Qué vinos tomar en una mesa ligera y fresca

Con las comidas livianas típicas del verano, el cuerpo pide bebidas refrescantes y el vino no es la excepción. Te damos 18 buenas opciones para este maridaje.

Por Joaquín Hidalgo

Sea de vacaciones o con planes de vacaciones, la mesa en enero gana ligereza y frescura. Es razonable. Con los termómetros sin dar tregua y el ventilador ronroneando por las noches, cualquier comida que aporte frescura en vez de calorías es bienvenida. Y con las bebidas pasa lo mismo. Ahí donde el sol pone el asfalto a irradiar el verano, el cuerpo pide bebidas refrescantes. Desde un buen vaso de agua cada hora a una rica copa al caer la tarde. Así, en plan maridaje, en el verano coinciden nuevos horizontes de gusto que, siguiendo una dieta ligera, debería ir en algunas de estas direcciones.

Ensaladas verdes. Después de un día agobiante –solo es agobiante si no se está de vacaciones; de lo contrario el verano no agobia– una ensalada de verdes con tomates secos, queso de cabra y olivas negras, por ejemplo, puede ser una solución para irse a dormir y pasar una noche etérea al runrún del ventilador de techo. Pero para que la ensalada no sea un plato triste, acompañarla con una rica copa de vino blanco puede ser una idea perfecta. Un Sauvignon Blanc helado funciona diez puntos, como Doña Paula Estate (2018, $349) complejo y tropical, Andeluna 1300 (2018, $315) cítrico y nervioso, Casa Boher (2018, $360) para un sabor ligeramente ahumado.

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Ensaladas con carbohidratos. Pero si las hojas verdes no aportan mucho, una ensalada de cous cous o con pastas fría, puede ser mejor plan para recuperar fuerzas, por ejemplo, después de un día de pileta o playa. En el caso del cous cous, hecho tipo tabule con menta y acompañada de un queso duro, o bien una ensalada de tirabuzones y atún con cebolla morada, lo ideal es beber un Chardonnay ligeramente untuoso pero siempre fresco, como son: Tucumén (2018, $215) carnoso y fresco, Saurus (2018, $215) de rica frescura y textura, y Killka (2016, $230) de tensión lograda.

Gazpachos y sopas frías. Así como el café se bebe frío en verano, también las sopas van diez puntos. Y entre ellas, la mejor es el gazpacho que, dicho se de paso, con los tomates redondos de temporada queda espectacular. El truco con el gazpacho está en usar tomates maduros, con una pizca de vinagre aromático –ojalá de jerez–, además de los ingredientes tradicionales, gajo de pimiento, diente de ajo y aceite de oliva y miga de pan duro. Reposado unas horas en la heladera para servirlo helado, es un plato delicioso y nutritivo para beber con rosados como estos: Amalaya Rosé (2018, $220), Santa Julia Rosé (2018, %160) y Domaine Altuosur Rosé (2018, $275).

Carnes rojas frías. Entre las grandes delicias del verano se cuenta el asado frío. Es verdad, se transpiró duro haciéndolo –mejor por la noche–, pero al día siguiente quedó un pechito de cerdo con limón o un vacío para filetear y servir con un tomate partido al medio, sal y orégano o verdeo. En este caso, pueden funcionar bien los blancos pero, un tinto ligero y frutado, es la opción perfecta. Mejor si se lo refresca un poco. Así son: Kadabra Malbec (2016, $120) bien frutado, Domaine Bousquet Orgánico (2018, $269) y Durigutti (2017, $300).

Carnes blancas frías. Todo el mundo sabe que la pechuga de pollo –incluso de un pollo orgánico o de granja– es el plato más aburrido del mundo. Sin embargo, a la hora de ahorrarnos unos cuantos grados en la cocina, puede ser una opción indicada. ¿Cómo? En el caso de la pechuga se la corta en tiritas y se la saltea con morrón y ajo y, si se prefiere, con una pizca de curry. Así se guarda en la heladera y luego se monta en sándwiches, ensaladas o fajitas, apenas entibiado si hace falta en el microondas. En este caso, lo que mejor funciona como copa, son los blancos chispeantes de acidez, como estos: Chakana Nuna Estate White Blend (2018, $280), Nieto Senetiner White Blend (2018, $300) y el nuevo Famiglia Bianchi White Blend (2018, $360).

Picaditas. Las reinas de la tarde noche en el verano son las picadas: con chorizo de campo, solomillo, bondiola o pavita, ojalá un buen jamón crudo, acompañado de unos dados de gouda, triángulos de fontina o gruyer, una cuña de queso brie. ¿Olivas? Claro que sí. Sólo falta una buena copa para cumplir la fantasía completa, sea en el jardín, la playa o la terraza. Y esos vinos de amplia cintura para todos esos sabores resultan los 18 recomendados hasta aquí.

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