Así vivieron los Galar el juicio a los rugbiers
Para los Galar, el crimen de Fernando Báez Sosa y el juicio a los rugbiers les movilizó muchos recuerdos y la gran difusión mediática los llevó a seguir cada uno de los avatares de la causa que concluyó con condenas, cinco perpetuas y tres de 15 años, que ni por asomo estuvieron cerca de las que recibieron los asesinos de Javier Galar en Neuquén.
Para Jorge y Miriam, papá y hermana de Javier Galar, asesinado por un ataque en manada en pleno centro neuquino la madrugada del 17 de junio de 2006, la resolución judicial del caso Báez Sosa les brindó un parámetro de dónde quedaron ellos y qué pasó con la Justicia en todos estos años.
El caso fue muy parecido, casi calcado. A Javier Galar lo abordaron entre cinco en Diagonal 9 de Julio casi Avenida Argentina. Estaba apoyado contra una pared y con las manos en los bolsillos cuando le dieron una trompada que lo dejó inconsciente e indefenso en el suelo. Luego, le patearon la cabeza hasta matarlo.
Déjà vu
Cuando ocurrió el ataque a Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, el 18 de enero de 2020, desde LMN nos reunimos con Miriam, hermana de Javier, que se mostró impactada por la similitud del caso.
“Lo primero que me generó cuando vi lo que había ocurrido en Villa Gesell fue un sentimiento de angustia y de tristeza muy grande, porque me sentí muy identificada con el dolor de la familia de Báez Sosa”, advirtió la mujer, que con los años se recibió de abogada y es madre de un pequeño de 4 años que le recuerda mucho a su hermano.
“Fue inevitable que no apareciera el recuerdo de Javi al ver lo de Fernando. Con mi papá estamos en la misma sintonía de recordar, pero tratamos de no hablarlo porque es muy doloroso para nosotros, más allá de que Javi siempre está presente”, contó Miriam, que siempre está tratando de pasar página, tarea para nada fácil para quien ha sido sacudido por una muerte violenta.
Pero no solo se trató de un recuerdo que emergió desde lo profundo de su ser. “A la vez tuve un sentimiento de bronca de ver que pasan los años y sigue ocurriendo lo mismo. Nosotros queríamos que Javier fuera el último y no vemos que haya solución. Desde mi punto de vista, lo que pasa es una mezcla de una cuestión social, cultural, económica y política. Hay ingredientes de todo tipo y es muy difícil decir ‘la solución es esta’, porque es un conflicto que tiene muchos elementos a tratar”, analizó la hermana de Javier.
“Yo no creo que haya una solución frente a esta problemática ni a corto ni a mediano plazo. Esto se soluciona a muy largo plazo. Encima, lo que veo es que esto va empeorando, no es que va mermando con el tiempo o vamos avanzando como sociedad. Cada vez veo que la sociedad tiene más bronca, más ira. Y la gente se saca la bronca en estos hechos de violencia. También hay mucha cobardía, por eso aprovechan estas patotas o manadas para sacarse esa bronca, que a lo mejor viene por otro motivo, y lamentablemente un inocente paga las consecuencias”, resumió.
Juicio y castigo
“Fue imposible no seguir el juicio y el caso en general, porque por más que yo dijera ‘no lo veo’, el tema me tocaba muy de cerca y además estaba en todos lados, con una cobertura mediática impresionante y a nivel social todo el mundo compartiendo notas y opiniones. No había manera de no enterarse de qué es lo que estaba pasando, y el veredicto me lo compartieron por todos lados”, reveló Miriam.
“Era inevitable verlo sin estar pensando que viviste lo mismo hace casi 17 años. Por ahí no me sentaba a verlo a tiempo completo, porque me llega de una manera distinta, pero sí lo seguí”, confió.
“El veredicto me generó cierto alivio porque hubo justicia en este caso y eso le va a traer un poco de paz a la familia. Lo bueno sería que sea un caso bisagra para que no vuelva a pasar y, si llega ocurrir de nuevo un hecho así, ya se sabe lo que se puede llegar a esperar de la Justicia. Hubo cadenas perpetuas y condenas de 15 años, bien, pero que quede claro: una sentencia no satisface nunca porque a tu hijo, hermano en mi caso, no te lo devuelve nadie. Esas personas se pueden morir adentro de la cárcel y el vacío lo vas a tener igual”, describió Miriam sobre sensaciones que solo quienes atraviesan ese camino pueden conocer.
“Justo el día del veredicto fui a ver a mi viejo y estuvimos charlando porque él lo estuvo siguiendo mucho más que yo el caso. Creo que mi viejo estaba viendo cómo se resolvía y si se resolvía diferente a lo que nos tocó a nosotros. Le cayó bien que no fuera una muerte más y que hubo penas que lamentablemente nosotros no tuvimos”, reveló.
En cuanto a lo que sigue tras las condenas, Miriam explicó: “Viene una parte muy difícil para la familia de Fernando que es seguir adelante, porque estos tres años estuvieron buscando justicia y ahora les toca terminar el duelo. A nosotros nos pasó que no tuvimos justicia, nunca se nos escuchó, cuando les dieron la libertad condicional a los asesinos de mi hermano no nos notificaron, fue todo un desastre”.
El después es complejo. “Yo intenté pasar la página y no estar tan pendiente porque llega un punto en que sentís que te morís con tu familiar. Mi viejo nunca terminó de hacer el duelo porque es antinatural que te arrebaten a tu hijo. Cuando pasan estos hechos como el de Fernando, es muy difícil que no te afecte y que no te duela de la manera en que duele, que es indescriptible. Lamentablemente no se supera, hay días en que duele un poco más o un poco menos, y ese poco menos es muchísimo porque no es algo natural una muerte así; por eso no se supera, se sobrelleva como se puede”, concluyó Miriam.
“No tuvimos la visibilización que brindan hoy las redes”
Miriam explicó por qué el caso de su hermano no tuvo tanta repercusión. “Tuvimos apoyo de la gente, pero no la visibilización que brindaron los medios y las redes al crimen de Fernando. En ese entonces no había redes sociales, o si había no se utilizaban como ahora que te graban con un celular y en segundos ya está el hecho en todos lados y todos lo están viendo y compartiendo”, precisó.
Justamente, en el caso de Báez Sosa, el video del ataque de los rugbiers no solo sirvió de prueba en el juicio, sino que también funcionó como disparador de odio y de reflexión.
La tracción del ataque a Fernando, similar al de Javier, permitió que a lo largo de estos tres años que se tardó en llegar a juicio no solo se pudiera ver aquello que estaba oculto en las sombras de la noche, sino también reflexionar sobre el accionar de estas manadas y de determinados grupos que tienen la violencia como un modo de expresión, en este caso los rugbiers.
Incluso, un ex integrante de Los Pumas y capitán del equipo, Agustín Pichot, habló del fenómeno y narró experiencias terribles de la naturalización de la violencia en el rugby.
Pichot también contó cómo lo interpeló la hija, que describió a los rugbiers como “patoteros, quilomberos y agresivos”.
Pero como dijo Miriam, no se trata solo de determinados grupos, porque a su hermano no lo atacaron rugbiers. El fenómeno de la violencia social y su exacerbación ha sido naturalizado a tal punto que desarticularlo conlleva tiempo y desarrollo de nuevas herramientas.
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