“Tras su manto de neblinas, no las hemos de olvidar. ‘Las Malvinas, Argentinas’, clama el viento y ruge el mar”. La marcha malvinera fue interpretada y cantada una y otra vez este sábado por la tarde en el Bajo neuquino, con la emoción a flor de piel.
El homenaje a los veteranos de la guerra de 1982, que llegaron de todo el país a Neuquén para la ocasión, fue un hecho histórico en las últimas cuatro décadas. La familia, sin distinción de edades ni de barrios, les dio el caluroso abrazo, con aplausos y ¡viva la patria!, a aquellos jóvenes hombres y mujeres que regresaron casi entre las sombras allá en los inicios de los 80.
El acto, que organizó el Municipio y la Provincia, puso un tremendo hito al cumpleaños 118 de la ciudad, festejo al que aún le faltan actividades como la continuidad de la Feria del Libro y alguna que otra inauguración –porque de esas hay de todo–.
Algún distraído o quejoso de este país sumergido en la grieta y la indiferencia seguro reclamó por el caos de tránsito que derivó del operativo por el desfile en las calles Mitre y Sarmiento.
Grieta que sigue siendo “negocio” para muchos y que han desencadenado escenas impensadas como el ataque a la vicepresidenta, del que muchos dudan y hablan de pantomima.
Esa grieta que alimenta la violencia, esa que está cada vez más presente en las escuelas neuquinas y que registra episodios preocupantes como la presencia de un alumno “armado” en la puerta de un colegio.
O la grieta cada vez más latente, que lleva a más del 50% de la población a niveles de pobreza, y aunque todos digan que hacen algo por el bienestar de los carenciados, muchas veces se quedan con algunas monedas “de vuelto”.
Ya es hora de que la neblina se disipe y de que no olvidemos de que somos todos argentinos.
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