Un año del asesinato de Juan Caliani: "En el barrio hay un dolor que no se llega a dimensionar"
El periodista de 34 años fue asesinado en su casa, en el barrio La Sirena, cuando dos adolescentes intentaban robar. "No queremos venganza, queremos justicia", asegura su familia.
Ana Mercado y Jorge Caliani tienen mucho para decir. Pasó un año desde que su hijo menor, Juan Caliani -de 34 años-, fue asesinado por dos jóvenes de 16 y 17 años que intentaban robar en su casa, en el barrio La Sirena de Neuquén. En mayo próximo será el juicio de cesura, donde se determinará la pena que deberán cumplir los responsables del crimen, tras realizar durante un año el tratamiento de libertad asistida.
Las imágenes del Cali (como le decía la mayoría) salpican la mesa de roble del comedor de la casa donde se crió, en Luis Beltrán al 1700, donde Ana y Jorge esperan al equipo de LMNeuquén. Se entremezclan sus fotos con la remera de la CEPA, rodeado de sus compañeros de militancia, y las calcomanías que reclaman justicia. También se cuelan afiches que invitan a la marcha de este lunes, los mismos que están estampados en postes y paredes de la ciudad; y algún que otro sticker de Mecha, el equipo de fútbol de General Roca donde jugaba de 3.
El Cali era eso y mucho más. Trabajaba como periodista y productor en Radio Cumbre. Era estudiante: hacía poco había retomado la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo). Se quería recibir. También proyectaba construir un departamento en el terreno de esa casa. Y sobre todo, era el gracioso, el jodón, el que siempre tenía un chiste, aunque el contexto fuera de drama.
No importa si las cámaras están apagadas o encendidas: Ana y Jorge tienen mucho para decir. Y empiezan con un pedido claro frente a la próxima etapa judicial: “No queremos venganza, queremos justicia. Y justicia también significa dar un mensaje a la sociedad de que no hay impunidad”. También, señaló Ana, “estamos de acuerdo con trabajar más en la prevención que en la sanción” porque, recordó, “hay toda una historia atrás de estos menores donde se miró para otro lado”.
Es cierto. El modo en que ocurrió el asesinato de Juan Caliani (el contexto y la saña) no es habitual en Neuquén. Lo que sí es común en los gobiernos es apelar -entre otras cosas- a las cámaras de seguridad como solución inmediata frente a hechos de tamaña gravedad, cuando los contextos muestran otras cosas. “Más allá de lo de Juan, tenemos repetidas historias de menores que están en situación de abandono social”, aseguró Ana y marcó que “se trata de una criminalidad generada por condiciones sociales”. Entre otras problemáticas, mencionó las adicciones como un “gran problema” y los “prácticamente inexistentes lugares de recuperación”.
Su mirada no difiere a la que el Cali pregonaba con convicción desde que iba al secundario, en el EPET 8; que después trasladó a las aulas de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y sostuvo en los comedores barriales de General Roca, donde también militó junto al Movimiento Ni Un Pibe Menos por la Droga. “Juan era una persona que en el día a día pensaba que estas cosas se podían cambiar, que hay que actuar antes para aquel que no tiene la oportunidad, los medios o la contención”, contó su mamá.
El reclamo por justicia, de igual forma, es algo vigente para la familia y su entorno. “¿Para qué sirve tener una condena?”, se preguntó y respondió: “Para poder saber que nosotros hicimos todo lo posible para lograr lo más que se podía lograr”. Y aclara -en un 2025 que empieza con un proyecto para bajar la edad de imputabilidad-: “No soy una persona que esté a favor de la pena de muerte. Lo que queremos no lo podemos tener. Yo lo que quisiera es que mi hijo esté acá. Y eso no me lo va a dar nada, nada lo va a traer de nuevo a Juan”.
Así, puso de manifiesto el daño que el hecho causó “a la familia, a los compañeros de Juan, a los compañeros de militancia, de trabajo, a los amigos, al barrio”. Y precisó que en La Sirena “hay una pena y un dolor que no se llega ni a dimensionar” y que el asesinato “ha sembrado mucho temor en el barrio” porque “no hubo motivo para matarlo de la manera en que lo mataron”.
“El reclamo es que haya una pena adecuada”
Por ser menores de edad, los responsables del asesinato están bajo un régimen de Libertad Asistida en el que deben respetar pautas y cumplir con tratamientos, según lo establece la ley 2302 sancionada en 1999. Al cumplirse un año, en mayo próximo, se evaluarán las conductas y, de acuerdo a eso, pueden ser condenados a prisión.
“A mi criterio personal no está bien trabajada la asunción de responsabilidad ni la magnitud del hecho. Entonces, eso hace que a veces los autores tengan una posición poco empática y, en algunos casos, de soberbia”, consideró Federico Egea, el abogado de la familia, quien señaló que el reclamo “es obviamente de reparación y que haya una pena adecuada para el daño que sufrieron”. Y aclaró que “es un reclamo de legalidad, no tanto de justicia, porque la verdad es que lo que les pasó es algo que no se puede reparar en términos morales, ni éticos, ni en términos vivenciales”.
En sintonía, Jorge Caliani marcó que si el tratamiento no se realizó de forma adecuada, “podemos estar poniendo en la calle, de nuevo, a dos asesinos en condiciones de volver a asesinar”. “Porque conviven diariamente con nosotros. Nosotros conocemos las caras de ellos, pero los demás no”, sostuvo.
Egea resaltó que “nunca recibí instrucciones de la familia ni ninguna percepción tendiente a que no se ejecute alguna parte del programa" y destacó: "Ha habido una gran apertura y es remarcable porque es un hecho gravísimo que los va a atravesar toda la vida y, pese a eso, han tenido consideración para con los autores. Nunca se opusieron a nada que haga a lo que, eventualmente, sea su resocialización”.
La encrucijada se presenta también en Vaca Muerta: ¿Cuál es la resocialización posible en una provincia con crisis carcelaria?
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