Hay políticas que deben ser complementarias. No sirve de nada atravesar con ciclovías Neuquén y toda la región si no se va a poder brindar un servicio de seguridad para las personas que utilicen este medio de transporte.
No es nuevo el dato de que los ciclistas son blanco de la delincuencia. Situación que se agravó cuando se fue avanzando de fase en la pandemia y subirse a la bicicleta para pedalear se convirtió en un actividad tanto física como terapéutica.
Los delincuentes observaron en este fenómeno una gran oportunidad. Las bicisendas son tierra de nadie y hay sectores más riesgosos que otros, por lo que con un arma y una camioneta tranquilamente levantaban un par de bicicletas y luego las comercializaban en las redes sociales.
“Fue de terror, nos gritaban y agitaban el arma. Nunca pensé que podía pasarme algo así. A mi marido, que está operado del corazón, se la apoyaron en el pecho y yo salté hacia la ruta. Por poco no me atropellan”, relató Mariela Ruiz, de 51 años.
Mariela y su esposo transitaban lo que debería ser el cruce más seguro para los ciclistas, el puente carretero que une Neuquén con Cipolletti. En ambos extremos está la policía caminera neuquina y rionegrina. Lo cierto es que justamente desde abajo, delincuentes armados emergen a punta de pistola sorprendiendo a sus víctimas y luego se arrojan con gran audacia para escapara a todo pedal por Costa Norte, que está a la vera del río Neuquén.
Ahora la pregunta es simple: ¿tanto cuesta que las camineras se pongan de acuerdo para brindar seguridad en la zona? ¿Tan difícil puede ser controlar 250 metros?


