El clima en Neuquén

icon
29° Temp
30% Hum
La Mañana Luis Aboy

El Rati Horror Show desencadenó la gran fuga de Luis Aboy

El asesino de las hermanas Buamscha escapó de la U11 dentro de un exhibidor de tortas. El plan contemplaba visitar a Enrique Piñeyro y entregarse en la Casa Rosada.

Luis Aboy está condenado a prisión perpetua por el crimen de las hermanas Marta y Olga Buamscha, perpetrado la medianoche del 21 de marzo de 2005 en Junín de los Andes.

En su paso por la cárcel concretó dos fugas. La segunda fue el 18 de septiembre de 2013 cuando estaba en la U11. Ese escape a la libertad se transformó en la más ingeniosa y audaz fuga en la historia criminal argentina, dejando en ridículo a la Policía y al poder político neuquino.

El plan que tenía en mente Aboy era inimaginable. Pretendió reunirse con el cineasta y actor Enrique Piñeyro para contarle su caso y luego entregarse ante la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada.

Nada salió como lo había planeado; de lo contrario, todo habría devenido en un film de acción y suspenso.

piñeyro Rati Horror Show.jpg

El Rati Horror Aboy

Desde que fue condenado a fines de 2008 por homicidio calificado en ocasión de robo, Luis Aboy sostiene su inocencia y afirma que es un perejil al que le armaron una causa.

Una capucha con su ADN y una cadena de custodia muy cuestionada fueron el eje de la discordia entre los magistrados que lo condenaron en disidencia, dejando abierta la puerta a la duda.

Cumpliendo condena en la cárcel de Junín de los Andes (UD41), la noche del 25 de octubre de 2011, tras fumarse un cigarrillo en el patio del penal, trepó por un muro y se filtró por una ventana al techo de la unidad, desde donde saltó.

El propio Aboy contó que se lesionó un tobillo, pero la adrenalina de sentirse perseguido pudo más que el dolor y, apretando los dientes, logró escabullirse de los penitenciarios.

En menos de cinco días, ya había conseguido una identidad falsa: Ariel López. Al poco tiempo, convivía con una joven en Bariloche, donde hizo todo tipo de trabajos y mantuvo un bajo perfil.

Para ese entonces, Enrique Piñeyro había estrenado El Rati Horror Show, donde reconstruía la denominada Masacre de Pompeya. En el documental, se observa con lujo de detalle cómo la corrupta Policía bonaerense le armó una causa a Fernando Carrera, un joven comerciante sin antecedentes que solo esperaba que el semáforo le habilitara el paso en puente Alsina y terminó sumergido en una historia de crimen y horror.

Carrera fue condenado a 30 años de prisión, pero gracias a la Red Inocente y al documental estrenado a fines de 2010 por Piñeyro, el 6 de junio de 2012 fue liberado y la Corte Suprema de Justicia de la Nación revocó su condena.

Ese documental perforó en la cabeza de Aboy con más fuerza que un trépano en el corazón de Vaca Muerta.

El prófugo supo que tenía que contar su historia a la gente. Fue así que lanzó desde un perfil falso de Facebook su primer texto declamatorio de su inocencia: “Cuando la mentira es la verdad”.

Dicho borrador se terminó transformando a principios de enero, doce años después, en un libro: Cuando el poder compra la mentira.

libro aboy -VERTICAL CHICA-

Forzando paralelismos

Algunos podrían querer establecer paralelismos entre las historias. De hecho, Aboy se siente muy identificado con Carrera, según su visión, por ser víctimas de la corrupción policial y judicial.

La Masacre de Pompeya ocurrió el 25 de enero de 2005 y dos meses después, el 21 de marzo de ese mismo año, fue el doble crimen de las hermanas dueñas de la emblemática panadería La Moderna de Junín de los Andes.

No hay elementos místicos ni una urgencia del cosmos por unirlos, salvo para Aboy. Pero en realidad son casos totalmente aislados y con un fuerte impacto social.

Carrera, tras batallar siete años y cuatro meses, logró recuperar la libertad el 6 de junio de 2012.

