el hospital de Plottier, me hicieron una placa y me encontraron un poco de neumonía”, indicó.

Unos días después, en el cuartel, sintió que no podía respirar y le bajó la saturación de oxígeno. Fueron a buscarlo de inmediato desde el hospital y, como el cuadro era complejo, lo trasladaron a una clínica en Neuquén capital.

Reconoció que, hasta entonces, “no había tomado magnitud de esto porque a mi señora le tocó también y, como vivimos los dos solos, nos dijimos que lo íbamos a pasar juntos de la mejor manera posible, pero nunca imaginamos que iba a tener una neumonía bilateral con el 70 por ciento de los pulmones tomados”.

Ella sólo sufrió dolor de cabeza y corporal, aunque debió atravesar la enfermedad aislada y preocupada por su esposo a la distancia. Recién cuando el hisopado de Carlos dio negativo, se reencontraron en un abrazo. “Estuve internado 28 días y no pudo acercarse nunca”, remarcó él.

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Señaló que esa lejanía “es lo que más duele, que no puedas despedirte del ser querido, porque a mí me cargaron en una ambulancia, entré a media tarde a la clínica, me pusieron plasma y bigotera y a la una de la mañana entré en coma”.

De esa etapa crítica en internación, el peor momento fue una madrugada en la que hizo un paro cardiorrespiratorio. “Me agarró una atelectasia del pulmón izquierdo y me tuvieron que volver a conectar, porque ya estaba en sala común”, indicó.

El 7 de octubre, cuando al fin regresó a casa, Carlos reflexionó mucho sobre el aprendizaje que le dejó esta batalla. “Es un tema serio, porque yo, gracias a Dios, tengo bienes materiales para vivir bien, pero sin salud no tenemos nada, por eso insisto en que es más fácil respirar con un barbijo que con un respirador”, subrayó.

Comentó que hoy lo único que le falta es reincorporarse a Bomberos, que es como su segundo hogar. Su esposa está en la comisión directiva del cuartel y uno de sus hijos es suboficial. “Somos una familia bomberil y ellos me dan el apoyo psicológico, aunque físicamente no estoy todavía apto para la actividad operativa”, comentó.

Pese a las secuelas de la enfermedad, Carlos intenta ir al cuartel cada vez que tiene oportunidad. Confió que la vocación puede más “y voy volviendo en forma esporádica, porque con 37 años de servicio no es fácil cortarlo de golpe, para mí esto es un estilo de vida”.

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Fue uno de los héroes de la Coope

En su labor voluntaria como bombero, Carlos Mansilla pasó por muchos momentos difíciles antes del que le tocó con el Covid. El que más quedó grabado en su memoria fue el derrumbe de la Cooperativa Obrera, donde trabajó junto a su equipo toda una noche para rescatar a quienes estaban atrapados entre los escombros.

“La Coope fue el primer caso así en la zona, que ojalá sea el último, y todavía no estábamos preparados ni en los conocimientos técnicos ni en los recursos para trabajar en el lugar; por eso, más que con técnicas y tácticas, se trabajó con coraje”, recordó.

Contó que trabajaron durante horas codo a codo con Bomberos de Neuquén “y el grupo mío fue la brigada que encontró a la primera víctima fatal, después de haber estado toda la noche sacando a los heridos”.

Fue un desafío enorme para todos los bomberos, que mereció una distinción del gobierno provincial, que poco después les entregó diplomas por reconocimiento al servicio. Para Carlos, el derrumbe de la Coope fue una bisagra en su carrera. Comentó que es una tarea que se hace por vocación, “porque tenés muchos momentos díficiles, ya desde que te subís al camión y te encontrás en lugares desconocidos en horas nocturnas y querés que todos vuelvan a casa sanos y salvos”.

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