Qué es el síndrome vestibular canino

A raíz de esta enfermedad, el perro pierde la orientación espacial y el equilibrio de su cuerpo.

El sistema vestibular es el encargado de procesar la información sensorial relacionada con el equilibrio y la orientación espacial, dando cuenta de una representación física de la cabeza en relación al suelo. Cuando este funcionamiento del sistema nervioso de nuestra mascota se ve afectado, está sufriendo el síndrome vestibular.

Esta afección se divide en dos y puede estar relacionada con el sistema nervioso central de nuestra mascota o con su sistema periférico. Las causas pueden ser muchas, siendo la más común la infección del oído canino, que puede llegar a ocurrir si somos maniáticos de la limpieza de sus orejas. También hay algunos medicamentos que colaboran fuertemente con la aparición de la presente afección, como pueden ser los aminoglucósidos. Incluso la causa del síndrome vestibular está relacionada con la vida de cada animal, vinculada a su tamaño o edad.

Primeros síntomas: La inclinación de la cabeza, la merma para moverse, el babeo excesivo y los vómitos.

La inclinación de la cabeza es la muestra de la presente enfermedad, la cual está acompañada por otros síntomas como la fuerte pérdida de la coordinación, la incapacidad para realizar determinados movimientos y una merma en su capacidad para moverse, teniendo una dificultad de orientación espacio-temporal. Luego aparecen el babeo excesivo, el malestar físico general y los vómitos. Un perro que da vueltas, que tambalea o hace movimientos involuntarios sumamente notorios, es un animal que sin lugar a dudas está sufriendo de enfermedad vestibular.

Para tratar esta afección, lo primero que hay que hacer es ir al veterinario, quien guiará la solución con medicamentos y terapias de apoyo. Para contrarrestar los vómitos, hay remedios contra el mareo, que harán que el perro encuentre una estabilidad determinada y disminuyan sus ganas de expulsar.

El tratamiento adecuado por Sergio Gómez (veterinario)

El síndrome vestibular en el perro puede ser congénito o adquirido. El primero afecta a cachorros de hasta tres meses de edad, principalmente a razas como el Ovejero Alemán, Doberman y Cocker; mientras que el segundo es más común en perros adultos mayores a ocho años, que afecta principalmente a las razas medianas y grandes. En ambos casos el animal se muestra desorientado, al estar parado no mantiene el equilibrio, inclina la cabeza y tiene movimientos irregulares de los ojos. Puede también tener vómitos.

Si bien el pronóstico es favorable, es necesario recurrir al veterinario para realizar un correcto diagnóstico y tratamiento, el cual depende de la gravedad del cuadro e incluye sedación, administración de fluidos endovenosos para rehidratar y medicación para los vómitos. Es aconsejable restringir la actividad física.

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