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La Mañana dictadura

Pidieron prisión perpetua para diez represores por delitos de lesa humanidad

La fiscalía y la APDH solicitaron además penas de 25 a 7 años para otros cinco imputados.

El Ministerio Público Fiscal y la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH) de Neuquén solicitaron prisión perpetua para diez de los quince imputados en el séptimo juicio por delitos de lesa humanidad ocurridos en la región durante la última dictadura militar. Además, reclamaron penas de 25 a 7 años de cárcel para el resto de los acusados.

El fiscal José Nebbia requirió las condenas al Tribunal Oral Federal 1 de Neuquén al culminar su alegato, que se extendió por cuatro días y en el que explicó en detalle cómo funcionó el aparato represivo en forma coordinada entre el Comando del V Cuerpo del Ejército con sede en Bahía Blanca y el Comando de Montaña 6 de Neuquén.

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Tanto Nebbia como Bruno Vadalá, abogado querellante de la APDH, requirieron la máxima condena para los ex miembros del Destacamento de Inteligencia 181 de Bahía Blanca Osvaldo Paez, Walter Tejada, Jorge Granada, Norberto Condal y Carlos Taffarel por los delitos de asociación ilícita, privación ilegal de la libertad, aplicación de tormentos, homicidio agravado en los casos de ocho detenidos desaparecidos y abuso sexual en perjuicio de tres de las víctimas.

También solicitaron la prisión perpetua para el ex jefe de Inteligencia del Comando de Neuquén Oscar Reinhold y los ex integrantes del Destacamento de Inteligencia 182 Jorge Molina Ezcurra, Sergio San Martín y Jorge Di Pasquale, y el ex agente civil de inteligencia Raúl Guglielminetti.

Nebbia solicitó 25 años de prisión para el ex piloto militar Juan José Capella y para el ex segundo jefe de la delegación Neuquén de la Policía Federal, Jorge Soza. En tanto, el querellante por la APDH pidió 22 años para ambos imputados.

La Fiscalía y la querella de la APDH solicitaron 10 años de cárcel para el ex comisario de la Policía de Río Negro Desiderio Penchulef; 9 años para el ex oficial de la Policía Federal Miguel Ángel Cancrini. Por último, Nebbia solicitó 8 años de prisión para el ex policía rionegrino Enerio Huircaín. Vadalá requirió siete años.

Debido a la gravedad de los hechos ocurridos durante la última dictadura militar e investigados en este proceso judicial, el fiscal José Nebbia requirió la revocatoria de las prisiones domiciliarias de los imputados y la inmediata detención de Capella, Soza, Huircaín y Penchulef.

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Ambos acusadores pidieron que las condenas se cumplan en cárcel común y que se den de baja las pensiones, jubilaciones y retiros que perciben los acusados en este séptimo juicio por delitos de lesa humanidad.

El fiscal estimó que debido a las anteriores condenas de los imputados, debería convocarse a una audiencia de unificación de penas.

En su alegato el fiscal precisó la “irradiación” de Bahía Blanca en la zona donde ocurrieron los hechos ya que la aplicación del exterminio se encontraba a cargo del Comando del V Cuerpo del Ejército de esa localidad bonaerense. “El cerebro estaba en Bahía Blanca y en Neuquén teníamos los brazos ejecutores de ese gran pulpo”, resumió Nebbia.

“La violencia sexual formó parte del plan de exterminio y destrucción”, sostuvo el fiscal José Nebbia.

Describió caso por caso los hechos cometidos entre el 9 y 15 de junio de 1976 contra las víctimas, quienes en tres vuelos diferentes fueron trasladados en un avión (Twin Otter AE106) a Bahía Blanca donde en el centro clandestino de detención “La Escuelita”, que funcionaba en el predio del V Cuerpo del Ejército, estuvieron en cautiverio, fueron torturados e interrogados bajo tormentos.

Las víctimas fueron secuestradas en esas fechas en Neuquén capital, Cutral Co, Zapala y Cinco Saltos, provincia de Río Negro, y trasladadas a la Unidad Penal 9 de la capital neuquina y luego llevadas en vuelos clandestinos a Bahía Blanca. Los vuelos fueron realizados los días 10, 15 y 16 de junio de 1976. El avión, según el fiscal, era comandado por el piloto Capella. “La actividad de Capella en 1976 fue frenética con vuelos entre Neuquén y Bahía Blanca trasladando detenidos, y su aporte fue necesario como parte del esquema criminal”, afirmó el fiscal.

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Por otra parte destacó que es el primer juicio "en donde se juzga a un piloto del Ejército por manejar un avión con secuestrados, no por dar órdenes”.

Además, remarcó que en este debate se investigan hechos de violencia sexual contra tres víctimas como delitos autónomos del de tormentos. En ese sentido, sostuvo que "la violencia sexual fue un arma más. Hubo un plus por ser mujer. La violencia sexual formó parte del plan de exterminio y destrucción”.

El fiscal dijo que cada uno de los imputados en este juicio "hizo su aporte” para que los hechos que se están juzgando ocurran. “No hay secuestro sin inteligencia previa, no hay traslado a Bahía Blanca sin el secuestro previo, no hay tortura, no hay violación sin esa inteligencia, sin ese secuestro, y sin ese traslado previo”, afirmó.

Por último, el fiscal señaló que “los daños no pueden ser cuantificados pero esto es una reparación”.

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“Para los hijos e hijas de las víctimas y sobrevivientes del terrorismo de Estado, el Nunca Más es un tatuaje invisible que hacen a sus identidades. Sobrevivieron y se construyeron como personas marcadas a fuego con la ausencia de un padre o de una madre”, afirmó Bruno Vadalá, abogado de la APDH.

“Para los hijos e hijas de las víctimas y sobrevivientes del terrorismo de Estado, el Nunca Más es un tatuaje invisible que hacen a sus identidades. Sobrevivieron y se construyeron como personas marcadas a fuego con la ausencia de un padre o de una madre”, afirmó Bruno Vadalá, abogado de la APDH.

Destacan la declaración de los hijos de las víctimas

Luego de solicitar las penas a los imputados, el abogado de la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH) de Neuquén, Bruno Vadalá, se refirió a las declaraciones que brindaron en las audiencias los hijos e hijas de los sobrevivientes y desaparecidos durante la última dictadura militar. “Todos ellos, víctimas del terrorismo de Estado, dieron cuenta de la transmisión del dolor, de lo irreparable del daño causado”. Agregó que cuando declararon “lo hicieron con la premisa del nunca más en sus cuerpos”. “Para ellos y ellas el nunca más es un tatuaje invisible que hacen a sus identidades. Sobrevivieron y se construyeron como personas marcadas a fuego con la ausencia de un padre o de una madre. Hay quienes hicieron de esa ausencia un motor de lucha por la memoria, la verdad y la justicia; hay quienes no pudieron con tanto dolor”.

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