Para esa misma época, en Bariloche, Aboy y su pareja estaban con la relación en caída libre. Todo se terminó de desmoronar el 26 octubre de 2012. Aboy había sido denunciado por la pareja y cuando intentaba escapar con destino a El Bolsón, la Policía rionegrina lo atrapó en un control vehicular. A partir de ahí, se acabaron las noches estrelladas y los barrotes volvieron a su cotidianidad.

Esta vez, la Policía neuquina optó por trasladarlo a “la cárcel más segura de la provincia”, la U11, ubicada en el Parque Industrial de Neuquén.

mueble.JPG

La idea del mueble

En la cabeza de Aboy seguía presente la idea de hacer trascender su causa, y la única persona que él pensaba que lo podría escuchar era Enrique Piñeyro, pero desde la cárcel no lograba contactarlo y eso lo desesperaba porque la vida se le consumía tras las rejas.

Mientras tanto, Aboy comenzó a realizar un taller de carpintería con la ventaja de que ya conocía el oficio desde su juventud.

En esa estadía en el taller, tomaría forma su nuevo plan de fuga.

“La idea del mueble se me ocurrió trabajando. Vi que salían muebles grandes y supe que esa era una oportunidad. Yo actué como un oportunista, vi la posibilidad de ser libre y de lograr el objetivo que tenía”, me confió Luis Aboy en una de las tantas charlas que mantuvimos (al lector desprevenido le aclaro que desde hace más de 10 años que charlo con Aboy y muchas otras personas privadas de la libertad).

Para concretar su objetivo, como todo preso, tuvo un contacto externo que fue el que hizo el pedido del exhibidor de tortas. Lo compraron por 400 pesos, unos 40 dólares en ese entonces, lo que hoy sería unos 20 mil pesos. ¡Una ganga!

El mueble lo diseñó en el pabellón 6 donde funcionaba el taller de carpintería. Tenía un metro de alto, por 1,40 de largo y con una profundidad de unos 60 centímetros.

Constaba de tres cajones y en la parte superior se podían exhibir tres tortas, para ello había una pequeña base que se elevaba unos centímetros del mueble para destacar el producto.

El secreto del mueble estaba en su diseño con los cajones ubicados en el centro, dejando unos 30 centímetros liberados a cada lado. De esa forma, en el interior quedaba una U liberada con la idea de que adentro pudiera ir una persona sentada en L.

Para este audaz plan, Aboy tuvo que hacer una ecuación muy fina que combinara el uso de materiales económicos con otros resistentes. Además, al mueble le puso seis ruedas aceradas con doble rulemán que fueron agarradas con tornillos autoperforantes, para que no hubiera necesidad de levantarlo, solo con empujarlo bastaba para trasladarlo. En definitiva, el mueble debía soportar los casi 80 kilos que Aboy pesaba en ese entonces.

p11-f01-poli(SCE_ID=693853).jpg

La fuga

El 18 de septiembre de 2013, el condenado ajustó los detalles para su huida. Era miércoles, día de visita y mucho movimiento en la U11, por lo que aprovecharía que los penitenciarios estaban recargados con distintas tareas para intentar concretar el plan de fuga.

De hecho, como elemento distractivo, ese día Aboy recibió la visita de una mujer entre las 12 y las 13:30. Para ese entonces, ya habían llamado a un fletero que llegó a la cárcel de Parque Industrial en una camioneta Peugeot 504 roja alrededor de las 14:30.

Después se fue al taller, donde contó necesariamente con el apoyo de un interno, de mínima, que fue el que le puso la tapa al mueble una vez que Aboy entró y se sentó en el interior.

Luego, el exhibidor fue cargado en un carrito de traslado de objetos con la finalidad de disimular el peso.

Dos penitenciarios, Abel Ríos y Eduardo Romero, estaban a cargo del taller de carpintería y recargados con otras tareas, por lo que cuando les pidieron trasladar el exhibidor a la entrada del penal actuaron en automático. Nada les llamó la atención.

El control del taller fue superado sin drama y, tras recorrer unos 300 metros, llegaron a la Guardia Interna, que miró el mueble y lo dejó pasar. Lo mismo ocurrió unos 50 metros después en la Guardia Externa. Ningún penitenciario revisó al detalle el exhibidor, los únicos en tocarlo fueron Ríos y Romero, que con la ayuda del fletero lo cargaron en la camioneta sin percatarse del peso. Todo el recorrido, desde el taller hasta la camioneta que lo aguardaba, duró unos 10 minutos como mucho.

