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¿Qué pasa con la economía boliviana?

A fines de los ’80 y durante los ’90 Bolivia aplicó a rajatabla las políticas del Consenso de Washington las que, previsiblemente, llevaron al empobrecimiento generalizado y a las sucesivas “guerras” del agua y del gas. La administración de Evo Morales fue un emergente superador que llevó a que la economía creciera en los últimos cuatro años más que en las últimas tres décadas.

Por Humberto Zambon

La historia económica contemporánea de Bolivia es muy interesante y con cierto paralelismo con la argentina.
En 1985 se aprobó un “Plan de ajuste y estabilización estructural” con el que comenzó un proceso de incorporación al modelo neoliberal que venía convirtiéndose en el pensamiento único universal, subordinando la actividad económica al capital financiero. Se aprobó así un plan de disciplina fiscal, reforma tributaria, liberalización de la tasa de interés y apertura económica. En 1987 esta apertura  avanzó con la incorporación al GATT (acuerdo internacional para lograr el libre comercio y que más tarde se denominaría Organización Mundial del Comercio) y luego, a partir de 1991, se aprobaron las privatizaciones de las empresas estatales, incluida la desnacionalización de los hidrocarburos y la desregulación de las inversiones extranjeras, siguiendo en forma fiel el libreto elaborado por el “Consenso de Washington”. Finalmente, en 1996, se privatizó también el sistema jubilatorio de reparto, convirtiéndolo en uno de capitalización individual.

Del mejor alumno a las guerras

Según el informe del BID conocido en 2001, Bolivia tenía el discutido honor de disponer del mejor índice de reformas estructurales entre todos los países sudamericanos.
El resultado de la política neoliberal en Bolivia, como no podía ser de otra forma, fue muy similar a la experiencia argentina. Cuando comenzó el nuevo milenio, la pobreza alcanzaba al 66,4% de la población y la indigencia al 45,2%, con una distribución del ingreso totalmente inequitativa: el 10% más rico percibía el 45% del total y el 10% más pobre apenas alcanzaba al 1%; el índice de Gini (cuya escala va desde 0 para la total equidad hasta 1, que representa la máxima inequidad) era del 0,57.
El descontento social se manifestó en protestas de gran intensidad, comenzando con  lo que se llamó “la guerra del agua” en el año 2000, contra la privatización de ese servicio; posteriormente se dio la “guerra del gas” contra la exportación de ese recurso a Estados Unidos por puertos chilenos, que finalizó con la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez Losada y su reemplazo por García Mesa, que también cayó a raíz de la “segunda guerra del gas”, que exigía la renacionalización de los hidrocarburos.  Las elecciones anticipadas del 2005 fueron ganadas por Evo Morales-García Linera con el 53,7% de los votos.

Indígena vs. oligárquico

Evo Morales encabeza un movimiento social con gran respaldo de la mayoría de la población, que son descendientes de los pueblos originarios, con fuerte presencia de las culturas aymará (donde él procede) y quechua y también guaraní en el oriente. Sus banderas fueron dos: llamado a una asamblea constituyente y nacionalización de los recursos naturales. Pero la tarea no era fácil ya que, como dice García Linera, vicepresidente y principal teórico del movimiento, en Bolivia se daba un cuasi empate entre dos grandes bloques: el indígena-plebeyo del oeste y el oligárquico-empresarial del oriente rico. Inclusive se planteó, en determinado momento, la posible secesión del sector moderno y desarrollado de las tierras bajas y fértiles del este aun a costa de una guerra civil, secesión que abortó debido a la movilización popular y a la actitud decidida de los demás países sudamericanos de rechazar de plano esa posibilidad. La salida es un pacto implícito entre ambos bloques, de reconocimiento de las mayorías y de sus justos reclamos, por una parte, mientras se avanza sin medidas extremas y de acuerdo a las posibilidades que da la correlación de fuerzas, por la otra.

Nacionalizaciones y constitución

Los dos primeros objetivos se cumplieron: En el año 2004 se nacionalizaron los hidrocarburos y, por otra parte, el 25 de enero de 2009 se aprobó la nueva Constitución con más del 61% de los votos populares, luego de múltiples avatares y obstáculos permanentes que ponía el bloque minoritario y del que dio cuenta la prensa cotidiana.
La nueva Constitución reconoce como formas de organización económicas la comunitaria, la estatal, la privada y la social cooperativa, aclarando que la primera, la economía social comunitaria, basada en los principios y visión de los pueblos originarios, es reconocida, protegida y promovida por el Estado. Esta se basa en el “ayllu”, nombre que se le da a la estructura comunal aymará, y el objetivo gubernamental  actual es, con la incorporación de técnicas adecuadas e inyección de fondos financieros, lograr un proceso de modernización productiva que, sin tergiversar sus  valores y principios, permita superar el nivel de subsistencia y haga posible la elevación del nivel de vida de sus habitantes.
Con la nacionalización de los hidrocarburos, el ingreso del Estado por su participación en este campo pasó del 5,6% al 25,7% del PIB, que, además, es muy superior al inicial. Con esos recursos adicionales el gobierno de Evo Morales, al igual que el argentino, aumentó las reservas de divisas y disminuyó la abultada deuda externa hasta llegar al actual 35% del PIB, lo que le da independencia económica como país.  Mientras tanto se dio prioridad al aspecto social: plan de alfabetización, ayuda generalizada a los niños en edad escolar (2006), a los mayores de 60 años (2007), a las mujeres embarazadas y durante el período de lactancia (2009), tendiente a disminuir la alta tasa de mortandad materno-infantil, y un  Plan Vida, para erradicar la extrema pobreza.
A pesar de lo realizado queda mucho por hacer. Por ejemplo, está pendiente la reforma agraria; por ahora, y con gran escándalo de los privilegiados y de la prensa mundial, solamente se legisló sobre los latifundios improductivos, procurando que se aprovechen en forma colectiva las tierras ociosas. Queda pendiente también la industrialización local de los recursos naturales, como el litio y el gas.
De todas formas es mucho lo que se avanzó, tanto en lo social como en lo económico. En un artículo reciente (Realidad Económica N°261), Alfredo Serrano Mancilla y Valeria Mutuberría Lazarini sintetizan el panorama: “En los últimos cuatro años la economía boliviana creció más que en las últimas tres décadas”.

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