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Por la pandemia, un sindicalista renunció a todo y se fue a vivir al medio del campo

Hasta el 2020 fue el Secretario general del gremio de los trenes. Cambió totalmente su vida y se radicó en Cayanta, una localidad entre Andacollo y Las Ovejas.

Panteleon Huanque repite una y otra vez que es un atrevido. La pandemia le dio el último empujón para cambiar totalmente su estilo de vida: de hipertenso y sindicalista en la capital de la Provincia a deportista y jubilado en Cayanta. En medio de esas dos vidas, no solo perdió en seis meses a su compañera, sino que dejó de lado el “poder y la plata” para reencontrarse con la naturaleza a sus 58 años.

“Todo el que me conoció y me ve dónde estoy viviendo, no lo puede creer”, aseguró Panteleon que en los últimos ocho años fue el Secretario gremial de trenes la Fraternidad. Ganó cuatro elecciones consecutivas, fue parte del proyecto del Tren del Valle que unió primero Neuquén con Cipolletti y luego la ampliación a Plottier, y formó una escuela en la que 80 neuquinos buscaron ser conductores.

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Toda una vida dedicada a los trenes. A los 20 años había ingresado a la carrera de conductores en Bahía Blanca y trabajó en varias provincias hasta que en 1987 volvió a Neuquén, su ciudad natal. “Cinco años después, Menem me echó”, dijo, al explicar que las privatizaciones que se llevaron a cabo durante la década del 90 “destrozó” el sector.

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Seis años de desempleo y changas, hasta que logró volver a conducir trenes. En paralelo, presidió la comisión vecinal del barrio Confluencia, en donde comenzó a gestar el “gen” político y en 2012 se presentó a su primera elección dentro de la Fraternidad.

Durante su gestión, más allá de los logros gremiales que se basaron en la creación de puestos de trabajo, consiguió “mucho confort”. Oficina con aire acondicionado, exposición pública, un buen sueldo y orgulloso de lo que había conseguido para sus representados. Hasta que, de un momento a otro, en 2018 “todo se desplomó”.

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El médico le había diagnosticado a su esposa un cáncer terminal y en solo seis meses, esta enfermedad se llevó a su compañera. “Fueron seis meses de mucho sufrimiento, de mucho dolor. De acompañarla, de estar ahí, de sufrir juntos y de verla partir. Pero de verla morir, sufriendo, ¿vos sabés lo que fue eso?”, recordó con dolor.

Aseguró que en esos días había ingresado en un estado de depresión. Sintió que no iba a “poder soportarlo”, pero intentó cambiar conductas e invertir tiempo y energías en él mismo.

Tras dos años de sesiones con psicólogos, logró perder 70 kilos en febrero del 2020. Fue a partir de un baypass gástrico, que se lo realizó a días de que se reporte el primer caso positivo de COVID en Neuquén: “De suerte que me llegué a operar y dejé de tener varias enfermedades preexistentes. Me vino bien”.

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Siguió preguntándose qué estilo de vida quería y la opción de llevar a cabo el sueño que tenía con su esposa, empezó a ganar protagonismo. “Ella era de Cayanta, tenía un terreno ahí y habíamos comenzado a construir una casita, pero no avanzamos mucho”, aseguró.

La cuarentena avanzó durante los meses del 2020 y los despidos llegaron a la empresa de transporte. Ahí Panteleon aseguró haber tomado una decisión por sus compañeros: “Prefería irme yo, que ya había hecho una carrera larga y dejar mi lugar a los más jóvenes”.

Y así fue. Renunció en octubre del 2020, en plena primera ola de COVID. Panteleon decidió irse de Neuquén capital a una casa en Cayanta a medio terminar. Dejó los trenes y comenzó con la construcción.

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“No fue solo el cambio de vida que me encanta, sino que volví a empezar. Acá no me conocía nadie. Me animé a salir de Neuquén y me convertí en un nuevo vecino en medio de una pandemia que genera más desconfianza”, describió.

En ese desconocimiento, Panteleon reconoció que estuvo en un estado profundo de soledad. Se reencontró con sus intereses, paró el tiempo y volvió a barajar. Supo que eligió “correctamente” la naturaleza antes que el ruido y en este estado, conoció una nueva compañera y confirmó que “está viviendo otra vida”.

“No me arrepiento de nada”, dice, ahora. Tampoco “envidia” ninguno de los “vicios” de la vida anterior y cree que el tren y el sindicalismo lo formó como persona. “Los valores los tengo intactos y siempre trabajé por y para mis compañeros”, contó.

El Panteleon de este mayo del 2021 le diría a aquel hombre deprimido y difunto del 2017 que se “atreva”: “Es que esa decisión, que me hizo patear el tablero, fue atrevida. Lo sé. Pero hubo un proceso hasta llegar acá y sin ese impulso me hubiera quedado encerrado en la ciudad en medio de esta pandemia que parece jamás terminar”.

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Envió fotos de su nueva vista, lejos de los edificios y cerca de las montañas, y ahora quiere seguir construyendo el Norte neuquino. Observó muchas necesidades y piensa en algunos proyectos. “Ya me reuní con intendentes y la idea es seguir generando soluciones para los vecinos”, aseguró.

A sus 58 años, nunca se imaginó esta vida, pero está convencido de que es la que elige ahora. Lejos del virus y cerca del “aire puro”. “Invitaría a todos para que prueben cómo es amanecer en este lugar y estoy convencido de que todos harían lo mismo que yo”, concluyó.

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