Pequeños productores de vino: una movida activa y atractiva para descubrir

Pese a los tiempos de crisis que se viven, el emprendedurismo permite conocer grandes apuestas con productos muy bien logrados y de excelente factura.

Joaquín Hidalgo

Especial

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Visitar una vinoteca de las buenas, de esas que cazan talentos embotellados, puede ser una experiencia curiosa para un bebedor de vinos acostumbrado a ciertas marcas clásicas: de los viejos nombres de fincas con aromas de aperos y zarcillos, poco hay; por el contrario, vinos de hoy cuentan otro mundo, uno que viaja por otras experiencias.

Podríamos pensar que es una gestión sólo de marketing y creatividad. Pero el asunto tiene, bajo ese barniz modernizante, una fuerza muy distinta. Por los costados del mercado, entre las brechas que dejan en las góndolas los grandes intereses, se cuela en nuestro medio un nutrido grupo de productores pequeños y muy pequeños que a fuerza de fe en sus vinos pueblan los escaparates de los cazadores de rarezas.

Es que en un país en permanente crisis, el emprendedurismo es una forma de supervivencia. Y el vino no es ajeno a esta situación. Sólo este año, hemos asistido a ferias de productores independientes, a seminarios que los ponen como ejemplo –el último tuvo lugar el jueves pasado en el marco de la Premium Tasting– y en noviembre llega una nueva edición de la feria Productores amigos, que rescata ese mismo espíritu.

En eso, el solo hecho de ser pequeño no es garantía (aunque así se perciba) de buenos vinos. Sin embargo, en beneficio de estos comienzos, es interesante darles una chance. En ese plan, a continuación listamos algunos vinos y sus productores que vale la pena rastrear por las vinotecas.

Malajunta Bonarda Cabernet Franc 2017. Es el vino que más nos gusta de este productor, el enólogo Gabriel Donozo, con espíritu rupturista. Un tinto bien frutado y de paladar carnoso, de rico regusto final.

Contador de Estrellas Tempranillo 2016. Resulta un tinto de fruta roja pura, con un paladar apretado de taninos como es menester a la variedad. Produce con uvas de El Cepillo, Valle de Uco, Absurdo Wines. Tienen otros vinos.

Altos de la Ciénaga 2017. Nació como y sigue siendo un productor artesanal de la parte tucumana del Valle Calchaquí, cuyo blend tinto profundo y complejo venimos siguiendo desde la primera vez que nos cautivó en 2014. El autor es Rolo Díaz, un enamorado del vino.

Sunal Malbec 2015. Elaborado por el enólogo Agustín Lanus con uvas del Valle Calchaquí, este Malbec fragante, jugoso y de taninos finos es un ejemplar perfecto de lo que se trama hoy en el NOA.

Amar y Vivir Malbec 2017. Matías Etchart produce en una remota finca del Valle Calchaquí, este tinto intenso y a la vez delicado, jugoso. El nombre es un homenaje: era el bolero que cantaba en las mesas familiares Arnaldo Etchart, su tío, fundador de la saga familiar.

Initium Malbec 2014. La pareja de enólogos que forman Teresita Barrios y Cristian Moor elaboran en el garaje de su casa este Malbec con uvas de La Consulta, Valle de Uco. La fruta roja, el buen cuerpo y perfil fresco, son todo en este vino.

Pielihueso Naranjo 2018. Detrás de este blanco hay un productor de pampa húmeda, Alejando Bartolomé, y su hija Celina. Elaboran uvas de Los Chacayes, en Valle de Uco, y esta edición de su vino naranjo, sobre el que vienen trabajando en los últimos dos años, está entre los mejores del país.

Alma Gemela Carignan 2018. Para los que no han probado esta variedad, los vinos de la sommelier Mariana Onofri y marido son una buena oportunidad. Aromática austera, boca jugosa y taninos firmes y deliciosos es la definición.

Relator Rosé. Las burbujas de este productor –sociedad entre el relator hípico Fernando Gabrielli y el enólogo Pepe Reginato– ofrece espumosos de perfil renovador. Como este rosé, fragante y de buena frescura.

LoSance Extra Brut. A veces las copas reúnen a las familias. Es el caso de los cuatro hermanos Sance –hijos de un mismo padre, pero diferentes madres–, que se conocieron al heredar la finca una en Mendoza y decidieron hacer burbujas. Delicadas, amerita ponerle el paladar.

La crisis es oportunidad

Quizás, como sucedió entre 2002 y 2005 con las llamadas bodegas boutique, la larga crisis que atraviesa la industria del vino a fines de esta década sea el caldo de cultivo para revitalizar ese espíritu emprendedor. Lo cierto es que hoy existe un grupo creciente de pequeños productores que, como sucede en otras partes del mundo, articulan sus esfuerzos para ganar espacios.

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