Por qué la crianza con apego no resulta ser tan positiva

El vínculo emocional está perfecto, pero su extremismo traería problemas.

La crianza con apego (attachment parenting, en inglés) tiene cada vez más adeptos pero, al mismo tiempo, también crece la cantidad de críticas a esta la filosofía impulsada por el pediatra William Sears. Esta corriente tiene como principio básico un fuerte vínculo emocional de la madre y el padre con el bebé. Como consecuencia, se supone que los chicos serán más seguros y confiarán más en sí mismos durante la adultez. Entre las críticas, algunas de las afirmaciones sostienen que el apego esclaviza a la madre, genera pérdida de espacios personales en los adultos e incluso daña gravemente la intimidad de la pareja.

La psicóloga especializada en maternidad y crianza, Marisa Russomando, afirmó que las consecuencias negativas pueden darse cuando el apego se realiza de manera “extrema” ya que, en realidad, “apego es entrar en un contacto y en un vínculo íntimo con tu hijo”. Profundizando el concepto, aseguró: “La crianza basada en el apego tiene que ver con una respuesta total a la demanda de los hijos. Lo que sabemos es que los chicos tienen una demanda que es absoluta. Por un lado, es imposible responder a todo y, por otro lado, no es saludable para los chicos porque los tienen que crecer viendo a sus padres interesados en otras cuestiones que no sean solamente ellos”, afirmó.

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La profesional destacó que cuando “los chicos son el centro único de la vida de los adultos de la familia” aparecen las dificultades. “Los chicos necesitan crecer en contacto con cierto vacío entre lo que piden y la respuesta a eso, con cierta frustración, no todo lo que se pide se logra”, aseguró. Las consecuencias de esta corriente pueden ser “chicos -y en el futuro, adultos- con baja tolerancia a la frustración, poca capacidad de espera, poco valor por lo que los otros pueden darle y un egoísmo extremo, porque al haber sido el centro del universo familiar después es muy difícil considerar al otro”.

La especialista resaltó que “tener amigos, tener hobbies, hacer deportes o tener otros intereses es enriquecedor”, tanto para los papás y mamás como para los niños. De lo contrario, “los padres, de alguna manera, terminan siendo esclavos de sus hijos. Son esos papás que les resulta difícil tener una vida más allá de la vida familiar”, explicó.

En tanto a la pérdida de espacios personales, Russomando dijo: “Ese no es el riesgo más complicado porque, estaría del lado de los adultos, que tal vez lo eligen”. “El tema es cuando los chicos controlan y deciden todo lo que sucede en la vida familiar: qué se come, qué se mira en televisión, etc. Esto es absolutamente contradictorio con la idea de la infancia: los chicos necesitan que los papás asuman ese lugar”.

Las críticas más fuertes: este modo esclaviza a la mujer y daña la intimidad de la pareja.

El nacimiento de esta corriente

La teoría del apego, que le dio sentido a esta forma de criar a los niños, fue desarrollada a mediados del siglo pasado por el psicólogo británico John Bowly. Según él, los niños necesitan desarrollar lazos con sus padres, quienes deben atenderlo constantemente para no experimentar angustia o estrés y sentirse seguros emocionalmente. Este británico, al igual que muchos niños de clase media británica, fue criado por diferentes niñeras y veía poco a sus padres durante su infancia.

El pediatra contemporáneo William Sears adoptó estas argumentaciones y las potenció en su libro The Baby Book(El libro del bebé) en 1990.

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