Alrededor de las 15, el fletero se dirigió hasta la toma Almafuerte donde bajó el exhibidor, le pagaron y se fue.

En su libro, Aboy cuenta: “En toda fuga existe el factor sorpresa. Cuando me fugué de Neuquen, le había hecho una perforación en la base al mueble como para poder respirar, pero calculé mal el lugar y, al ubicarme adentro, quedé sentado justo encima del orificio. Era algo realmente desesperante, todo oscuro y con poco aire, no apto para fóbicos, pero al salir del mueble fui libre de nuevo”.

Dentro de la casa desarmaron el mueble y ahí Aboy dio las bocanadas de aire que necesitaba, incluso me confió que “estaba un poco mareado”, pero respiró en libertad.

Rápidamente, rearmaron al exhibidor y lo llevaron a unas pocas cuadras, a la toma Las Flores, donde se lo entregaron al joven que supuestamente lo había encargado.

La fuga fue advertida por los penitenciarios después de las 17:30, cuando concluyó el horario de visita y realizaron el recuento de los internos. Allí se desató la locura; incluso, llegaron a sospechar que podría haber escapado junto con la visita, algo grotesco.

buscado.jpg

“Todos mis planes fallaron”

En medio del ridículo, la Policía buscaba por cielo y tierra a Luis Aboy y creían que ese mismo miércoles había huido de la provincia, por lo que se le pidió a la Justicia que librara las órdenes de captura nacional e internacional necesarias.

Los familiares de las Buamscha estallaron de furia, algo más que comprensible, y el Gobierno salió a ofrecer una recompensa de 50 mil dólares para quien, literalmente, lo entregara o brindara información clave para su captura.

Mientras era buscado por todo el país, Aboy estuvo oculto en una casa en el oeste neuquino.

El plan de fuga, según me confió, contaba con un camionero que lo iba a sacar oculto hasta Bahía Blanca. “De Bahía me iba a ir hasta Buenos Aires a buscar a Piñeyro para contarle mi historia. Después, lo quería ver a Canaletti de TN (Todo Noticias) y finalmente me iba a ir a la Casa Rosada para entregarme en el despacho de la presidenta (Cristina Fernández)”, detalló.

¿Qué pasó? “Como dice el refrán: ‘El hombre propone y Dios dispone’. Todos mis planes fallaron, no pude salir de la ciudad inmediatamente como lo había planeado, no tengo dinero, no me puedo comunicar con nadie y no sé por qué razón cada día que pasa me cuesta emprender un viaje a otro lugar. Hasta que me decido a hacerlo, pero ya es tarde”, narró Aboy en su libro. Ese viaje tenía por destino la localidad turística de Bariloche, donde lo iban a guardar durante un tiempo y facilitarle una identidad alternativa como ya había ocurrido en su anterior fuga.

Recaptura de Aboy (4).JPG

La entrega

Cuando el Gobierno lanzó la jugosa recompensa por Aboy, apostó a la urgencia de la gente y a la traición en un ambiente donde los códigos ya no son los de antes.

Fue así que hubo un llamado de una mujer que dio precisiones sobre la ubicación del fugitivo.

Lo que se sabe es que era del barrio donde lo escondían a Aboy. El preso hasta la fecha dice no saber quién lo entregó.

Lo cierto es que la historia de la fuga de Aboy funde a negro con las primeras luces de la mañana del 28 de septiembre, “apenas diez días después de mi fuga”. La verdad es que me lo había pasado escondido todo el tiempo. Ese día estoy con Raúl, un amigo de los pocos que se encuentran en la vida, tomamos unos mates y le comento que me voy de Neuquén a la noche. Pero esta charla y los mates son interrumpidos por la Brigada de Neuquen, que tiró la puerta abajo e inmediatamente me redujeron de un culatazo en la cabeza”, detalló Aboy en su libro, al cual le dio forma durante los días que pasó en aislamiento tras su detención.

Después, vendría la investigación por complicidades en la fuga de Aboy, pero esa es otra historia.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas